Si bien el primer duelo de la Final del futbol mexicano en Guadalajara fue bien jugado, no hay comparación con lo que vimos en la Final de la Champions, celebrada el sábado pasado en París entre el Liverpool y el Real Madrid.

Un arbitraje puntual sin tijeretear las acciones, jugadores de gran técnica individual, un silbante con autoridad y personalidad, cero marrullerías, cero teatralidad, partido fluido. Ningún jugador pretendió engañar al silbante ni se retorció en el césped, como sucede en todos y cada uno de los choques de la Liga MX, dueña absoluta de los encuentros entrecortados. Qué lejos está el nuestro del balompié de altura. 

Por lo que toca a lo futbolístico, el Real Madrid casi no atacó pero metió el gol del título europeo. Así de sencillo. ¿Es válido ganar de esa forma?, ¡por supuesto!

Segundo al hilo

El Atlas de Guadalajara resistió los ataques del Pachuca y se coronó campeón del futbol mexicano con todo merecimiento.

Tardó setenta años en salir campeón y ahora lleva dos títulos en forma consecutiva. Los rojinegros están recuperando el tiempo perdido.

Nuevamente fue Julio Furch el encargado de anotar el penalti decisivo. Fue en la primera parte, luego de que el árbitro Fernando Hernández había dejado de señalar otro en favor del Pachuca, optando por inventar un inexistente fuera de lugar de Romario Ibarra.

Amén de esas pifias, es menester mencionar la terrible forma de perder tiempo del juez y los tortuguescos “varistas”, rompiendo el ritmo de un encuentro tan importante.

Ni qué decir del vergonzoso episodio, impropio de una liga que se supone aspira a ser relevante, de las fallas en los aparatitos de intercomunicación que retrasaron el inicio tanto del primer tiempo como del periodo complementario. Vergonzoso. Todo esto, sin contar la tolerancia del arbitraje con los reclamos, a lo largo de todo el partido, del técnico Guillermo Almada, y el permanente diálogo del cuarto árbitro Fernando Guerrero con el timonel sudamericano.

De nada sirvieron los golazos tuzos, uno del propio Romario en una veloz internada en el alborear del juego, y otro de cabeza, soberbio, del argentino Ibáñez, en la recta final de la primera mitad.

Suspenso

A pesar de la fuerte amenaza prohibicionista y de la tempestad que se cierne sobre la Fiesta de los toros, no seré yo quien se esconda y niegue la cruz de su parroquia.

Antes al contrario, como miembro de una minoría perseguida buscaré argumentos para defender la tauromaquia hasta que eventualmente se acabe imponiendo la humanización de los animales o se convierta en un evento de puertas adentro. 

Por lo pronto, este jueves 2 de junio será el día clave. Se decidirá si la suspensión provisional de la actividad en la Plaza México se desecha o se vuelve definitiva. Las corridas penden de un hilo en la capital de la República Mexicana.

El bando taurino asegura tener todos los elementos constitucionales para echar para atrás el amparo promovido por una asociación civil. Ya lo comentaremos en este espacio en el Meridiano.

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