Desafíos y logros democráticos

Autor: Agencia Reforma

2018-12-30 19:55:42

OPINION


Probablemente, 2018 será recordado como el año en el que las instituciones electorales creadas durante el proceso de transición a la democracia enfrentaron su mayor desafío. Este año no sólo se llevó a cabo la elección más grande de nuestra historia, sino que se organizó en un contexto de complejidad inédito. La baja confianza en los partidos políticos, la desafección con la democracia, el cambio generacional y la compleja irrupción de las redes sociales como nuevo espacio por el que transita una parte cada vez más grande de la conversación pública, así como la existencia de múltiples zonas y regiones dominadas por la violencia y la inseguridad, determinaron el contexto en el que el INE tuvo que organizar los comicios. En este marco, el que millones de mexicanas y mexicanos hayan salido de sus casas para ejercer sus derechos y contribuir con ello a la renovación pacífica y ordenada de más de 3 mil 400 cargos públicos federales y locales, es por sí mismo un gran logro democrático.

Y, si analizamos las cifras de esos comicios, el éxito obtenido frente al desafío que enfrentábamos es aún más contundente: acudieron a las urnas más de 56 millones de electores (el 63.42 po ciento del total inscrito en la Lista Nominal); se lograron instalar 156 mil 792 casillas (sólo 15 dejaron de instalarse por causa de conflictos sociales comunitarios); se capacitó a 1.4 millones de ciudadanos (entre propietarios y suplentes), de ellos alrededor de 920 mil estuvieron presentes en las casillas para recibir y cuidar la votación, y, con la finalidad de erradicar cualquier duda sobre los resultados electorales, el personal del INE en los distritos, en presencia de representantes de todas las fuerzas políticas y candidaturas, recontó en los días siguientes a la elección el 73.98 por ciento de los paquetes electorales de la elección presidencial, el 76.01 por ciento de la de diputados y el 76.70 por ciento de los paquetes de los comicios para senadores. En suma, el recuento de votos más grande de la historia.

Cuantitativa y cualitativamente fue un desafío histórico. Este proceso electoral permitió la renovación pacífica y ordenada de la mayor cantidad de cargos públicos que haya vivido nuestro país en una sola jornada electoral, en contiendas equitativas, organizadas con criterios estandarizados y fiscalizadas rigurosamente. En efecto, en menos de 40 días, se auditaron 5 mil 334 millones de pesos ejercidos por 17 mil 699 candidaturas y para contribuir más aún a la rendición de cuentas, se pusieron en marcha dos medidas: a) un módulo de transparencia del sistema integral de fiscalización que a través de internet permitió que la sociedad conociera en tiempo real cómo se estaban reportando los ingresos y gastos de todas las campañas, y b) para elevar el contexto de exigencia de quienes competían por el respaldo de los electores, se tomó el acuerdo de informar semanalmente en las sesiones del Consejo General la forma en que partidos y candidatos estaban registrando sus ingresos y gastos de campaña.

A unos cuantos meses de concluido el proceso electoral, ya es posible perfilar algunos de los principales logros.

1. El primero es el gran compromiso de la sociedad mexicana con el poder civilizatorio que tienen las elecciones. La apropiación que las y los ciudadanos hicieron del proceso permitió imponerse al clima de inseguridad y violencia que asola al país. Gracias a esa apropiación es que fue posible instalar tantas casillas, votar en libertad y custodiar los paquetes electorales hasta que fueron entregados al personal del INE en cada distrito la noche de la votación.

2. Haber logrado la paridad de género en el Poder Legislativo. La actual Legislatura cuenta en la Cámara de Diputados con 48.2 por ciento de las curules ocupadas por mujeres y 51.8 por ciento por hombres; mientras que en el Senado el 49.21 por ciento está representado por mujeres y el 50.79 por ciento por hombres. Nunca habíamos tenido tantas legisladoras en México como las que tenemos en esta legislatura. Ello fue posible gracias a la aplicación del principio constitucional de paridad en las candidaturas, sin duda, pero también porque el INE estableció una serie de acciones afirmativas (como el que las listas plurinominales al Senado tuvieran que estar encabezadas por mujeres), ratificadas por el Tribunal Electoral, que maximizaran la posibilidad de que mujeres ocuparan cargos de representación popular. Por ello, hoy estamos entre los tres países con mayor número de legisladoras en el mundo.

3. La equidad y la rendición de cuentas. Transparentar el origen y destino de cada peso que ingresó a las campañas, prácticamente de manera cotidiana, contribuyó a que partidos y candidatos tuvieran un mayor control administrativos de sus finanzas y evitó que el rebase de topes provocara una cascada de nulidades por los tradicionales desórdenes de los contendientes. Este efecto fue posible porque la fiscalización del INE evolucionó hacia "modelos de riesgo" (es decir, aplicando mecanismos de inteligencia financiera) y potenció sus resultados mediante la colaboración oportuna de las autoridades hacendarias y fiscales. Debo decir que es tal la contribución del sistema de fiscalización a la equidad y rendición de cuentas de partidos y candidaturas que diversas autoridades electorales de América Latina ya han solicitado acceder a dicho sistema mediante algún tipo de convenio con el INE.

4. La estrategia que desarrolló el INE para enfrentar las fake news, misma que ya constituye un punto de referencia a nivel mundial para evitar que la desinformación ponga en entredicho la legalidad y credibilidad de las elecciones. Para ello, rediseñamos la política de comunicación del INE para insertarnos de manera efectiva en el mundo digital. Nuestra premisa comunicacional en 2018 fue que esas elecciones fueran las más explicadas de la historia, a través de cuatro ejes: 1) apostar a la libertad de expresión y no a la censura; 2) suscribir convenios de colaboración con Facebook, con Google y con Twitter para, a través de las diversas herramientas de sus plataformas de redes sociales, poder contrarrestar las noticias falsas poniendo a disposición de los usuarios información oportuna y validada (con lo que el INE se convirtió en la primera y hasta ahora única autoridad electoral del mundo en firmar acuerdos con las tres principales administradoras de redes sociales); 3) estar atentos a las noticias falsas para evitar que contaminen las decisiones tomadas y que la "posverdad" no propicie generar una comunicación de control de daños en lugar de una proactiva, y 4) conformar alianzas con medios nativos y redes digitales, para que la información verídica neutralizara la influencia de la desinformación (ejemplo de estas alianzas fueron los proyectos Verificado2018 y Certeza2018 que posibilitaron detectar intentos de distorsionar información relevante del proceso electoral y neutralizarla con abundantes datos y cifras verificadas).

Dicho de otra manera, en 2018 combatimos la desinformación reconociendo que la comunicación institucional en la era digital debe ser pertinente, oportuna y asertiva, y, además, le apostamos a la corresponsabilidad de actores políticos, medios de comunicación y de la sociedad en el desarrollo de la democracia.

5. La transformación de los formatos de debate entre candidatos a la Presidencia. En estas elecciones demostramos que poniendo en el centro el derecho a la información de la ciudadanía, sin afectar la equidad en el uso de los tiempos por parte de los contendientes, es posible que los debates entre candidatos sean atractivos para todas las audiencias, particularmente en una sociedad transformada por la tecnología y que contribuyan al ejercicio del voto informado.

Los datos obtenidos sobre las audiencias en los debates presidenciales confirman la importancia de que se hayan modificado los parámetros de organización de los debates, y de incorporar a las redes sociales y los sectores de la población que se informan de los asuntos públicos únicamente a través de ellas.

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Los desafíos y logros democráticos obtenidos en los comicios de 2018 ratifican que las instituciones que México ha construido en las últimas tres décadas han permitido eliminar la arbitrariedad en la organización de las elecciones, han contribuido a generar paz pública y gobernabilidad democrática mediante la certeza en la organización de las contiendas electorales, han garantizado la legalidad de tres alternancias en el Poder Ejecutivo y han hecho realidad la aspiración de muchas generaciones de mexicanas y mexicanos: que en nuestro país la transmisión de los poderes públicos sea pacífica, ordenada y legal.

La solidez de estas instituciones y el reconocimiento técnico que han logrado de la sociedad permiten que cada vez sea más claro que los cambios en la correlación de fuerzas en los congresos y en los distintos poderes ejecutivos son una muestra de un pluralismo vigoroso y de que en México la definición del futuro político es responsabilidad de mayorías y minorías; de la importancia de los acuerdos políticos y de que reconozcan en las minorías la posibilidad de opinar y contribuir e incluso de eventualmente convertirse en mayorías.

Por su complejidad, estas elecciones terminaron por consolidar los esfuerzos acumulados de 40 años de reformas electorales, al garantizar condiciones de equidad e imparcialidad para la competencia democrática por los poderes públicos a nivel federal, estatal y municipal.

El 1 de julio México no "desembarcó a la democracia", sino que se convalidó lo que en los últimos años la intensa alternancia en el poder había venido constatando una y otra vez: la realidad de un país con un pluralismo dinámico en el que las y los ciudadanos cuentan con condiciones para votar en plena libertad y para que su voto se cuente. Dicho de otro modo, lo que las elecciones del 1 de julio demuestran no es la llegada a la "democracia electoral", sino la convalidación de que sus condiciones ya existían y estaban garantizadas en México.




El autor Lorenzo Córdova es consejero presidente del INE.


NAYARIT

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