Opinión

El clan de las hipermensas un martes de abril

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Para la hipertensión, dile a tu esposo que coma zapote blanco, me susurró Maira Griselda cuando le conté sobre el mal de mi pareja. Todavía puedo recordar cómo se le abrieron los ojos, envueltos en una ojera profunda, al escuchar la plática. Era el segundo día de vacunación en el Polideportivo, las filas comenzaban a crecer y en medio de ellas, un grupo de personas hablábamos sobre las preguntas del cuestionario.

Que cuál es tu nombre, cuál tu apellido, que dónde vives. Que si eres diabética, que si no; que si eres hipertensa, que si tienes alguna enfermedad crónica. Esas y otras preguntas tan necesarias para conocer a la gente. Yo sí soy, pero soy hipermensa, dijo Julia, y yo solté la carcajada. La mujer de tez blanca y el pelo cano, se rió por su travesura, yo la seguí con la mirada y asentí: hipermensa.

En ese segundo, el cotorreo fue escalando de nivel, una a una las personas de la fila comenzamos a repetir la palabrita y compartir la carcajada. En situaciones de este tipo, donde el tiempo pasa rápido y anula, como por arte de magia, las casi quinientas personas delante de Maira Griselda, me doy cuenta de que al final, por más adultos que busquemos ser, parte de la vida es volver a reírse como en la infancia.

Después del chascarrillo vino la lista de remedios para todos los males, que si el té de hierbabuena para el dolor de estómago era casi un milagro; que si hierves hojas de neem para tomarlo en infusión se te quitan todos los males del mundo; entre otras cosas más, reafirmé ese sentido humano que tenemos las mujeres para solucionar todo.

Recordé a mi abuela Ricarda, quien es fanática de los remedios naturales y guarda en pequeñas bolsitas todas las hierbas del planeta  y que incluso durante algún tiempo le sacó provecho a su árbol de moringa para venderlo entre las vecinas gracias a sus notables beneficios, uno de ellos y el más importante para ellas: hacer adelgazar de un "chingadazo". A mi abuela también la vacunaron hace dos semanas. En momentos imagino cómo hizo amigas efímeras, de esas que conoces pero ya no vuelves a ver.

La fila avanzó poco a poco y el clan de las hipermensas se fue diluyendo como un gotero humano. Julia fue la primera del grupo en acercarse al famoso registro, luego fue Maira, una al lado de la otra se rieron cuando les hicieron la famosa pregunta. Hipermensas, volvieron a decir. Yo las veía desde el lugar enrejado que estaba al exterior y también vi cómo se fueron.

Soy buena para hacer amigas, mala para despedirme. En estos momentos pensé en Gloria, una mujer de ochenta y muchos años que, un día por cuestiones de trabajo conocí en el Juan de Zelayeta. Ándale, grábame que te voy a cantar una canción, me dijo una tarde. Doce del día y ahí estábamos, una junto a otra entonando las canciones más chingonas de Nayarit. Hace tiempo que no veo a Gloria pero siempre me acuerdo de ella.

¿Habrá tenido también un Clan de las Hipermensas?

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