Por Ernesto Acero C.

El Gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, ha realizado gestiones de la mayor trascendencia. Una de las más importantes tareas, se manifiesta en materia de salud, al convertirse el estado en la punta de lanza del programa IMSS-BIENESTAR, que es el inicio de la ruta hacia el Sistema Único de Salud.

Ahora, en palabras del querido amigo Toño Muñoz, el gobierno estatal podría dejar una huella de la mayor significación. En efecto, la actual administración estatal, de la mano del gobierno federal que preside Andrés Manuel López Obrador, puede hacer una obra trascendente. Me refiero a la construcción de un nuevo centro penitenciario estatal. Una obra así absorbería ingentes recursos financieros, aunque su realización es decisiva en materia de derechos humanos.

El actual presidio, data de fines de los años cincuenta del siglo pasado. Inició su construcción durante el gobierno de Francisco García Montero y las obras se concluyeron en el gobierno de Julián Gascón Mercado.

El penal de Tepic, grotesca e inexplicablemente denominado con el nombre del revolucionario Venustiano Carranza, está por cumplir sesenta años de haber iniciado sus operaciones.

Antes de ser “inaugurado”, lo que es actualmente Palacio de Gobierno, frente a la Plaza de los Constituyentes, servía como presidio. Eso significa que ni una ni otra edificación, fue construida para responder a las necesidades actuales. Lo que es Palacio de Gobierno fue diseñado para operar como penal, y el que es actualmente penal Venustiano Carranza, no fue diseñado para responder a los criterios que actualmente aplican en materia de reinserción social.

Construir un nuevo penal requiere de la capacidad de diálogo y de gestión por parte del titular del Poder Ejecutivo. El Gobernador de Nayarit, Miguel Ángel Navarro Quintero, ejerce el poder con mando firme. Sabe dialogar, sabe construir acuerdos y sabe gestionar. Esa capacidad de diálogo ya contribuye al desarrollo del estado. Por ese dialogo, de manera especial con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha logrado avanzar de modo claro y contundente, en materia de salud y ahora en el caso de un nuevo penal que requiere el estado.

Esa capacidad para construir acuerdos y para gestionar obras para bien de Nayarit, también será necesaria en materia penitenciaria. ¿De qué estamos hablando?

El penal de Tepic se localiza en una zona llena de centros educativos. Del mismo modo, la densidad de población es elevada en el entorno donde se ubica el penal de Tepic. Ese reclusorio o centro de reinserción social, no es útil para los fines que dispone la Constitución Federal.

Reinsertar requiere capacitación de los internos, para el trabajo, su educación, su salud, el deporte, entre otras cuestiones. El objetivo de reinsertar a los reclusos, es una utopía en las condiciones actuales.

No se trata de hacer de un penal un paraíso recobrado. De lo que se trata es solamente de cumplir con lo dispuesto en la Ley de Leyes. En serio, no se trata de construir un hotel de cinco estrellas para que quienes deben, cumplan con lo que claramente dispone la Constitución Federal.

Vale la pena citar textualmente lo que dispone la Ley Fundamental en su artículo 18, en su segundo párrafo: “El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley. Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados de los destinados a los hombres para tal efecto”. En el penal Venustiano Carranza eso es imposible.

El artículo 18 constitucional es la coraza de los derechos humanos para quienes no deben ser tratados como animales. El 22 constitucional, que prohíbe las penas inusitadas o trascendentales, también se vulnera al afectar dramáticamente a familiares y amigos de los reos.

De eso deriva la importancia de las gestiones del gobernador en esta materia. Las evaluaciones que realiza la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como el contenido de las recomendaciones emitidas por la Comisión Estatal de Derechos Humanos, durante la presidencia de Oscar Herrera López y de Huicot Rivas, nos describen las terribles condiciones que prevalecen tras esos muros.

El penal de Tepic es una herencia negra, nefasta que, por lo menos, carga con seis décadas con historias terribles. Menos de dos años después de haber iniciado sus operaciones, escapa de esas instalaciones Ruperto Beltrán Monzón, mediante un operativo criminal ejecutado a sangre y fuego. De ahí mismo provienen otras historias como la que costó la vida a varias personas, en el motín conocido como “El Zorrazo”.

La carnicería conocida como “Caso Zorros”, en el penal de Tepic, detonó el inicio de las obras para un nuevo penal. Ese reclusorio se empezó a construir un año después del hecho sangriento; era la administración de Celso Delgado. [Cabe mencionar que “El Zorrazo”, también fue utilizado con miserables fines “políticos” –o sea, anti-políticos–].

Las obras continuaron en la siguiente administración, la de Rigoberto Ochoa Zaragoza. La mala calidad de las obras fue la causa de que Rigoberto Ochoa denunciara hechos de corrupción. Solamente que el denunciante fue el regañado por sus declaraciones y las obras siguieron hasta el año 2000, ya con otro gobernante.

En el ejercicio del Poder Ejecutivo, desde 1999, estaba don Toño Echevarría Domínguez. Dado que las obras sencillamente se habían convertido en un problema para el estado, se optó por convenir con el Gobierno Federal de Vicente Fox, que el lugar fuese convertido en un penal federal. Las instalaciones de lo que iba a ser el nuevo reclusorio (que llevaría al cierre del penal Venustiano Carranza), se entregaron en 2001 al gobierno federal.

Tras la entrega de las instalaciones de lo que iba a ser el nuevo penal para Nayarit, se regresó al estado de origen. De nuevo, el estado regresó al punto cero en esa materia. En esas anda el estado de Nayarit. Ya no se encuentra Nayarit en las mismas condiciones que hace sesenta años, sino en muchas peores circunstancias.

Como lo plantea Rafael Gamboa, experto en esa materia, es deseable que el éxito corone las gestiones del gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero. Esa es otra de las huellas que podría marcar a la actual administración. Esa obra es viable y al parecer está en la agenda.

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