En vísperas del 8 de marzo, decidí darme un clavado en el mundo del feminismo para intentar desde la perspectiva privilegiada y patriarcal entender un poco del movimiento social más importante de los últimos años.

Algo que siempre me llamó la atención han sido las diferencias entre las mujeres que integran los colectivos, un aspecto muy similar a lo que ocurre con otros movimientos sociales identificados con la izquierda, que aunque parecieran tener un mismo objetivo, los métodos, las creencias y las culturas distan mucho de sí mismas.

Apoyado por la obra de Marta Lamas “Dolor y Política”, observo que al interior del feminismo convergen distintas corrientes ideológicas, algunas más radicales que otras y que suelen estar en conflicto como la política lo demanda.

La clave radica en la diferencia de su objetivo que para ejemplificar de la manera más simple se ubica en dos palabras, emancipación o empoderamiento; aunque los matices son más complejos.

Para los colectivos más antisistema o de izquierda que buscan terminar con los problemas de raíz, el objetivo es la emancipación de la mujer del sistema patriarcal en el que se encuentran sumidas; un sistema patriarcal que ha encontrado cobijo en los capitales que critican han entendido la dinámica de su lucha para absorber y promover lo que ubican como postfeminismo.

Este postfeminismo es un término que suele relacionarse a las feministas que colocan el empoderamiento como el objetivo de su lucha, bajo una cultura de la confianza que afirman es explotada por la propia industria del capital.

La individualización de la lucha sale a flote por este sistema que incluso acuña frases célebres para estamparlas en camisetas de diseñador; algo muy similar a aquellas prendas de la estrella roja o la cara del “Che”.

La crítica principalmente radica que en este tipo de feministas el ideal no busca destruir el sistema que las ha oprimido, sino tener la oportunidad de ser parte del juego; por lo que políticas como las cuotas de género son consideradas en esta etapa “post”, que algunas creen significa el final del movimiento al lograr su cometido.

De aquí nace también una rivalidad dentro del feminismo entre las mujeres que se consideran autónomas y aquellas institucionalizadas; es decir las feministas que se mantienen como activistas, liderando colectivos y aquellas que se suman al entramado del sistema que gobierna o bien de alguna asociación civil que recibe apoyos económicos.

En Nayarit, la Presidenta de la capital nayarita, Geraldine Ponce Méndez y la líder del legislativo, Alba Cristal Espinoza han estado en medio de estas pugnas.

A través de redes sociales, un colectivo feminista local salió en defensa de la Presidenta de Tepic quien habría sido insultada por otras compañeras de lucha; razones hay varias ya que la propia mandataria municipal representa perfecto el ideal criticado por las feministas antisistemas; lo cual quedó ejemplificado con una fotografía de sus uñas con el símbolo del género.

El hecho fue plenamente cuestionado y publicitado de mejor manera que aquellos impulsos que ha realizado el propio Ayuntamiento de Tepic para aportar en la lucha para erradicar la violencia contra la mujer; esfuerzos que desafortunadamente no dejan de verse insuficientes.

El otro extremo, en las propias redes sociales se viralizó un video donde la diputada Alba Cristal Espinoza es increpada por un grupo de mujeres que la cuestionan por sacarse fotos en la zona aledaña al Monumento a la Revolución, en el cual se encontraban colectivos preparando la zona para la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

“Muy de pinche taconcito”, criticaron a la líder del legislativo a quien reclamaban con resentimiento haber acudido a un evento de Sheinbaum.

La frase cobra gran sentido de relevancia, ya que en el ideario de las jóvenes luchadoras, la legisladora nayarita no solo comete el pecado de ser política, sino además de seguir los estándares de belleza que marca el sistema de los capitales.

Pero el resentimiento a la clase política de las mujeres no surge de la envidia, sino de la preocupación o el lamento de que el sistema patriarcal absorba y coopte a aquellas mujeres que de forma privilegiada logran infiltrarse al mundo del poder que han creado los hombres, perdiendo una oportunidad única de acabar con el monstruo que las violenta, las oprime y las mata a través del Estado.

EN DEFINITIVO… Si eres mujer y feminista te doy mil gracias por el hecho de seguir leyendo hasta aquí, la reflexión de un macho formado en la cultura patriarcal; si eres hombre te invito a sumergirte un poco en el mundo de este movimiento social para comprender más allá del prejuicio.  

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