A pesar de los recortes presupuestales que han cancelado algunas de las encuestas que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía había venido realizando conforme a una periodicidad programada, la Encuesta Nacional de Seguridad se ha seguido levantando de manera trimestral, lo que le permitió a ese organismo público autónomo que se puede contar entre los que han sido más respetado o menos atacados en su autonomía durante la presente administración ofrecer, en su comunicado de prensa 21 del presente año, los resultados de la ENSU del cuarto trimestre de 2022.

Como era de esperarse, en esos resultados no parece haber cambios significativos en relación con los de trimestres anteriores: la percepción —no olvidar que se trata de una encuesta que tiene que ver con percepciones— de inseguridad urbana en nuestro país en la coyuntura del final de undécimo mes y del inicio de duodécimo en las 75 ciudades de interés en las que se levantó la encuesta, el 64.2% de la población mayor de 18 años consideró que es inseguro vivir en su ciudad.

Por supuesto que ese porcentaje, tomado de manera aislada, aunque muestra que más de la mitad de los habitantes de esas ciudades se siente insegura en ella, no es capaz de mostrar la dinámica de esa percepción y deja abierta la pregunta ¿la percepción de inseguridad ha mejorado o empeorado?

Dicha pregunta es respondida en el Comunicado de Prensa antes mencionado, en donde se puede leer que ese 64,2% “no representa un cambio estadísticamente significativo con relación al porcentaje registrado en septiembre de 2022” [64.4%], pero sí “con respecto a diciembre de 2021” [65.8%]. Y si se contempla el gráfico que contempla la dinámica de percepción de inseguridad desde 2013, se puede ver que los porcentajes más altos se alcanzaron entre 2017 y 2018.

Como suele hacerlo, su comunicado se inicia con tres puntos que pueden considerarse de los más relevantes:

El ya mencionado 64.2% de la población mayor de edad que consideró inseguro vivir en su ciudad.

El desglose por género de esa percepción. Ese 64.2% está compuesto por un 69.9% de mujeres y un 57.4% de varones.

La mención de las seis ciudades con un mayor porcentaje de su población adulta que considera inseguro vivir en ellas: Fresnillo, 97.7%; Zacatecas, 93.3%; Irapuato, 92.6%; Naucalpan de Juárez, 89.7%; Ecatepec de Morelos, 89.6% y Ciudad Obregón, 89.2%.

¿A dónde nos llevan estos datos? A regiones del país —Zacatecas, El Bajío y Sonora— en que los niveles de violencia han venido siendo muy altos, y a la periferia de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México [Naucalpan y Ecatepec], en donde las fuentes de esa percepción de inseguridad muy probablemente son distintas.

No habría estado mal —aunque fuera para hacer menos impactante la lectura de esos datos, detrás de los cuales está el temor, el miedo y hasta el pavor de más de 60 millones de compatriotas que consideran inseguro vivir en sus ciudades— que en ese espacio se hubiera incluido un cuarto punto relevante: el de las ciudades cuyos habitantes consideran que no es inseguro vivir en sus ciudades, o mejor aún, que consideran que es seguro vivir en ellas.

Y, aunque no aparecen en el encabezado del comunicado, un poco después, presenta las seis ciudades en las que la percepción de inseguridad es la más baja: San Pedro Garza García, 8.1%; Los Mochis, 15.0%; Benito Juárez, 19.4%; Los Cabos, 20.9%; Tampico, 22.1% y Cuajimalpa de Morelos, 22.3%.

No sé si a quien lea esto le llame la atención —como a mí— que en esa lista aparezca la ciudad de Los Mochis y la Alcaldía Benito Juárez de la Ciudad de México…

¿Y de Tepic, “la ciudad que sonríe”? ¿Qué nos dice la ENSU del último trimestre de 2022? ¿Ha mejorado o empeorado la percepción de sus habitantes en relación con la inseguridad?

Por lo pronto, nos puede tranquilizar y hasta esbozar una sonrisa, que nuestra ciudad capital no aparezca entre las seis ciudades con una percepción más alta de inseguridad, pero también intranquilizar y hacernos sentir cierta dosis de inquietud el que tampoco aparezca entre las ciudades cuyos habitantes consideran menos inseguro vivir en ellas.

En el Cuadro 1 del comunicado, se puede empezar a responder las preguntas acabadas de plantear: de acuerdo con la ENSU del último trimestre de 2022, casi cuatro de cada diez [39.3%] personas adultas que viven en Tepic, consideran que no es seguro vivir en la tierra de Nervo y Escutia. Y no solo eso, sino que se puede responder que la percepción de inseguridad entre septiembre y diciembre de 2022, empeoró significativamente, ya que pasó de un 32.3% al 39.3% del levantamiento más reciente. En cambio, si se compara esa percepción, con la del año anterior, se detecta un aumento menor ya que en diciembre de 2021, ese porcentaje era de 37.4%.

Eso sí, si comparamos esos porcentajes —todos ellos entre el 30 y el 40 por ciento— con los porcentajes nacionales —entre 60 y 70 por ciento— y con los de las ciudades con los porcentajes más altos de percepción de inseguridad, podemos respirar con cierta tranquilidad y hasta sonreír, pero si los comparamos con San Pedro Garza García o con la ciudad natal de Don Alfonso Humberto Robles Cota, esa sonrisa, muy probablemente, desaparecerá.

Aunque lo que hasta hace poco se conoció como Nuevo Vallarta y, en algún otro momento como Riviera Nayarit, no aparece entre las 75 ciudades relevantes para el levantamiento de la ENSU, puede ser relevante, explorar los datos de la percepción de inseguridad en Puerto Vallarta…

De entrada, un aumento significativo en la percepción de inseguridad, durante el último trimestre del año 2022: en septiembre era del 28.8% y en diciembre, de 34,6%, y mayor aún, si se compara con el 26.6% de diciembre de 2021.

Un último dato general de la ENSU del último trimestre de 2022 que quisiera mencionar en estas “palabras” es el que tiene que ver con los espacios físicos específicos en que la percepción de inseguridad alcanza sus porcentajes más altos.

En primer lugar, los cajeros automáticos localizados en la vía pública, en donde la percepción de inseguridad alcanzó un 74.3% [un poco mayor que el 73.6% del año anterior]; el transporte público, con un 67.1% [67.4% en 2021]; los bancos, con un 58,9% y las calles que habitualmente se usan, con un 57.0%. Con perspectiva de género, esas percepciones de inseguridad alcanzan, en las mujeres, el 80.2% en los cajeros; un 72.1% en el transporte público, un 66,5% en los bancos y un 60.7% en las calles habitualmente recorridas…

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