Mejor que el silencio | El hombre, tradicionalismo vs deconstrucción

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Por Diego Mendoza

¿Para ti qué es ser hombre?… Una pregunta, igual de difícil que la lanzada en marzo, es un concepto muy intrincado, de la misma forma que contestar, ¿qué es ser mujer?, esta interrogante la contestan con calificativos que responden también perfectamente a cualquier ser humano.

Los tiempos han cambiado, bueno siempre están cambiando; hoy la percepción que se tiene del hombre va en declive, pero es normal, nunca ha sido el centro del universo como se cree en la cultura falocentrista, esta ideología se ha ido desechando por ser retrograda, pues no abona al término “masculinidad”, pero sirve de ejemplo para ver que se hace y que no.

Recordemos que jamás nadie puede bañarse dos veces en un mismo río, porque el río y nosotros no seremos los mismos; esta filosofía aplica en todo, ya no podemos repetir las mismas actitudes de antes a estos tiempos, porque tanto el tiempo como nosotros no somos iguales.

A razón de esto, aparecen nuevos términos como “hombres deconstruidos” y “nuevas masculinidades”, está bien, eran “necesarios”, el problema no es que se instituyan nuevos vocablos para “encajar” dentro de un grupo social o para adaptarse a estos tiempos tan mutables, sino que aquellos que se autodenominan así, caigan en los mismos errores que el “machismo tradicional”. Se convierten en personas rígidas que se cierran a nuevas ideas porque creen que las suyas son mejores, los que no entran en sus estándares, son excluidos por no abonar nada a su crecimiento.

Según “escapan” de un sistema y crean otro similar con términos diferentes, palabras bonitas y pomposas que adornan su ego, mientras practican su deporte favorito, juzgar a quienes no han iniciado su proceso o piensan diferente a ellos.

Comienzan a pregonar el “trabaja en ti”, “revisa tu masculinidad”, “no seas macho” … Se van a lo fácil, les da flojera y no hay una disposición para cuestionarse por qué son así, no se atreven a poner en duda lo que dice el otro, se cierran a escuchar, no buscan generar un cambio.

El eje central del cambio es cuestionarse a sí mismo, escuchar a los demás, principalmente por lo diverso que somos y no todos hemos tenido las mismas vivencias, por ende el camino es distinto; al escuchar a los demás podemos darnos una mejor idea de lo que funciona y lo que no, sabríamos que para generar una convivencia sana se necesita del dialogo con el resto de los individuos que nos rodean y no segregarlos con frases como, “tú estás mal y yo bien”, “tú que vas a saber de esto, si no lo has vivido”, “tú no puedes opinar del tema porque no eres mujer/hombre/LGBTTTIQ+”; necesitamos revirar esas ideas, ayudar a entender, a saber, incluir en acciones no solo en discurso, pero también estar dispuestos a atender sus réplicas para que haya una retroalimentación y con ella un crecimiento.

Hay mucho que cambiar, por todos lados, deconstruyamos términos y resignifiquemos los que hay, eso nos dará un mejor sentido en lugar de solo “crear” nuevos; porque siempre es más fácil desechar y hacer algo de nuevo a tomar todo lo existente y hacerlo aún mejor, reconstruyamos el significado de ser hombre.

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