Por Michal Robert Warych

El estilo de vida ha cambiado de forma abrumadora en las últimas décadas, y no es casualidad esto, el abrumador crecimiento de los medios de comunicación ha incorporado en nosotros un sinfín de conductas provenientes de todas partes del mundo, ahora es más fácil que nunca el transmitir una idea nueva, hacer que se desarrollen nuevas tendencias y formas de pensar, popularizar una nueva moda, incluso nuevas formas de lenguaje.

Más esto mismo trae consigo un problema muy grande, la gran disminución del criterio, esa falta de analizar las acciones propias puesto que fácilmente se vuelven aceptadas por las masas a manera de doctrina, ya sea consciente o inconscientemente. Una de estas actitudes es la incentivación de ir a terapia psicológica, y no se me malentienda, la psicología es un hecho, esto es indiscutible, pero se ha dejado de comprender el significado de esta y se la ha tomado por religión. El humano es una especie compleja y sumamente adaptativa, suprimir factores tan importantes como las emociones negativas, la incomodidad o la duda puede llevar a convertirlo, a lo largo de los años, en un mero títere (en donde el titiritero es el propio terapeuta y la autoayuda). ¿Cómo se relaciona la psicología con esto? Simple, los medios de comunicación han popularizado la idea de que ir con un profesional de la salud mental es indispensable en la vida de cada persona adulta, independientemente de su condición, lo cual da lugar a una masiva supresión de lo ya mencionado antes, lo cual, a mi opinión, nos hace humanos. Una persona que ha sido invadida por el espíritu de esta tendencia en la mayoría de las veces deja atrás una parte importante de su personalidad, e inconscientemente trata siempre de elegir la opción que crea más “sana” para sí y los demás (según la definición de cada individuo, esto puede convertirse en una cárcel mental de gran tamaño), convirtiéndose en una obsesión y creando un resentimiento interno por perder la capacidad de lo espontaneo, así como la de tomar elección.

No olvidar tampoco que esto es un negocio para los que lo ejercen, por lo que el crecimiento de esta idea no puede ser más beneficioso para algunos de los profesionales que, lejos de invitar a su paciente a que se auto-descubra y confesarle que tales actitudes son “normales”, incluso invitan a su paciente completamente sano a acudir con un psiquiatra.

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