Un complejo mandato popular

Una locomotora llamada AMLO

Autor: Ernesto Acero C.

2018-07-19 00:32:22

OPINION

“La crítica destructiva debe ser mordaz, cruel, certera y llena de imaginación. Se emite siempre en ausencia de la víctima, para evitar inhibiciones y que alguien se sienta obligado a dar la cara y provocar un pleito desagradable. Hay que procurar no hacer alusión a los defectos físicos de las personas ni a sus hábitos íntimos. Esto es de mal gusto”. Jorge Ibargüengoitia


E

s una tragicomedia: ni ven, ni escuchan, ni entienden, quienes no quieren ver, ni escuchar, ni entender. Los resultados de las elecciones del pasado primero de julio se muestran sorprendentes, paradójicos y hasta inexplicables. Habrá que reconocer que Andrés Manuel López Obrador obtiene una mayoría que hace crujir los cimientos de los otros partidos. El “carro completo” se extinguió, pero lo que aparece en la escena es una locomotora llamada AMLO.

Desde los hechos mismos, se requiere reflexión serena y análisis profundo. De ahí se debe transitar al terreno de los hechos. No obstante, ese análisis debe reconstruir hasta su lenguaje, pues atenerse al lenguaje manido, sobado y manoseado hasta el hartazgo, solamente va a llevar a las mismas y absurdas conclusiones que explican, en parte, el fracaso. Y se seguirá sin entender nada de lo que ha pasado.

Esos mismos resultados tienen diversas lecturas. Aquí, pongo de relieve dos de ellas. Una, la que se relaciona directamente con la búsqueda de explicaciones a lo ocurrido en las urnas. La otra, se vincula con lo que ha provocado en el resto de los partidos. En la escena parece irrumpir un partido todopoderoso en medio de partidos que traquetean y amenazan con atorarse.

Primero, veamos lo que ocurre en una de las dos caras de un mismo hecho. Los resultados de las elecciones del pasado primero de julio, son complejos. Requieren de un análisis comparativo y pormenorizado para comprender lo que realmente ocurrió en casi todo el país. El mensaje de los electores no está encriptado en el voto, pues este obedece a condiciones específicas y seguramente a causas particulares en cada caso.

En algunas regiones, el malestar tiene sus causas en la incapacidad de los alcaldes para hacer su tarea de manera que convenza a los ciudadanos. En otras regiones es la corrupción que se traduce en saqueos y en la irrupción en la escena, de nuevos ricos. En otros lugares, la falta de oportunidades es la causa de la furia de los electores. En otros espacios, es la desigualdad la que mueve la ira del elector.

Cuando se pretende explicar cada resultado electoral, lo que hasta ahora ha prevalecido como justificación es que el candidato de MORENA, Andrés Manuel López Obrador, se habría convertido en un “tsunami” que arrasó con casi todos los candidatos de todos los partidos. Esa explicación realmente no explica nada en cada caso.

¿En realidad qué es lo que ocurrió el primero de julio? ¿Por qué ganaron los candidatos de López Obrador solamente por ser candidatos del partido del que prácticamente ya es Presidente electo? ¿Por qué ganaron los candidatos de AMLO y él mismo, en estados como Nuevo León o Chiapas? ¿A qué se deben las diferencias porcentuales de esos resultados? AMLO gana en casi todos los estados, pero no gana en los mismos términos.

En Nuevo León, AMLO le gana a Ricardo Anaya por poco margen. En Chiapas, en cambio, AMLO gana de manera absolutamente arrolladora. En Nayarit, AMLO obtiene una cantidad de votos que jamás ha logrado obtener ningún otro candidato en la historia del estado: AMLO obtiene en Nayarit 238 mil 420 votos. El candidato Anaya obtiene poco más de 60 mil votos y Meade menos de cincuenta mil (con datos preliminares INE-PREP-2018).

En Nayarit, ¿a qué se debe que aquellos que ganaron las elecciones hace casi un año, ahora queden tan lejos de sus cifras previas? ¿Cuál es la razón por la que AMLO (y el resto de candidatos avanzan con la misma bandera) ganase en cualquier sector de la geografía socioeconómica del estado? AMLO ganó en colonias donde la población posee bajos ingresos familiares, pero también gana en colonias donde habitan personas de medios y altos ingresos.

Se habla de furia social contra todo aquello que no fuese MORENA o AMLO, o sea, PRI, PAN, PRD, MC, PVEM, PNA, por lo que se votó en favor de MORENA y AMLO y a favor de todo lo que fuese AMLO. Esa furia arrasó hasta contra los aliados de MORENA-AMLO, como el PT y el PES. El PES, incluso, está al borde de perder su registro.

Los resultados electorales son diferentes en los diferentes casos. Si los resultados son diferentes, luego entonces el mensaje de los electores es diferente para cada caso. En un escenario de resultados desiguales y combinados, las razones del voto son desiguales y combinadas. Por tanto, si las causas son diferentes en cada caso, las explicaciones son desiguales, también, para cada caso.

Frente a causas y efectos desiguales, no cabe la explicación que en este caso parece “mal de muchos”. Pero frente a la dura realidad y frente a ese complejo mandato popular, no hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no quiere escuchar la voz del pueblo.

Otra vez va a ocurrir lo que en anteriores ocasiones. Los que no sepan dar lectura precisa o lo más cercana posible de esa compleja voluntad expresada en las urnas, va a perder en las próximas elecciones.

Aquí es donde aparece otro de los planos de análisis que se requiere abordar. Se trata de la existencia de formaciones que disputan el poder que en este caso han sido abatidas en las urnas. En este sentido, cabe señalar que la sociedad democrática es una sociedad llena de contradicciones. Derivado de esas contradicciones, la correlación de fuerzas no se expresa en un solo sentido, sino en varios. De ahí la naturaleza plural de la sociedad, que requiere de espacios de expresión.

La oposición engendra progreso, dice el aforismo. La democracia es un espacio inmejorable para que los diferentes discutan los problemas de la sociedad, desde diferentes perspectivas. Es sobre esa base que podemos adelantar un juicio: en la democracia se requiere que la pluralidad se exprese en formaciones políticas que hagan del ejercicio de poder una constante caracterizada por frenos y contra frenos.

Lo anterior significa que es deseable que, en los años que siguen, se fortalezca el sistema de partidos. No se trata de hacer de la democracia mexicana una democracia unipartidista, excluyente de la naturaleza plural de la sociedad mexicana. Otras formaciones, como el mismo PRI, el PAN, el PT, el PRD, y demás, se requieren en la escena.

Los resultados dejan muy en claro que se requiere procesar cambios al seno de los partidos. Las opciones van desde la desaparición misma de algunos para que otras formaciones surjan desde esas cenizas, hasta reformas profundas en otros para recuperar la esencia original.

No se trata de aniquilar a nadie. Eso no es democracia. De lo que se trata es qué los actores respondan al llamado de los electores, pues finalmente los partidos son un patrimonio de la sociedad y no de algunos “iluminados” ni de grupos de presión. Los partidos son formaciones inmanentes a la democracia.

La racionalidad debe regresar a su cauce. Esa racionalidad política requiere reconocer la diversidad de opiniones, misma que se manifiesta hasta dentro de la misma formación política triunfadora, y no se diga, en el resto de actores. Todo posee su propia contradicción y eso debe reconocerse y hasta propiciarse.

Un gobernante requiere de una orientación seria, comprometida con un proyecto de desarrollo, incluso por la vía crítica. La tentación en un sistema unipartidista, resulta ser la simulación de lealtades, la adulación y el culto a la personalidad, entre otras perversiones de la democracia. Reconocer la diversidad en todos los espacios implica darle espacio a las oposiciones, que tienen el legítimo derecho de manifestarse y de actuar con sentido crítico.

La crítica ilumina el camino de todos. Incluso la crítica destructiva: ¡alabada sea la crítica destructiva!, dicho sea en el espíritu de Ibargüengoitia. Naturalmente que la racionalidad, el compromiso con las causas de la sociedad, incluso los intereses de grupos y sectores sociales, deben tener conductos para expresar y canalizar sus puntos de vista.

Así pues, se debe reconocer la enorme potencia mostrada por la sociedad mexicana, que en su mayoría excepcional, se volcó en favor de MORENA y de su candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Frente a ese arrasador mistral, lo que procede es avanzar en dirección a una mayor democratización.

Lo peor que les puede ocurrir a los ganadores de la contiende, y al país mismo, es que los ganadores se conviertan en lo mismo que criticaron durante décadas. Hay razones para suponer que las cosas van a cambiar en favor de la democracia.

NAYARIT

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