Euroliga

El Madrid abate al ogro y le peleará la Décima a Obradovic

Autor: REDACCIÓN

2018-05-19 01:55:22

DEPORTES

El CSKA salió en tromba con Higgins imparable, pero un parcial de 4-17 en 2:50 lo cambió todo. Gran actuación colectiva de los blancos que jugarán la final contra el Fenerbahçe.


¿Qué posibilidades tiene un equipo de colarse en la final de la Euroliga sin contar con su mejor jugador durante casi nueve meses? En este caso, no uno cualquiera, sino el más carismático, el MVP del curso anterior. Y además esa plantilla añade nuevas bajas hasta elevar la cuenta de ausencias a 249 partidos. La respuesta es muy pocas o ninguna. Pues bien, ese equipo es el Real Madrid, y ese equipo se ha vuelto a meter contra viento y marea en la final de la Copa de Europa, la decimoctava de su historia, más que nadie, la cuarta en los últimos seis años con Pablo Laso en el banquillo.

Va a tumba abierta a por la gloria, a la caza de la Décima, a celebrar un triunfo fuera de España 38 años después (Berlín 80) tras ganar en Zaragoza 1995 y Madrid 2015. Con el técnico vitoriano el Real lleva 16 finales de Liga, Copa y Euroliga de 20 posibles. Una regularidad demoledora, de la que ni siquiera le ha podido sacar de rueda una plaga bíblica de lesiones. Lo ha vuelto a hacer en el curso más complicado y frente al rival más difícil, el favorito, el mejor de la fase regular del todos contra todos, el equipo más rico fuera de la NBA... El ogro feroz de la historia blanca, el adversario que más le había golpeado en el Viejo Continente (19-28 es el balance ahora). En el Stark Arena vivimos la revancha del 69, sin aquel gigante, Andreiev, pero con De Colo, Higgins y el Chacho, cuña de tu misma madera, la que podía hacerle más daño. Un triunfo memorable con Doncic, Llull, Causeur, Thompkins y Ayón a un gran nivel. Y con muchas manos sumando, desde Carroll a Rudy pasando por Tavares. Venció el bloque: 20 asistencias y 104 de valoración.

Laso había sorprendido de inicio con Reyes de titular, que hace un año no jugó ni un minuto, y con Campazzo, de vuelta tras casi dos meses fuera. El base fue a por el Chacho, que alzó las manos para reclamar falta en la primera acción. Para echarle los árbitros encima al Facu. Sumó cinco puntos el canario entonces, pero sobre todo dejó espacio para Higgins, que se desató en el uno contra uno. Un triple, un 2 1, un matazo sobre Ayón y una entrada con Taylor impotente. Rudy a pista. Pero entraba también De Colo, su impulso (qué jugador) y un triple sobre la bocina de Clyburn cerraban el acto con un marcador en plena crecida, nada que ver con la primera semifinal: 30-20.

Cinco triples en 2:50

En Moscú, en la fase regular, había sido 33-11. Un patrón parecido, aunque de distinta magnitud. Y como entonces hubo reacción blanca, pero de una efervescencia incontrolable, de lo más espectacular del curso. En apenas 2:50 soltó cinco latigazos en forma de triple para sellar un parcial de 4-17. A la afición del Fenerbahçe, en ese momento neutral, no se le iba el 'oh' de la boca: 34-37. Sobre el parqué, Llull, Carroll, Causeur, Thompkins y Randolph. Tres minutos de sequía y Carroll acertaba con su tercer triple del cuarto, el sexto del equipo. Llull y Thompkins despedían la primera parte: 46-47. Solo uno arriba por la diferencia en los tiros libres (13/13 frente a 6/12 entonces).

La ofensiva inicial del ejército rojo estaba neutralizada con una maniobra tan rápida que descolocó a sus tropas. Ahí estaba el billete a la final. En la reanudación, Higgins, ahora sí, sufría con el marcaje de Causeur, y el Chacho con el de Taylor. Clyburn erraba varios lanzamientos y Reyes y Ayón cargaban por dentro, eran superiores al poste y creaban espacio para que Causeur y Doncic la clavaran de tres: 51-60.

“¡Cómo no te voy a querer...!”

Itoudis y los suyos torcieron el gesto, no era un bloque pétreo, sino un manojo de nervios. Los mismos fantasmas de siempre, la piel en carne viva de pellizcarse. Los continuos errores blancos desde la personal, exactamente catorce, eran el principal aliado moscovita. La brecha se abrió hasta los doce puntos (61-73) y Clyburn sacó hilo para suturarla, no pudo. De Colo tampoco. La afición madridista era escasa pero ruidosa, lo dio todo y se hizo con el control del pabellón: “¡Cómo no te voy a querer…!”. El domingo será otra historia, la de una nueva final. El Madrid llama otra vez a la puerta. Habrá Décima, o del Real o de Obradovic.

NAYARIT

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