Por José Luis Olimón Nolasco

El ya lejano año 2005, el Consejo Consultivo de UNICEF México, el Observatorio Ciudadano de Políticas de Niñez, Adolescencia y Familias y UNICEF, teniendo como horizonte “un México donde todas las mexicanas y mexicanos —no solo algunos privilegiados— ejerzan su derecho a vivir una vida digna desde el comienzo”, se dieron a la tarea de desarrollar unos índices capaces de mostrar el avance en el bienestar de la niñez mexicana a partir de una situación inicial, la cual quedó plasmada en tres documentos con el título “Vigía de los derechos de la niñez mexicana” [Los primeros pasos, de 0 a 5 años; La edad escolar, de 6 a 11 años y La Adolescencia, de 12 a 17 años]. En el editorial del documento sobre los primeros años, se afirmaba que se difundirían tres informes anuales, uno para cada una de las etapas en que se había dividido la niñez.

En el caso del que se ocupan estas “palabras”, a saber, “los primeros pasos, de 0 a 5 años”, en el documento mencionado, se eligieron tres derechos y algunos indicadores en cada uno de ellos —el derecho a vivir, con los indicadores de mortalidad de menores de 5 años y mortalidad materna; el derecho a crecer saludable y bien nutrido, con los indicadores de desnutrición y muerte por desnutrición antes de los cinco años; y el derecho a la educación, con los indicadores de analfabetismo materno e inasistencia escolar—, convertidos a cifras numéricas que se pudiera utilizar para detectar avances y retrocesos.

En ese primer y único informe se podía apreciar un avance consistente a nivel nacional en el índice de cumplimiento de los derechos de la primera infancia en nuestro país entre 1998 y 2003 que fue el periodo analizado, pasando de un cumplimiento del 4.68 a un 5.71, eso sí, con unas diferencias muy grandes entre el Estado de Nuevo León, con un cumplimiento del 8.10 y el Estado de Guerrero, con un cumplimiento del 2.90.

El año 2018, UNICEF México publicó un documento amplio denominado “Los derechos de la infancia y la adolescencia en México”, en el que, entre otros temas, presenta un análisis de los derechos de cero a cinco años, desde una perspectiva distinta que, sin embargo, permite tomar nota del cumplimiento de los derechos elegidos para medir el índice de “los primeros años”.

En relación con la mortalidad materna, se puede leer que, a pesar que entre 1990 y 2015 la mortalidad materna había disminuido de 88.7 a 34.6 defunciones maternas por cada 100,000 nacidos vivos, si se considera que la meta para 2015 era de 22.2, se puede afirmar que México no pudo alcanzar la meta propuesta en los Objetivos de Desarrollo del Milenio [ODM]. En cuanto a la mortalidad en menores de cinco años, se había pasado de 41 a 15.1 muertes por cada mil niños nacidos vivos y en menores de un año, de 32 a 12.5, sin indicar si se alcanzó o no la meta propuesta en los ODM. En el caso de la desnutrición, se sostiene que seguía adelante la tendencia decreciente iniciada en la década de los noventa, con un pequeño repunte en relación con el bajo peso en 2015 [2.8%] y con la prevalencia de desnutrición por baja talla que se mantiene elevada [12.4%]. En el ámbito educativo, más allá del avance en la cobertura de la educación inicial, se hace una afirmación contundente: “En general, son muy pocos los niños y niñas que presentan un desarrollo cognitivo adecuado: únicamente 23.9%”. Como se puede sospechar, en todos estos casos, las diferencias regionales y sociales son más que significativas.

Todo lo anterior, para llegar a la reciente publicación de un nuevo “Sistema de indicadores de primera infancia. México” [SIPI México] elaborado por el Early Institute, un “think tank” mexicano dedicado a incidir en políticas públicas para proteger los derechos de la primera infancia. Este SIPI México “permite conocer la situación de las niñas y niños desde una visión estadística, desde un enfoque de los derechos establecidos en la LGDNNA y también desde la visión de los ODS firmados por México y la Agenda 2030.

El documento —del que se retoman aquí solo el balance de la situación actual relacionado con los rubros antes mencionados: el derecho a vivir, el derecho a crecer saludable y bien nutrido y el derecho a la educación— informa que en 2018, la mortalidad materna seguía siendo prácticamente igual que en 2015 [34.55X100,000], siendo que la meta por alcanzar en 2015 era de 22.2; la mortalidad de menores de cinco años de 15.24X100,000 y la mortalidad de menores de un año del 12.92X100,000, muestran, incluso un retroceso en relación con las tasas de 2015.

En relación con la desnutrición, en el documento del “Early Institute” se habla, con datos 2018-2019, de un 4.8% de menores de cinco años con bajo peso y de un 14.2% de menores de cinco años con baja talla, lo que muestra, en ambos casos, un retroceso en relación con los datos de 2016.

En el tema educativo, con datos del periodo 2019-2020, se informa que solo un 3.8% de los niños y las niñas de 0 a 2 años 11 meses estaban inscritos en algún tipo de institución de educación inicial. Por otro lado, subraya que, desgraciadamente, en nuestro país “persiste la costumbre de que los cuidadores eduquen y disciplinen a sus hijos e hijas con métodos de disciplina violenta, por lo que aún no se ha logrado tener un cuidado cariñoso y sensible en la primera infancia”.

Esperemos que esta vez sí se dé continuidad a este Sistema de Indicadores de Primera Infancia rumbo a las metas 2030 de los ODS, y, sobre todo, que las metas propuestas se puedan alcanzar porque de su consecución depende la posibilidad de una vida cada vez más digna desde el comienzo y, con ella, la posibilidad de revertir otras injusticias y desigualdades.

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