Todo nayarita se siente heredero de Amado Nervo, aunque nunca haya leído uno solo de sus poemas pero recite de memoria En Paz, igual que canta Querida, de Juan Gabriel, ya entrado en copas.

De los políticos, ni hablar. Casi todos dicen adorarlo. Menos el irreverente y provocador Alejandro Gascón Mercado, quien declaró algún día no entender la pasión nervista de su hermano Julián: “Nervo es un poeta para señoritingos y quedadas”.

El que ha llegado más lejos en su obsesión por el poeta es Manuel Cota, alcalde de Tepic (2005-2008). En su administración sembró en toda una generación el deseo de hacerse cuñado de Amado Nervo, pero no pudo cambiarle el nombre a Tepic por Tepic de Nervo. Esta es parte de la historia:

Se propuso recuperar para Tepic la escultura de la hermana agua, pechos gallardos y altivos, cadera equina y trasero de penumbra, inspirada en el poema de similar nombre del tepiqueño. Pero poco afectos a las metáforas y las rimas, a quién le importaba que no fuera hermana de padre y madre del poeta, con esa hermana todos querían emparentar con Amado Nervo.

Tepic pudo tener su hermana agua por el cuidado de que fuera sorpresa para todos: se encargó a un taller de Guanajuato, con el escultor Andrés Castillo, para que la noticia no corriera antes de tiempo. En junio de 2007 fue develada en una glorieta frente a La Loma, presentes algunos intelectuales locales y Elena Poniatowska, que por la ciudad andaba. Al acceso al parque, sobre un muro se inscribió un fragmento del poema inspirador. Hoy no existe.

Pero aquello no fue suficiente: quiso darle otro nombre a Tepic. El cabildo le aprobó por unanimidad cambiárselo por Tepic de Nervo. Pero requería la aprobación del Congreso del Estado, donde la mayoría de los diputados pertenecían a su partido. Ahí la iniciativa se guardó en un cajón o se tiró a la basura, porque si bien eran de su partido no eran de su grupo político. No obstante, a muchos les gusta referirse a la ciudad como Tepic de Nervo, incluso en documentos oficiales.

“Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida…” se leía en el trayecto del aeropuerto de Tepic a la ciudad, donde concluía con el tan aprendido de memoria “¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!” Alguien quitó los letreros antes que los borrara el olvido.

Le recuerdo al ex alcalde su “obsesión” por Amado Nervo. Suelta la carcajada, desde la Ciudad de México. La misma carcajada que soltó cuando en Breverías le dije que esa intención de cambiarle el nombre a Tepic para agregarle el Nervo olía a naftalina.

Por él me enteraría que el Tepic de Nervo tenía entre mis amigos a fervorosos impulsores. Les hice una llamada para ofrecerles disculpas por mis ironías sobre el tema. “Yo creí que olía a jabón pinto”, me respondió Lourdes Pacheco.

Este martes Lourdes Pacheco coordina la Cátedra Nacional Amado Nervo titulada “Un discípulo de Amado Nervo: Ramón López Velarde”, con Marco Antonio Campos. En el anillo central de la Biblioteca Magna de la UAN.

Manuel Cota (es presidente de la Fundación Amado Nervo) ofrece contarme otra obsesión: Manuel Lozada. El que suelta la carcajada soy yo. Acordamos agendar una entrevista temática en una fecha cercana al aniversario luctuoso de nuestra versión nayarita de Chucho El Roto.

Sarcástico como Alejandro Gascón, el periodista Rogelio Plascencia me envía por mensajería digital un suplemento con la entrevista a Ana Clavel titulada “Nervo, precursor de Juan Gabriel”. Y a pie de imagen: “Yo no nací para amar… Nadie nació para mí”.

Y tan místico el tepiqueño, que un día como hoy, hace 103 años, musitó “Señor, ya sé que estoy muerto”.

Bien muerto don poeta, pero acá en tu “tierruca” hay muchos que insisten en que le des tu apellido y muchos otros, no tan místicos, que quieren ser tus cuñados.

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