El jueves pasado se realizó la ceremonia de la segunda investidura del Salón de la Fama del tenis mexicano en el Club France de la colonia Florida de la Ciudad de México. Excelente iniciativa de Armando Baraldi para galardonar a las grandes figuras del llamado deporte blanco de nuestro país.

Fue un evento súper emotivo, donde se reconoció especialmente la brillante trayectoria de Nancy O’Connell, maestra de miles de alumnos agradecidos que le tributaron aclamaciones cariñosas.

La investidura, que tuve el gusto de conducir al lado de Rodolfo Vargas, se dividió en seis grupos: tenistas de diferentes épocas, másters, entrenadores, capitanes, promotores y tenistas extranjeros sobresalientes radicados en México.

Entre otros, entraron al Salón de la Fama tenistas de la talla de Joaquín Loyo Mayo, Marcelo Lara, Agustín “Bebé” Moreno, Melissa Torres, Luis Enrique Herrera, Angélica Gavaldón, Luis Baraldi, Eduardo Vélez y Alejandro “El Güero” Burillo, impulsor del Abierto Mexicano de Tenis, que está próximo a cumplir 30 años bajo la organización del incansable Raúl Zurutuza.

El año pasado habían ingresado jugadores como Rafael “Pelón” Osuna, Yola Ramírez, Pancho Contreras, Vicente Zarazúa, Leonardo Lavalle, Jorge Lozano y Pancho Maciel.

Tristeza

Falleció en Aguascalientes el novillero y empresario Jorge Delgado “Evodio”, todo un personaje del mundillo taurino hidrocálido.

Mi comadre Shirley me lo adelantó: “Tu compadre tiene 53 años pero ahora parece de 70”. Jorge tenía tumores inoperables en la cabeza. Llevaba 6 meses en un estado anterior al coma, rodeado de neurocirujanos, escuchando entre sueños opiniones médicas pesimistas, entreabriendo los ojos, arropado por el infinito amor de su familia. Coma y cama, paralizante combinación.

Shirley no exageró en su cálculo. En efecto, se le vinieron años encima a “Evodio”, como bautizaron en la primaria a Jorge Delgado. “Reacciona cuando le hablamos con fervor”, me decía Shirley, una mujer de fe, aferrada, admirable, que nunca perdió la esperanza de ver recuperado a su “Panzón”, ese hombre entrañable, lleno de pecas en la cara, ocurrente y bueno, mi compañero de andanzas en el mundo del toro. Hace algunos años, cuando me pidió ser padrino de bautizo de Jorgito en Aguascalientes, se fortaleció para siempre nuestra amistad.

Entre hidrocefalias, biopsias y fiebres pasó “Evodis” sus últimos días. Pero ya descansa. Recordaré siempre a mi querido compadre.

Ojo clínico

En un país netamente futbolero donde surgen jugadores de calidad que llegan a perderse en la nebulosa del anonimato, brilla la figura de José Luis Real, verdadero hallador de talentos, fabricante de estrellas. Con ojo clínico, “El Güero” no solo ha descubierto diamantes en bruto sino que ha trabajado arduamente para sacarles brillo a lo largo de muchos años, tanto a nivel de clubes como de selecciones juveniles.

Destacado entrenador que llevó a las Chivas a una Final de Copa Libertadores, apasionado de la táctica, figura escrupulosamente institucional, hombre probo de excelente trato, Real es uno de esos personajes con los que el balompié mexicano debe sentirse profundamente agradecido.

Próximamente aparecerá el libro “Un Formador Real”, realizado por Enrique León Candiani, con una reseña completa sobre José Luis, que recientemente cumplió 70 años de edad.

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