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Volantín | Lo que se viene en Morena

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Por Salvador Cosío Gaona

Al interior de Morena se aproxima una lucha, una guerra descomunal por la candidatura a la presidencia de la República entre las llamadas corcholatas y sus respectivas huestes que desde ahora podemos anticipar arrojará muchas más fracturas de las ya existentes, y una mayor disputa y división que seguramente jugará a favor de la oposición.

 Para darnos una idea de lo que se viene, citaré la publicación en twitter que hace un par de días llamo mi atención. Un texto de la muy polémica y controvertida diputada federal de nombre María Clemente García, quien se hace llamar “Gatúbela”, en el que se lee:

“¿Adivinen qué Jefa de Gobierno ha devuelto 10 mil millones de pesos a la Federación mientras el metro se cayó y se sigue cayendo?

#ConMarceloSí”

 Y esto solo es el principio, porque teniendo al propio presidente de la República como generador e impulsor de la competencia por la candidatura de Morena a la presidencia de México, se ha desencadenado una cerrada pelea entre los aspirantes que todavía ni siquiera alcanzamos a dimensionar lo cruenta que puede resultar esa carrera en que Andrés Manuel López Obrador los colocó y que puede dejar daños inconmensurables tanto para los competidores como para el propio Movimiento de Regeneración Nacional.

 Seguramente López tuvo sus razones para anticipar la sucesión presidencial al interior de Morena, y de alguna manera provocar que los corazones de los suspirantes de la oposición comenzaran a latir aceleradamente detonando en que quienes también sueñan con colocarse la banda presidencial se animaran a levantar la mano para destapar sus aspiraciones. Pero de eso hablaré en otra ocasión.

 El asunto es que Andrés Manuel puso a correr el cronómetro anunciando primero una larga lista de posibles candidatos para luego pulirla y reducirla a solo tres; la favorita Claudia Sheinbaum, Jefa del Gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard Casaubón, Secretario de Relaciones Exteriores; y Adán Augusto López, Secretario de Gobernación. Ahí, de entrada, lanzó un dardo envenenado al corazón del senador Ricardo Monreal, quien en ningún momento ha titubeado en su declarado interés de ser el candidato por Morena. Pero siendo el ex gobernador de Zacatecas un viejo lobo de mar, lo tomó con ironía y luego de manera sarcástica, pues cuando estuvo de visita en Jalisco, afirmó ser “el arma secreta” del presidente. “El tapado”. 

 Pero de entonces a la fecha, contrario a despuntar de la manera en que se proclamó, las fricciones y desencuentros con el presidente han ido en aumento, particularmente desde el momento en que la gobernadora de Campeche, Layda Sansores, se decantó por perseguirlo y en un contexto de ilegalidad, alevosía, ventaja, complicidad y una serie de artimañas, -muy seguramente siguiendo instrucciones de Palacio Nacional y haciendo uso de los sistemas de espionaje que dispone la nación-, atacarlo con un odio desmedido como si no se tratase de un compañero del partido, un aliado de Andrés Manuel, un cofundador de su Movimiento, un integrante destacado de la Cuarta Transformación, y el Coordinador de los senadores de Morena en la Cámara Alta. 

 Layda lo ha desconocido y atacado ferozmente. ¿Y que ha hecho el presidente al respecto? Nada. 

Opinó que no afecta esa riña al partido aunque les hizo un llamado de atención a ambos porque dijo, “es de mal gusto” (la pelea).

 Monreal ha respondido en el marco de la legalidad en contra de la mandataria al interponer un recurso judicial. 

 Pero por más que recuerda con nostalgia la travesía que inició hace un cuarto de siglo codo a codo con Andrés Manuel y que ha dicho “nunca confrontaré al presidente”, no se puede soslayar el duro mensaje que envió hace un par de semanas cobijado por alrededor de 90 senadores de partidos diversos cuando criticó la “vulgar ambición desmedida” que se ha apoderado de Morena. Y afirmó que “usar los medios de comunicación oficial, usar el dinero, usar las redes controladas por el gobierno y los simpatizantes, usar los programas sociales para destruirnos, no era por lo que luchamos, al menos yo como fundador. Si van a atacarme para destruirme, que comiencen, porque les va a costar trabajo”.

 En esta competencia originada por López Obrador, queda un muy largo tramo por recorrer.

 Apenas hemos visto a las Corcholatas transformarse en youtubers; haciendo lo impensado por ganarse la atención del electorado, por mostrar al jefe que pueden generar más ‘likes’ en redes sociales que sus contrincantes, que pueden lo mismo comer tacos en la calle que usar ropa deportiva y saltar en un mini trampolín como Sheinbaum, o pintarse la cara por el Día de muertos, y mezclarse con los aficionados al fútbol y brincar con ellos en Qatar tal como lo hizo Marcelo Ebrard. Ambos han optado preferentemente por usar el Tik Tok a fin de estar subiendo videos a la red para procurar acercarse a un nicho de jóvenes, de ahí que prácticamente estén convertidos en payasos.

 La estrategia de Adán Augusto en cambio, ha sido generar polémica con actitudes tan estridentes como las que utiliza su propio jefe. Por ejemplo,  cuando afirmó que los mexicanos del sur son más inteligentes que los del norte, o cuando lanzó varios dardos contra gobernadores de la oposición, acusándolos de permitir “baños de sangre” y llamándoles “hipócritas y egoístas”. Todo ello bajo su investidura de Secretario de Gobernación, que tiene entre algunas de sus funciones la de fomentar la convivencia, la armonía, La Paz social y coadyuvar en las Relaciones del Poder Ejecutivo. 

 Pero reitero, aún no hemos visto nada o muy poco, de lo que puede desencadenar la cruenta lucha por ganar la candidatura. Si acaso alguna que otra sencadilla o empujoncito para hacer trastabillar al de al lado. 

 Pero conforme se acerque el momento en que Andrés Manuel habrá de tomar la determinación y decantarse por alguno de los competidores para impulsarle como candidato de su partido, entonces sí tendremos que prepararnos para ver ese demoledor enfrentamiento.

 Todos y cada uno de los involucrados tienen sus “cadáveres”, unos en el closet y otros a la vista de todos. Sus pecados también son muchos del dominio público pero seguramente habrá bastantes otros que estamos por conocer. 

 No tengo idea de qué tanto Andrés Manuel López Obrador podrá lograr que no se desborden las pasiones entre los competidores, quiero decir, las Corcholatas, -como él mismo bautizó a los aspirantes a la candidatura-. 

 No sé si podrá evitar los golpes bajos, los puntapiés, los jaloneos, las mordidas. No sé si en algún momento pueda llegar a descalificar a alguno. Tampoco podemos saber si está consciente de que esa feroz lucha puede eventualmente favorecer a quienes resulten ser candidatos de la oposición o abanderado de la alianza, -la cual seguramente habrá de conformarse en algún momento-. 

 Opinión.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1 

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