Partido sin estructura

La autopsia del PRI

Autor: Samuel Palma

2018-11-03 21:28:40

NACIONAL

"El PRI se convirtió en una agencia electoral", advierte una comisión de 46 militantes distinguidos del tricolor después de consultar, durante dos meses, a miles de militantes en todo el país


Un partido sin estructura, sin identidad ideológica, sin discurso, sin candidatos atractivos y dañados por malos gobiernos y escándalos de corrupción. Así se define el PRI a sí mismo en el diagnóstico elaborado por una comisión de priistas distinguidos.

"El PRI se convirtió en una agencia electoral", advierte una comisión de 46 militantes distinguidos del tricolor después de consultar, durante dos meses, a miles de militantes en todo el país. Autorizada por el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, la comisión recabó más de seis mil opiniones sobre las causas de la derrota del 1 de julio, y presentó sus conclusiones el pasado 19 de octubre ante el Consejo Político Nacional.

En el documento, ya en poder de la lideresa Claudia Ruiz Massieu y demás miembros de la cúpula partidista, se advierte sobre la existencia de un partido que extravió el rumbo durante el sexenio en el que regresó al poder.


Éste es el PRI, según el PRI.

Introducción

El análisis descalifica el modelo de operación o gestión partidista en la elección de 2018.

Sólo en 5 por ciento de los distritos electorales federales el PRI obtuvo el triunfo (15 de 300). De 9 mil secciones que siempre habían votado a favor del partido, sólo se ganó en mil.

El PRI no se sintió representado por el PRI, y muchos de sus potenciales electores sufragaron por otras opciones.

Estructura

La vida interna del partido estuvo fracturada. Nuestra estructura se encontró desmantelada: Comités Seccionales sin actividad ni presencia, Comités Municipales, Estatales y Órganos de Gobierno que no se encontraban vigentes. Ausencia de delegados del CEN en los estados, nombramientos inapropiados, a destiempo, o designaciones que operaron de forma tal que escindieron a los grupos locales, contribuyendo a un mapa complejo de problemas y entendimiento en los Comités Estatales.

Se exportó a las regiones pugnas nacionales de grupos o figuras. Las luchas entre las cabezas se convierten en guerras, muchas veces irreconciliables, entre sus leales.

La estructura sectorial, que debe combinarse con la territorial, no encontró la conexión deseada; igual pasó con la organización de Mujeres, la de Jóvenes, la Fundación Colosio, el Instituto Jesús Reyes Heroles, Red Jóvenes X México, Movimiento PRI.mx, y demás instancias de participación.

La operación del partido, que atraviesa por una organización formal, careció de una vertebración adecuada. Se puede decir que el partido, como organización, estuvo desmembrado. La militancia, por lo tanto, no tuvo las condiciones de incidencia regular en la vida interna del partido; la tradición de un PRI con carreteras y correas amplias para brindar afluentes de participación y suma a sus integrantes, quedó escindida.


Esfuerzos relevantes de instancias o de acción individual fueron infructuosas por la falta de organicidad en el interior, desperdiciándose valiosas contribuciones.

Candidatos y alianzas

En esa grave situación, fueron concomitantes otros problemas, como el de las postulaciones. Sucedió, en muchos casos, lo que advirtió Colosio: "que los primeros sorprendidos al conocer las listas de candidatos no seamos los propios priistas". Pero la militancia fue sorprendida y sustituida por candidatos de dudosa trayectoria y prestigio, a pesar de honrosas excepciones.

La política de alianzas resultó confusa y diseñada al margen de una estrategia de rendimiento electoral; alianzas que se cayeron, otras que se conservaron en lo nacional pero que caminaron por vías distintas en lo local; así, nuestros aliados eran al mismo tiempo nuestros competidores, conformándose una maraña de difícil explicación para orientar a nuestros votantes.

Postulamos, en muchas ocasiones, a quienes agraviaban o generaban indignación a los nuestros. La mística para promover el voto y construir estructuras electorales quedó derrotada y, lo que es peor, sujeta a las interpretaciones más osadas para denunciar negociaciones aviesas o de entrega del partido. Versiones que tenían visos de verdad y que significaban una derrota moral.

La canalización de recursos para apoyar las estructuras electorales y de promoción del voto, en el mejor de los casos fue incompleta, y en otras ocasiones estuvo ausente.

Programa

El partido-programa también fue derrotado, pues se careció de un discurso y de una propuesta articulada para los distintos espacios de la acción partidista y de los candidatos.

A pesar de que veníamos de una Asamblea Nacional que actualizó, afianzó principios, que diseñó programas y propuestas, el discurso en las campañas fue disperso y aún contradictorio entre los diferentes candidatos. Se presentó una especie de anarquía programática que, en una miscelánea de propuestas, diluyó la idea de un partido con un sistema de ideas, es decir una ideología.

En síntesis, el partido derivó en una especie de Agencia Electoral. La organización política compuesta por sectores, organizaciones, ciudadanas y ciudadanos que coinciden en sus postulados y que lucha por el poder político, de conformidad con los programas, principios e ideas que establece, fue derrotado políticamente antes de ser derrotado electoralmente.

Desde el punto de vista de la vida interna del partido, la premisa no es por qué perdimos, ésa tiene una clara respuesta. Debíamos decir: cómo pensábamos que íbamos a ganar. Quienes creíamos en el triunfo tuvimos como sustento una visión afectiva o aspiracional.

Cierto, el partido nacional fue sustituido por una Agencia Electoral que olvidó a una gran clase política, desplazada por el dominio de grupos reducidos a la manera de camarillas. En buena parte, por eso perdimos, pero existen otras causas.

Incomprensión del momento

La incomprensión del partido respecto de una nueva etapa de competencia y de alternancia en el poder derivada de las reformas electorales.

El PRI fue un partido que predominó apoyado en un sistema hegemónico. Las reformas políticas fueron replanteando esa condición, especialmente la de 1996, que declaró a los partidos entidades de interés público, regulados por instancias autónomas, con un método jurisdiccional para calificar las elecciones, con financiamiento público y acceso a espacios gratuitos en medios de comunicación.

Pasamos de la hegemonía a la intensa competencia política sin una adecuación correspondiente a las nuevas condiciones, mientras los competidores mejoraban en sus posibilidades de participación.

En ese contexto, el PRI redujo su representación política en 1997 y obtuvo una derrota en el año 2000.

A pesar de ello, la primera fuerza territorial del país fue el PRI, buscó articularse y asumir reformas fundamentales como la de declararse en la línea de la socialdemocracia. Con esos rasgos, el PRI pudo regresar al poder con la contribución de un gran candidato: Enrique Peña Nieto.

No obstante, atrás había quedado el sistema de partido hegemónico. Todo indica que eso no lo advirtió el PRI que regresó al poder, pues pretendió reiterar prácticas que provenían de esa etapa. La relación del PRI con los gobiernos y de los gobiernos con el PRI da cuenta de ello.

Gobierno e identidad

Más que nunca, el PRI requería ser un instrumento del ejercicio del poder en torno de sus postulados políticos y éticos. Mostrar su identidad como partido, pues regresaba al poder en un contexto de intensa competencia, pluralidad y alternancia política, características casi ausentes o marginales en el pasado.

El PRI estaba llamado a innovar en la relación con sus gobiernos; desde luego, un papel distinto al de una oposición, pero sí un partido con estructura, programa e identidad fuertes, con capacidad para construir condiciones favorables para influir en el ejercicio del poder.

Cuando los gobiernos en el ámbito de las entidades federativas o de los municipios correspondían a otras fuerzas, el PRI no pocas veces fue un partido ausente, con posturas criticables o sin fuerza ni convicciones para ser oposición, lo cual tuvo explicaciones no pocas veces sustentadas en el otorgamiento de dádivas. Cierto o falso, no se descalificaron tales presunciones.

Tal situación contribuyó a la debilidad del partido. Su vida interna, de por sí diluida, sumó otro componente: su pérdida de identidad frente a los gobiernos.

Un excesivo cambio en las dirigencias del partido, especialmente del nacional, se explica en este marco. ¿Cómo fortalecer así al partido? ¿Cómo brindar continuidad a sus luchas, a su identidad? ¿Cómo hacerlo, cuando gran parte de su energía se canalizaba a nuevos acomodos de su dirigencia, recambios de sus secretarías y de sus programas de trabajo, sin que, en la contraparte, hubiese claridad en los motivos que lo causaban en la lógica de la militancia?

Contexto internacional

En el referente mundial, se encuentra claramente establecida una profunda crisis de los partidos políticos, la emergencia de candidatos antisistema y la aparición de gobiernos populistas de izquierda y de derecha. Sí, en el primer caso de un populismo vertical: las clases populares en contra de las clases privilegiadas; en el otro, un populismo horizontal, los de aquí contra los de fuera. En ambos casos, visiones maniqueas, una estrategia de división y contraposición y la sustitución de un discurso de razones, por la expresión de enunciados simplistas.

Emerge con ello un pretendido regreso de los nacionalismos dogmáticos y hostiles, el cierre de fronteras, el rechazo de los migrantes y de su concepción como riesgo nacional. Se presenta así un nuevo fenómeno: el autoritarismo democrático.

Brasil es la manifestación más reciente de ese proceso, pero ahí está Donald Trump, Italia con el movimiento 5 Stelle y España con Podemos, entre otros.

Contexto nacional

Es evidente el peso que tuvo la pérdida de aceptación de las administraciones de origen priista. El fenómeno de la mala calificación hacia nuestros gobiernos fue insistente. Junto con ello, los grandes problemas de inseguridad y los escándalos de corrupción acabaron por impactar a un partido en proceso declinante.

A la par que el PRI se desdibujaba en el ejercicio del poder, la oposición se dirigía a su reagrupación y consolidaba su presencia, también sus figuras y liderazgos, una de ellas con casi dos décadas de presencia constante.

Nueva articulación

El PRI, que en el pasado hizo de su hegemonía un instrumento para construir una vía para los grandes afanes democráticos y sociales del país, se quedó sin hegemonía, ni programas, ni discurso en la acción política.

Sin duda perdimos perspectiva. Todos somos culpables, más los que estuvieron al frente de los procesos y decisiones políticas, pero quienes no desempeñamos esa posición también somos corresponsables, porque de alguna manera consentimos y permitimos que eso sucediera o porque nuestra voz no fue lo suficientemente enfática para advertir los riesgos.

La democracia reitera oportunidades y estamos frente a una de ellas, el priismo así lo quiere, ahí están millones de votos que cifran una esperanza en nosotros.

Tal vez la necesaria articulación del PRI no sea ya como ocurrió con el PNR, que se dio desde lo nacional hasta lo local; es probable que ahora sea desde lo municipal hasta lo nacional; desde los espacios que se tienen y desde la expresión territorial concreta de los votos alcanzados.

Aun así, somos un partido nacional con grandes tareas que cumplir en el país. No hay duda, debemos ser factor en el equilibrio de los poderes; oposición clara con oficio político y fuerza en el debate; factor para evitar que caigamos en el "autoritarismo democrático".

Cierto, nosotros fuimos parte de un sistema hegemónico, pero a favor nuestro está que de él se derivó un régimen democrático, competitivo y con alternancia en el poder. Nos toca evitar que ahora el camino sea inverso: es decir, que vayamos de la democracia al autoritarismo.

El PRI tiene grandes tareas que emprender como oposición y en la lucha que brinda el calendario electoral para ganar posiciones de poder. El PRI, que ha sabido adecuar su organización para cumplir su papel en la construcción de la República, está llamado ahora a ponerse a tiempo en el nuevo tiempo.

A casi 90 años de su vida, hemos pasado por diferentes etapas: la del PNR como un partido de partidos, la del PRM con el rasgo de un partido de grandes confederaciones y centrales sindicales; la de un PRI con una estructura mixta, territorial y sectorial; finalmente, un partido que habiendo sido desplazado del poder lo pudo recuperar y después enfrentar la crisis de una nueva y dolorosa derrota.

En este momento ahí estamos. Nos corresponde evitar que la crisis sea fractura, que la crítica devenga en denostación, que ajustes intestinos nos extravíen. Tenemos grandes tareas por emprender y eso nos llama a una cultura de la responsabilidad con la institución.

La naturaleza del revés que tuvimos convoca a una nueva etapa, la de un partido que se renueve para una fase de competencia y alternancia con una sociedad distinta, con una socialización diferente y que demanda una profunda evolución en la forma de hacer política, que impulse la recuperación de la política y de la democracia como los mejores instrumentos para la transformación del país.

El PRI tiene una profunda capacidad de evolución que acredita su historia y que está a prueba en esta nueva cita.

Este texto fue leído por Samuel Palma, coordinador de la Comisión de Diagnóstico del Consejo Político Nacional del PRI, en la sesión del viernes 19 de octubre de 2018.


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