Cuando salió del hospital donde le repararon el corazón averiado por dos infartos, aquel 16 de febrero su hermana le dio un abrazo y le entregó algunos billetes de mil pesos que le había enviado su primo hermano Álvaro Castillo para hacer frente a los gastos extraordinarios que traen siempre las complicaciones de salud.

Un sábado de marzo, Álvaro (63 años, residente en Estados Unidos desde 1996) le habló por teléfono al primo en recuperación y le dijo que pasara al Oxxo por un dinero para que se fuera a comer un pescado zarandeado a la playa.

Dólares para Castillo —los gana por su trabajo en la construcción en el estado de California—, pesos para el nayarita que había prometido morirse de cualquier cosa menos del corazón —es sobreviviente del desastre diagnóstico de una joven médico del sanatorio de La Loma— son parte de las remesas que de enero a marzo de 2022 tuvieron su máximo para un primer trimestre de año en la historia de Nayarit desde que se tiene registro oficial.

Según el reporte del Banco de México, el monto de las remesas captadas en la entidad asciende a 188.3 millones de dólares, 5.5 por ciento más que lo reportado en similar periodo el año anterior.

El año pasado, la entidad captó 854 millones 98 mil 900 dólares por concepto de remesas. Por cada dólar por concepto de Inversión Extrajera directa registrada en Nayarit durante 2021 los paisanos radicados en Estados Unidos enviaron a la entidad 3.5 dólares. Al menos en este comparativo, ganaron a los dueños del dinero los pobres que luchan por dejar de serlo.

¿En qué se invierten esos más de 188 millones de dólares enviados este primer trimestre?

En hospedaje y en comida, como lo hizo el cardiópata primo hermano de Álvaro Castillo. En gastos funerarios, como los que hace años ayudaron a cubrir Álvaro, sus hermanos y primos cuando murió Guadalupe Castillo, su tía paterna. Y en otras muchas cosas en miles de hogares nayaritas: deudas chicas y grandes del abarrote, pequeñas fiestas, la carga de la vejez, los estragos del desempleo, renta, enfermedades, colegiaturas, útiles escolares, compra de terrenos o casas para el regreso a la tierrita, gaveta en el panteón, ropa, zapatos, cerveza, vino, anteojos. Todo.

¿Cuánto llega en promedio a cada hogar? Ahí es donde los datos no checan. Pero esa es otra historia, como dijera aquel memorable anuncio.

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