La última imagen de Debanhi, conmovedora, inmensa

Con ese encantador perfil, Debanhi, cuya cara no alcanzamos a distinguir, habría cruzado los brazos mientras el viento movía un poco la falda.

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Por Oscar Verdín Camacho

La última fotografía de Debanhi, parada en el centro de una avenida que conduce de Monterrey a Nuevo Laredo, más parece la pintura conmovedora de un gran artista.

La falda en color café, la blusa blanca, tenis de bota, el cabello largo, el cubrebocas, la luz que cae sobre ella en esa madrugada del nueve de abril como si se rodara una buena película y, del otro lado, desde la oscuridad, un par de ojos brillantes que parecieran de un vehículo, más allá de los zacatales.

Una bolsa negra colgando hasta la cintura cumple con su tarea complementaria.

Con ese encantador perfil, Debanhi, cuya cara no alcanzamos a distinguir, habría cruzado los brazos mientras el viento movía un poco la falda.

Durante casi dos semanas el caso Debanhi Escobar Bazaldúa, de 18 años, nos mantuvo con la esperanza de que fuera hallada viva. Pero no fue así: la noche de este jueves se le encontró muerta en una cisterna de un motel, en aquella zona de Nuevo León.

Irónicamente, se sabe, la fotografía no vino de un artista, sino de un taxista que la dejó en el lugar y quien, parece ser, la habría molestado, lo que provocó que ella prefiriera descender.

En este país de tanta violencia, donde los feminicidios son constantes, la situación de Debanhi tuvo un ingrediente extra, enmarcado en esa fotografía inmensa: solitaria en la carretera, callada, viendo hacia un extremo, posiblemente esperando que alguien de bien la recogiera.

Debanhi, descansa en paz.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com

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