¿Resumidero universitario?

Autor: REDACCIÓN

2018-02-13 01:27:42

OPINION

Por Ernesto Acero C.


La Universidad bien puede ser resumidero de todos los males del mundo, y a pesar de eso, es lo mejor que tenemos los nayaritas. La Universidad Autónoma de Nayarit, el Tecnológico de Tepic, las Universidades Tecnológicas, la incipiente Universidad Politécnica, todas ellas son instituciones que merecen respaldo y un futuro promisorio. La educación no debe ser un juego. Es de lo más evidente que la Universidad está hundida en graves problemas. No se trata de una problemática únicamente en materia financiera. Las complicaciones de la máxima casa de estudios se manifiestan en diferentes planos. No obstante, el mayor problema de la UAN quizá radique en la ausencia de un análisis serio, que renuncie a la reiteración de lugares comunes como parte de las explicaciones. De nuevo conviene recordar la reflexión serena y desahogada de aquel viejo revolucionario que se apeó de su penco, al lado de la vereda, para orinar. Luego de haberse desahogado de la sobrecarga de sus riñones, el general observó que a su lado un perro empezó a ladrar y, para cuando ya se encontraba de nuevo en su montura, por todos lados se escuchaba ladrar a perros, parecían cientos de ellos salidos de la nada. Tras eso, el viejo general se dirigió a su asistente, a quien le dijo: “Mire compadre, en política pasa lo mismo que con los perros: ¡nomás el primer cabrón supo porque ladró!”. Sucede lo mismo con los lugares comunes que se repiten, una y otra vez, de manera incansable e insaciable, para “explicar” la situación que vive la Universidad. ¿A qué lugares comunes me refiero?: a esa lista de “razones” por las que la administración rectoral no paga a tiempo a sus trabajadores. Son lugares comunes que se tragan, se vomitan y vuelven a tragar (Proverbios, 26:11), son expresiones manidas, manoseadas hasta manar sangre. ¿Cómo cuáles?: Primero. Que la SEP no ha reconocido plazas docentes creadas por la Universidad. Segundo. El desastre en el que devino el Fondo de Pensiones. Tercero. El escaso subsidio que otorga el gobierno estatal. Cuarto. La presencia de “aviadores”. Quinto. La corrupción, fenómeno que en el apelativo “Juan López Salazar”, ya es lo mismo. Sexto. Otros (desde la estúpida explicación que parte de asegurar que un funcionario no firmó el cheque para la Universidad, hasta la teoría conspiratoria que supone una embestida internacional contra las universidades). Con esas peregrinas, sobadas y resobadas argumentaciones se intenta explicar un contexto universitario que sin duda requiere un análisis serio. No pretendo caer en la misma lógica que observo en los “sesudos” análisis que se lanzan generosamente al aire y menos intento proporcionar recetas de cocina. No es diciembre negro de 2018 la primera ocasión en la que la Universidad entra en zona de quiebra financiera. En 2014 ya se había registrado ese mismo fenómeno y el entonces rector Juan López nos salió con la “explicación” que implicaba a un funcionario de la SEP al parecer víctima de la disentería. Pocos recuerdan que ya en el año 2000, la UAN ya había entrado en franca bancarrota. Ese año, el entonces rector de la Universidad, Javier Castellón, gestionó recursos ante el gobierno que presidía Antonio Echevarría Domínguez, mimos que le fueron proporcionados, con lo que se conjuró la amenazada del primer diciembre negro. Esa historia la conocen bien el mismo don Toño Echevarría Domínguez, el Maestro Javier Castellón Fonseca, don Toño Simancas y Margarete Moeller Porraz. Creo que la problemática de la Universidad exige un esfuerzo por caracterizarla y no para caricaturizarla reduciéndola a recetas de cocina propias de la ilustre Chepina Peralta. La Universidad Autónoma de Nayarit no solamente es patrimonio de todos los nayaritas, sino que es la mayor de sus heredades. Por eso las “explicaciones” podridas resultan repulsivas, inaceptables. La sociedad nayarita no merece ni siquiera las “explicaciones gourmet” (voz engolada y la columna vertebral a 90 grados del horizonte). La sociedad nayarita, que no ha dejado de contribuir a la vida de la Universidad, merece explicaciones serias y respetuosas, para personas con más de dos dedos de frente. Entre las explicaciones que deben considerarse punto de partida, destacan las siguientes:  Vaciedad institucional. Ingratitud de quienes llegan por vías políticas a cargos políticos universitarios (se olvidan de sus compromisos originales).  La lógica endogámica. Se han cerrado al pueblo las puertas de la Universidad. En contraste, otras instituciones educativas del mundo se han comprometido en una ruta diferente.  La parálisis del análisis. Ausencia de un análisis riguroso del concepto y proyecto de universidad; algunos universitarios destacados (y marginados) lo han propuesto desde hace décadas. Claro que este es apenas un brevísimo esbozo de las razones de la catástrofe. Y a eso se suman los fenómenos que son su consecuencia. En ese río revuelto los oportunistas han hecho y deshecho con la universidad. Esto es, que fenómenos como los que se enumeran como parte de las explicaciones superficiales, son consecuencia y no causa del problema. Esto posee mayores implicaciones y numerosos implicados. Los oportunistas han erosionado a la institución en varios frentes, frente a una inacción que no tiene excusas. Parafraseando lo dicho por Marx en el 18 Brumario, podríamos concluir señalando que, ni a la Universidad ni a los universitarios, “se les perdona la hora de descuido en que cualquier aventurero ha podido abusar de ellas por la fuerza”. Lo que hizo ese remedo de Santa Clos con la Universidad, es un hecho verdadero. No hay truco. Pero eso que hizo, ya era secreto a voces. Y lo peor: el problema actual no es tan actual. Y si el diagnóstico correcto no se hace, el remedio correcto tampoco va a llegar.

NAYARIT

LO MÁS LEIDO