Vendrá una nueva época para Meridiano

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El doctor David Alfaro era un erudito conversador. Por varios años, de lunes a viernes, compartimos largas tardes de café, primero en Café Luna y luego en el jardín de su casa. Durante ese tiempo publiqué, a invitación suya, Breverías, un texto de 133 palabras exactas. Aparecía en primera plana de Meridiano.

Un par de ocasiones, en las veladas de su estudio, me hizo invitación formal a incorporarme al equipo directivo, para reforzar el periodismo narrativo y el reportaje. “Tú en Meridiano, y Memo en Gráfico, seremos invencibles”, me dijo. Tal vez él esperaba una respuesta inmediata, que no le di, y lo tomó como desinterés de mi parte.

Los años recientes lo frecuenté poco. En noviembre de 2020 me buscó para proponerme que me haciera cargo del servicio de encuestas de Meridano, pero no se concretó el acuerdo. “Véngase a Meridiano. No se resista”, me reclamó al despedirnos.

Volví a saber de él el día de su deceso, en el primer mensaje de texto que daba la noticia fuera del ámbito de la familia. Llamé a un amigo suyo, quien al encontrarnos en el funeral me confesó haberle llorado. “¿Qué pasará con Meridiano sin el doctor?”, nos preguntamos uno a otro al mismo tiempo.

Esto pasó en Meridiano sin el doctor: Los accionistas nombraron directora general y gerente a Vhin Afaro, albacea de la sucesión testamentaria del 33 por ciento de las acciones de su padre. Fui nombrado director editorial de Meridiano. Sé que fue una tardía aceptación a las invitaciones hechas años atrás.

En los meses siguientes hubo una recomposición accionaria, y los socios fundadores de la tradición El Nayar-Meridiano acordaron ceder participación a un servidor y al periodista Antonio Tello. En desacuerdo, la respuesta de la aún directora general fue nombrar otro director editorial y romper toda relación con los poseedores del 67 por ciento de las acciones, que dictaban directrices editoriales, administrativas y de ajuste a desproporcionados salarios. También separar a Guillermo Aguirre y Moisés Madariaga, herederos del legado periodístico y pilares de la empresa. Así como empoderar a su esposo Julio Alejo, el verdadero agente externo en esta historia y de quien sospechamos está detrás de toda la cadena de malas decisiones.

Ante esta situación, se convocó a una asamblea de accionistas donde ella no aceptó acreditarse como albacea y se retiró. Por esta razón fue separada de los cargos de directora general y gerente, pero por supuesto que su 33 por ciento de acciones sigue y seguirá intacto.

Los socios que representan el 67 por ciento de las acciones me honraron al nombrarme director general y gerente de la Compañía Editorial Alpesor, que edita Meridiano, con todas las consecuencias legales que ello implica. Es el motivo de la reciente reacción virulenta del matrimonio Alejo-Alfaro que -ellos sí ilegalmente- aún controlan la producción del periódico.

Lamento que la aritmética simple del par 33-67 no deje claro que la segunda cifra es más de dos veces mayor que la primera, y que en la vida y en las sociedades mercantiles las mayorías deciden.

Tengo la certeza de que las diferencias entre los socios se resolverán satisfactoriamente, bajo la tutela del marco legal y de la prudencia. Vendrá una buena época para Meridiano.

No tengo duda que mi admirado doctor Alfaro, donde esté, entiende los temas de aritmética, y que un poco tarde he aceptado su invitación a incorporarme al medio que dio vida y prestigio.

Le aseguro, doctor, que honraré la invitación.

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