Por José Luis Olimón Nolasco

Estas “palabras” surgieron, de manera un tanto inesperada, a propósito de la búsqueda de la dinámica religiosa en nuestro país, para la preparación de un curso de Filosofía de la Religión en la UAN… Las comparto aquí, en una primera entrega, con datos a nivel nacional.

Con un incremento durante la última semana de levantamiento de la información y con una inevitable reprogramación de las actividades de verificación, las cerca de 150,000 personas que realizaron las entrevistas del Censo Nacional de Población lograron obtener la información requerida en el 96% de las viviendas identificadas, lo que merece un especial reconocimiento a quienes hicieron posible que contemos con un amplio y detallado panorama sociodemográfico de nuestro país y de sus entidades federativas que no se ha limitado a recabar datos en los rubros que lo habían hecho los ejercicios de décadas anteriores, sino que ha ampliado su investigación a rubros como el equipamiento para almacenar agua, el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, la migración, la afrodescendencia y el grado de limitación o discapacidad.

Probablemente, “el dato” más buscado en un censo de población, desde un punto de vista estático —aunque, muy probablemente no sea el más relevante— es el número de habitantes y, junto con él, “el dato” más buscado, desde una perspectiva dinámica, tiene que ver con el aumento o decremento de esa población total.

Pues bien, de acuerdo con los datos publicados por el INEGI, la población total de nuestro país de acuerdo con el Censo Nacional de Población 2020, era de 126,014,024; un total de población 1.2% mayor a la del Censo 2010, simplificada en 112.3 millones de personas y casi diez veces mayor que la de 1895, que era de 12.7 millones. Con ese número de habitantes, México ocupa el 11° lugar entre las naciones más pobladas del mundo.

A pesar del indudable crecimiento del número de habitantes, la presentación del INEGI muestra un decremento significativo del crecimiento porcentual, ya que, mientras que el crecimiento de la población entre 1960 y 1970 fue de 3.4, en las dos últimas décadas el aumento porcentual fue de 1.4 entre el año 2000 y el 2010 y de 1.2 entre 2010 y 2020.

Desde el punto de vista de los sexos, el Censo 2020 muestra que en nuestro país el 51.2% de su población son mujeres y el 48.8 varones y que ese desequilibrio bastante equilibrado tiene sus límites en Oaxaca —la entidad federativa con mayor porcentaje de mujeres [52.2%]— y en Baja California Sur —la entidad federativa con mayor porcentaje de varones [50.8%]-.

Sin duda, otro de los datos relevantes de un censo de población, es el de la estructura de la población de acuerdo a la edad. En este punto, me llamaron poderosamente la atención un dato y una imagen. El dato: que la edad mediana de los pobladores de nuestro país era de 22 años el año 2000; de 26 en el 2010 y de 29 en el 2020, lo que habla de un país que aumenta su edad media de manera significativa década tras década; la imagen, esa que muestra la estructura de la población en una figura que semeja la parte superior de una torre de una mezquita o de un templo ortodoxo [lejos quedaron aquellas “pirámides egipcias” de la población mexicana] y que, si se proyecta hacia el futuro —como lo ha hecho ya el Consejo Nacional de Población, nos mostrará un aumento muy significativo de la población entre los 30 y los 75 años. Desde este punto de vista, el Estado de Chiapas se puede decir que es el “más joven”, con una edad mediana de 24 años, mientras la Ciudad de México, es la entidad “más vieja” con una edad mediana de 35 años.

Obviamente, sin el optimismo con que el ya lejano 1964 se celebró el nacimiento del habitante un millón en la ciudad de Guadalajara, los datos del Censo 2020, nos permite darnos cuenta que en 10 zonas metropolitanas de más de un millón de habitantes, reside el 37% de la población total de nuestro país. Solamente en la zona metropolitana de la Ciudad de México habitan cerca de 22 millones de personas, es decir, alrededor del 17% de la población total de nuestro país.

En temas de educación, salud, participación económica y religión, algunos datos puntuales.

El grado promedio de escolaridad fue de 9.7 años [9.8 en varones; 9.6 en mujeres], mientras en el año 2000 era de 7.5 y en 2010 de 8.6. La tasa de analfabetismo, por su parte, paso de 9.5 en el año 2000 a 4.7 en 2020, lo que, sin embargo, representa más de dos millones y medio de mujeres y cerca de dos millones de varones que no saben leer y escribir.

En cuanto al porcentaje de participación económica de la población, se pasó de un 49.3% en el año 2000 a un 62% en 2020, con un significativo aumento de la participación económica de las mujeres, que pasó del 29.9% el año 2000 al 49% en 2020.

En el ámbito de la salud, se encontró un total de 92 millones y medio de personas afiliadas a alguna institución de salud [incluyéndose aún la afiliación al Seguro Popular], un dato que revela que más de 32 millones de personas que no están afiliadas a ninguna institución de salud.

En cuanto a los rubros nuevos introducidos en el Censo 2020, se encontró un total de dos millones y medio de personas que se autorreconocen como afrodescendientes [2.0% de la población total]; poco más de 6 millones de personas con alguna discapacidad, un millón y medio de personas con algún problema mental y cerca de 14 millones con alguna limitación; el 77.6% de las viviendas afirmó contar con agua entubada en su vivienda [en el año 2000 era el 57.8%]; en cuanto a equipamiento y acceso a las tecnologías de la información y la comunicación, el 91.1% cuenta con televisor; el 87.6% con refrigerador; el 87.5% con teléfono celular, el 52.1% con internet…

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