Peloteo

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Por Heriberto Murrieta

Durante varios años, Maru Trelles revisó centenares de periódicos para darle forma a un nuevo libro de reciente aparición, en el que rinde homenaje a su adorado padre, el célebre Ignacio Trelles.

El resultado de su exhaustiva investigación es este trabajo descomunal, esmerado, abundante en datos, anécdotas, avatares, crónicas, críticas, reseñas periodísticas y cartones humorísticos sobre la figura del entrenador con más partidos dirigidos en la Primera División (1083) y el que más encuentros ha estado al frente de la Selección Nacional (117).

Maru navegaba en un mar de papeles, trasnochaba, leía y releía, jerarquizaba la información, trabajaba hasta quemarse las pestañas y me mantenía al tanto sobre los avances de su obra. A mí me conmovía su esfuerzo. Amor del bueno a su papá, el sabio de la San Miguel Chapultepec, que me dispensó con su aprecio desde los años noventa cuando lo invité a participar como comentarista en mi programa vespertino de Radio Fórmula. Puedo decir orgullosamente que Nacho Trelles fue mi amigo.

En sus últimos diez cumpleaños me recibió en su sala de la calle de Gómez Pedraza, a escasos metros del Bosque de Chapultepec, un paraje que le significaba mucho pues ahí, bajo los fresnos, empezó a soñar con ser futbolista. Yo le llevaba un pastel de chocolate de La Casita. Aquella se convirtió en una feliz costumbre anual. Cada 31 de julio, la dulzura del cacao, la genialidad de una mente brillante y la presencia cariñosa de Lety y Maru. ¡Ah, qué par de mujeres extraordinarias!

Tenemos pues, la publicación definitiva sobre el estratega tapatío. Su figura inconfundible se volvió un clásico de la cultura popular: piernas cóncavas, como las de un charro que acaba de bajarse del caballo (quizá el peso de las ideas dentro de la sesera algún día le arqueó las extremidades); la inseparable cachucha, la mirada pícara, el bigote ralo y bien cortado, las cejas pobladas, la nariz chata rematada por dos grandes boquetes, un universo donde nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira.

Observador juicioso, la mente astuta, terror de los árbitros, interruptor de juegos, enfriador de los contrarios, hielero de contiendas candentes, brujo de las malas artes y a la vez prohombre ético, disciplinado, íntegro y profesional.

El andar lento, las respuestas irónicas, el colmillo largo, las expresiones que parecen no decir nada y lo dicen todo. Agudo analista del balompié y de la vida, con una absoluta paz interior.

Fue para mí un honor abrochar este álbum extraordinario sobre la vida del santón del futbol mexicano, al que recordaré siempre con cariño, respeto y admiración.

Favoritos

Para mi gusto, Tigres es favorito para derrocar al campeón Atlas y llegar a la Final del futbol mexicano.

En la otra serie, el América debe imponerse al consistente Pachuca. Fernando Ortiz le dio un nuevo aire al conjunto amarillo, que ha ido de menos a más en la campaña.

Orilla

Dos excelentes actuaciones firmaron Joselito Adame e Issac Fonseca en la Feria de San Isidro en Madrid. Joselito tuvo un desempeño firme después de sufrir una pavorosa voltereta al inicio de la faena de muleta a su segundo toro. Voló por los aires y su cuello quedó totalmente doblado en instantes dramáticos que causaron estupor entre los espectadores.

Por su parte, Fonseca realizó un trasteo de alto nivel que malogró con la espada. A pesar de dos pinchazos, el público madrileño pidió la oreja que el juez no concedió. Pesadas lágrimas de frustración lloró el chamaco michoacano. Dio una vuelta al ruedo entre aclamaciones.

Lo malo es que, aunque ambos diestros nos emocionaron al máximo, nuevamente se quedaron en la orilla por sus fallas con el acero. Y esa losa sigue pesando cada vez que la torería nacional pisa la arena de Las Ventas.

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