Cultura sindical y cultural empresarial

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Por Ernesto Acero C.

En Nayarit prosperó durante lustros, una idea completamente falsa. Esa idea se plasmó en las páginas de un Estudio de Gran Visión, elaborado al parecer por el Tec de Monterrey. Esa una falsedad que prevalece hasta nuestros días: los sindicatos son freno para el crecimiento económico del estado.

Con esa falsedad se intentó convencer a la población de que los sindicatos en Nayarit eran un freno para el desarrollo, aunque esa idea poseía un trasfondo partidista. De esa manera se sostuvo que era necesario meter en cintura a los sindicatos.

Frente a esa tesis, se planteó que la existencia de los sindicatos en Nayarit, era indispensable para contener el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores. Un líder de la CTM en Nayarit, llegó a sostener que sin los sindicatos los trabajadores podrían estar peor de lo que ya estaban.

No siempre ha sido la misma historia. La historia del sindicalismo en México se remonta a la segunda mitad del siglo XIX y se puede dividir en varias etapas. Los sindicatos inicialmente son reacción ante el avance de un capitalismo incipiente que se abre paso durante el porfiriato.

La situación de los trabajadores en México en el siglo XIX y a principios del siglo XX, era desastrosa. Las condiciones laborales eran peligrosas; los salarios bajísimos; las jornadas laborales de sol a sol.

Cuando los trabajadores empiezan a organizarse, lo hacen para lograr mejores condiciones de vida. Es una etapa naciente de los sindicatos que proclaman reivindicaciones de orden económico.

Este tipo de proclamas sindicales han cambiado a lo largo del tiempo. Igual ocurre con una historia de los sindicatos que se muestra con altibajos, avances retrocesos, distorsiones y reconducciones. En algunas ocasiones, los sindicatos han logrado avanzar en su esencia original. En otras, por decir lo menos, esos sindicatos han perdido su razón de ser.

En su momento, hablar de “charrismo sindical” era pan de cada día. Hablar de sindicatos blancos, o referirse a cacicazgos sindicales, ha sido parte dominante del discurso combatiente de tales fenómenos.

Las cosas han cambiado, aunque mucho puede dudarse de lo que realmente domina el escenario actual en este ámbito de la vida de los trabajadores. Por tal razón, procede interrogarnos, ¿en la actualidad, los sindicatos sirven o no al desarrollo?

Se ha culpado a los sindicatos del atraso del estado y de mil problemas más: ¿son un obstáculo para el desarrollo?

Antes de responder a esta pregunta, debemos saber que en México solamente está sindicalizado un 10 por ciento de los trabajadores. Algunas estimaciones precisan que de ese 10 por ciento, más de la mitad son trabajadores del sector público.

Lo anterior se traduce en una realidad sencilla: la abrumadora mayoría de trabajadores del sector privado en México, no se encuentran afiliados a un sindicato.

Otra forma de plantear la anterior interrogante sobre la sindicalización, podría ser esta: ¿es garantía de una mejor o de una peor vida para los trabajadores? Entonces, ¿qué hace falta por hacer, para que los trabajadores en México logren acceder a un mejor nivel de vida?

Los trabajadores en México tienen las jornadas más extensas en los comparativos internacionales elaborados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Lo anterior no se traduce ni en mayor productividad ni en mejores condiciones salariales en favor de los trabajadores.

Una de las razones principales de la escasa representación sindical de los trabajadores en México tiene que ver con la informalidad que domina el panorama productico de México. Otra de las razones quizá se vincula con la presencia vasta de la micro y la pequeña empresa, que en términos relativos generan el mayor número de empleos, pero que en términos absolutos, por separado, emplea a muy pocos.

Una de las perspectivas escasamente estudiadas es la de los empresarios, con el punto de vista de quienes generan empleo. El empleador, en el sistema capitalista, se mueve constantemente en busca de ganancia. La ganancia no es un fenómeno que se deba satanizar. La ganancia legítima es una aspiración normal, así, sin más.

El empleador necesita de personal capacitado para realizar sus tareas. El empleador necesita de personal que se mueva también por la necesidad de ingresos crecientes o al menos suficientes para satisfacer sus necesidades familiares o personales.

Para equilibrar los intereses de trabajadores y empleadores, lo que procede es un dialogo respetuoso y creativo. Los trabajadores requieren de más ingresos y los empleadores requieren de una mayor productividad. En México, una mayor productividad no ha ido de la mano de mayores ingresos de los trabajadores. Eso no ocurre solamente en México, y la OCDE Tiene estudios que revelan esa realidad visible en distintas economías, sobre todo en América Latina.

Otro actor de ese escenario entre capital y trabajo, es la del gobierno. El gobierno puede ser un excelente intermediario que procure el equilibrio entre los intereses del empresario y los de los trabajadores. El gobierno mismo tiene que tratar con sindicatos que representan a los trabajadores del sector público. Esos sindicatos, los de los trabajadores al servicio de entidades gubernamentales, representan prácticamente la mitad de los trabajadores sindicalizados en el país.

Si partimos de que la premisa que debe guiar a un buen juez es la del equilibrio en su propia casa, entonces tendremos que los problemas son enormes y los desafíos de las mismas proporciones.

Hace ya varias décadas, Juan S. Millán sostenía que las organizaciones de trabajadores como la CTM, construyeron una alianza con el “partido de la revolución”, o sea, como él lo entendía, el PRI. Él mismo aseguraba que esa alianza finalmente se expresó en diputaciones, senadurías, gubernaturas, en favor de los dirigentes. Solamente que en una autocrítica severa, él mismo reconocía que en contraste, los trabajadores no habían visto prosperar sus condiciones de vida en los mismos términos.

La conclusión es relativamente sencilla pero en extremo complejas las estrategias que deben derivar de lo anterior. Los sindicatos deben democratizarse, el sector empleador debe asumir una postura de mayor compromiso social con sus trabajadores y el gobierno debe facilitar ambas aspiraciones. La aspiración de los empresarios es legítima, la de una mayor ganancia. La aspiración de los trabajadores también es legítima, la de una mejor condición de vida. El gobierno justamente procura un mayor equilibrio entre ambos intereses. No es una tarea sencilla para ninguno de los tres actores.

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