Al Dr. Antonio Sandoval Pazos

Por Manuel Salinas Solís

Solían llamarse  “golondrinos” a los nacidos en el Estado, que habiéndose ido a vivir a otra parte  regresaban al terruño sólo de cuando en vez, fuera por vacaciones, saludar a la parentela que aquí quedaba o atender algún asunto o negocio pasajero. El calificativo sin embargo operaba para designar especialmente y de paso tratar de descalificar, a quienes guiados por una ambición política, retornaban “a la aldea” precisa y casualmente, sólo cuando se acercaban elecciones  preferentemente federales y por ello se dejaban ver por estos rumbos. Con ese fin todo se valía, lo mismo  una fiesta, que la feria patronal  del lugar y la coronación de la respectiva reina,   el velorio de algún vecino a quien se le hubiera o no tratado, o  hasta el bautizo de alguna criatura futuro ciudadano votante. Fulano se decía, “ya se anda placeando como cada tres o seis años” según fuera el tamaño de la ambición de que se tratara es decir, se andaba  dejando ver en la plaza, en los mercados y “en todo lugar” como decía la antigua oración aprendida en la niñez. 

Pero el término golondrino sólo refería en realidad a una mera especie de lo que podríamos llamar el género. El género en tal caso sería el de  nayarita “transterrado” – ido o llevado a otra tierra-  Las razones para emigrar del Estado eran entonces –décadas 60s 70s- y hoy también  lo siguen siendo, muy variadas. Sin embargo las más frecuentes eran el encuentro de mejores oportunidades de empleo, la búsqueda de la salud perdida y la esperanza de recobrarla en alguna otra parte donde se contara con instituciones médicas especializadas de mejor nivel, etc., etc.

La legítima ambición  de seguir una carrera universitaria  –hoy inusitadamente ridiculizada-  y con ello aspirar a  tener una mejor forma de vida, era en aquellas épocas una de las más socorridas razones para emigrar a otras partes, especialmente a la ciudad de México, a la cercana Guadalajara o al norte generalmente a Monterrey.

La UNAM, el IPN, la en ese entonces Escuela de Agricultura de Chapingo, el Tecnológico de Monterrey, o la Universidad de Guadalajara, fueron algunas de las más importantes instituciones educativas que abrieron sus puertas a muchos jóvenes nayaritas y que al terminar sus carreras, continuaron especialidades, maestrías y doctorados, allá iniciaron el ejercicio profesional y terminaron también  radicando y formando allá sus propias familias. Este fenómeno se atemperó cuando en los tiempos del presidente Echeverría comenzaron a crearse la mayoría de las universidades públicas estatales. El caso de Nayarit fue poco antes. En las postrimerías del diazordacismo  y el gobierno del doctor Gazcón Mercado.

Muchos de aquellos jóvenes regresaron a su tierra pero otros muchos ya no lo hicieron. Se quedaron sobre todo en las ya citadas ciudades donde las colonias de nayaritas radicados en ellas comenzaron a ser muy numerosas. En Tijuana está hoy quizás la más nutrida.

Estos grupos de paisanos nuestros radicados en muchísimas partes, hablo de los que lo hacen en diversas ciudades de nuestro país, pero incluyo por supuesto, a quienes viven  en el extranjero y a los que llamo nayaritas de la diáspora. Ellos son me consta,  tal vez porque la distancia de la tierra natal exacerba el sentimiento e idealiza en extremo el recuerdo de la patria chica, ellos son subrayo la idea, tanto o más apasionados de Nayarit que nosotros “los nayaritas locales”.  Ellos que por consecuencia de contrastar a diario el modo vertiginoso casi mágico en algunos casos, en que han crecido y progresado esas ciudades y esos estados en donde buscaron y obtuvieron refugio, se han preguntado  por años y años con un dejo de desencanto. Que le pasa a Nayarit?  Con  tanta potencialidad y riqueza como la que tiene, porqué continúa rezagado? Porqué, como alguna vez dijera uno de nuestros gobernadores, “vamos en el cabús del tren de la república”?.  

Por eso y así lo dijeron públicamente durante la reciente visita que varios grupos avecindados en diversas ciudades norteamericanas, hicieron  a Nayarit. Por eso repito, ellos dijeron que  entienden y simpatizan con  la vehemencia del gobernador Navarro  cuando habla de “levantar a Nayarit, el gigante dormido”. Ellos perciben con claridad  que las cosas en el Estado ya no pueden continuar de la misma manera y que ha llegado el esperado momento de hacer a un lado obstáculos e intereses que por lustros lo han tenido atorado. El apoyo de la república aunado a la inteligencia y audacia políticas  del timonel local, son una oportunidad estelar para Nayarit que no debemos desperdiciar por meros reconcomios de grupos, partidos o personales banderías.  Sería trágico para todos que la  indecente terquedad por mantener viejos cotos de poder, insista en bloquear el camino. La fuerza de la gente y la legitimidad de sus pretensiones sociales ya nadie podrá contenerla. Lo inteligente política y éticamente será obedecerla. Lo contrario asoma peligroso.     

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