Por José Luis Olimón Nolasco

En verdad, en verdad… ¡qué semana tan cargada de eventos y emociones en el mundo deportivo!

Todavía sigue presente en mi la emoción de la increíble remontada del Real Madrid en su encuentro de semifinales de la UEFA Champions League y, junto con esa emoción, la búsqueda de una “razón suficiente” para explicar algo así… Qué poco importó ya —después de conseguir su pase a la final del torneo de más alto nivel en el futbol mundial y de tener ya en sus vitrinas un trofeo más de La Liga— el que haya perdido con el Atlético de Madrid o que esta escuadra se haya negado a hacerle el tradicional “paseíllo” como campeón…

En la otra vertiente de la Champions, el triunfo —mucho más complicado de lo que se podía esperar— del Liverpool frente al Villarreal y, en el fin de semana, un empate contra el Tottenham que parece que le deja fuera de la posibilidad de alcanzar el campeonato de la Premier League, hacia el cual se encamina —en lo que parece ser una especie de premio de consolación, que no consuela demasiado ante un nuevo fracaso en la búsqueda de la Champions— hacia un nuevo campeonato en la liga inglesa.

Ahora bien, para no parecer demasiado malinchista —en realidad creo que no es malinchismo, sino reconocimiento de que en el deporte hay niveles—, unas palabras acerca del “repechage” de la Liga MX [cada vez que escucho esta palabra, me acuerdo de mi mamá preguntándome acerca del significado de esa palabra y de la respuesta que le daba: “significa, literalmente, re-pesca]…

Pues bien, tres de los cuatro partidos de la repesca —a pesar de que “en el papel” algunos de ellos parecían muy desiguales de acuerdo con el lugar que ocuparon en la tabla al final de la etapa regular y de acuerdo con los planteles— terminaron en empate al final de los 90 minutos oficiales de juego, por lo que tuvieron que decidirse en tiros de penal —esos que en italiano se llaman “rigori” [por algo será]— y fue ahí donde, tanto en el caso del Necaxa, como del Mazatlán, se evidenciaron las diferencias, algo que también sucedió —aunque en sentido contrario de lo que podría esperarse— en el partido entre el Atlético de San Luis y el Monterrey, ese equipo del que se dice que tiene la nómina más cara del torneo mexicano y que, sin embargo, no logró trascender, ni bajo la dirección de El Vasco Aguirre —ahora tratando de salvar al Mallorca del descenso—, ni bajo la dirección del Rey Midas, cuya magia parece estar en crisis hace tiempo ya que, después de los campeonatos que alcanzó entre 2009 y 2013 con el propio Monterrey, solo consiguió un torneo de Copa con el Gallos del Querétaro.

El único partido del repechaje en que hubo un claro ganador, fue el que disputaron las Chivas del Guadalajara y los Pumas de la Universidad Autónoma de México, quienes, además, habían sido derrotados, a media semana, en el partido de la final de la Copa de Campeones de la Concacaf ante el Seattle Sounders…

Sin embargo, en medio de tantos “manjares suculentos”, quisiera destacar dos platillos muy especiales: la derrota de El Canelo Álvarez ante el campeón mundial de peso semicompleto Dmitry Bivol y el triunfo del joven Carlos Alcaraz en el torneo Mutua Madrid 2022…

Desde que me enteré que, para las fiestas mexicanas en torno al 5 de mayo, se había concretado la pelea de El Canelo con un boxeador ruso, hasta entonces desconocido para mí, pero que era campeón de peso semicompleto, vino a mí una duda acerca del resultado que podría derivar de la asunción de un reto que me hizo recordar las incursiones frustrantes de José Ángel Mantequilla Nápoles en el peso medio ante el argentino Carlos Monzón, el ya lejano 1974, o la pelea que disputó Oscar de la Hoya contra Manny Pacquiao bajando del superwelter al welter en 2008. La moraleja de este asunto, ha sido, ordinariamente, que un boxeador que sube o baja de peso significativamente y tiene que enfrentar a un buen boxeador de la categoría a la que sube o a la que baja, tiene pocas posibilidades de triunfo. Esta moraleja, se confirmó el pasado sábado que El Canelo se topó con un auténtico campeón semipesado que evidenció el peso excesivo del campeón mexicano y, de nuevo, sus limitaciones boxísticas, esas que parecían haber ido desapareciendo desde la derrota con Floyd Maywaether, años atrás.

Se ha empezada a hablar ya, de revancha, una revancha en la que el boxeador ruso podría bajar a la categoría natural de El Canelo para tratar de quedarse con sus cinturones… Habrá que ver si se hace realidad y en qué condiciones. Eso sí, me parece que Dmitry Bivol tendría más posibilidades de vencer a El Canelo en Supermedio que las que éste tuvo en la pelea del sábado pasado.

En cuanto al triunfador del Mutua Madrid 2022, comienzo diciendo que, en una colaboración previa, me había referido a él con estas palabras: “, todo parece indicar que el español Carlos Alcaraz —quien ocupará, a partir de esta semana, el lugar 11 en esa clasificación— trae consigo una luz que está llamada a seguir subiendo de intensidad, que tendrá una larga duración y que la veremos subir y subir en el corto y mediano plazo”.

Pues bien, después de verle vencer, uno tras otro a Rafael Nadal [#4] en cuartos de final; a Novak Djokovic [#1] en semifinales y a Alexander Zverev [#3] en la final y, no solo eso, sino contemplando la manera en que lo hizo, confirmo mis palabras acerca de que estamos ante una estrella naciente cuya luz ha aumentado de intensidad rápidamente, de manera que le ha hecho pasar, en cinco meses del #32 en la clasificación de la ATP al #6. Por una lesión en el tobillo, ha quedado fuera del torneo de Roma, pero volverá para el segundo Gran Slam del año: Roland Garros. Veremos si la intensidad de su luz sigue aumentando, o no.

Concluyo con las palabras que Alexander Zverev le dijo a Carlos Alcaraz en la entrega de los trofeos del Mutua Madrid: “Carlitos, yo creo que hoy eres el mejor tenista del mundo”.

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