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lunes, abril 15, 2024
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El papel de las ideas en la función pública

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Por Ernesto Acero C.

POLÍTICA, VOCACIÓN DE SERVICIO: DEMAGOGIA, RECURSO DE SAQUEADORES.

El papel de las ideas es crucial en la actividad política. Esas ideas se pueden analizar en el contenido de los mensajes, en los discursos de los protagonistas de la vida pública. La presencia de ideas ha sido tema de análisis tanto en el Presidente Andrés López Obrador, como en el Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero. En ambos casos, se ha ponderado la importancia de un pensamiento social, de una concepción de la política como arte y ciencia que da orden y concierto a la vocación de servicio, a la voluntad democrática.

Las ideas que mueven la acción política pueden analizarse, ya sea por lo que se dice o por lo que se calla. Es importante el análisis de las ideas que se expresan en los discursos, porque eso es lo que nos puede orientar sobre el rumbo que puede tomar un gobierno. En ocasiones, la ausencia de una visión social del gobierno, nos advierte de una vocación o formación autoritaria. En algunas ocasiones, en lo que se calla puede percibirse una intención retorcida.

El papel de los intereses personales es fundamental para comprender la dimensión de la politiquería. Esos intereses personales se ponen de relieve por la vía de la demagogia, que lleva a hablar mal de los perros frente a los gatos, y frente a los perros, hablar mal de los gatos.

La demagogia nos muestra a los que pretenden ganar adeptos mediante el engaño, mediante la mentira y la simulación. El demagogo, a final de cuentas, engaña a perros y gatos, se burla de tirios y troyanos, da gato por liebre y solamente actúa para su beneficio personal. Eso lo sabemos a ciencia cierta los nayaritas, que hemos tenido gobernantes demagogos, mentirosos, que han utilizado el poder para amasar enormes fortunas. Los intereses personales no son vocación política y se ocultan en ideas que realmente no se profesan.

La relevancia de las reflexiones formuladas una y otra vez tanto por López Obrador como por Navarro Quintero, son pertinentes en todo momento. En la presente coyuntura, en la que los nayaritas observamos como se procesa a personajes relevantes de la vida pública, uno puede preguntarse ¿y dónde estaban las ideas, los discursos, las promesas, la oferta de esos que ahora ven el sol a rayas, de esos que no aparecen por ningún lado o de aquellos otros que andan a salto de mata?.

Los nayaritas han sido víctimas, una y otra vez, mártires que han soportado a demagogos y a políticos “improvisados” y procesados por la publicidad engañosa. El resultado es devastador: fortunas inmensas en manos de ex gobernadores y de funcionarios que se sirvieron con la “cuchara grande”. Las comillas que adornan el adjetivo “improvisado” tienen razón de ser y a final de cuentas nos convencen de que no había formación política en esa persona.

El diccionario nos dice que el adjetivo “improvisado”, tiene un significado: “Dicho de una persona o de una cosa: Que cumple o tiene una función para la cual no estaba prevista”. En efecto, algunas personas (creo que la mayoría) que han ocupado la silla presidencial o la titularidad del Poder Ejecutivo estatal, no estaban previstos para cumplir esa función, pues tampoco estaban provistos de las ideas clave de la función social que es concomitante a la política.

La formación política es necesaria para que el gobierno se conduzca con seriedad, con responsabilidad, con el serio compromiso y voluntad de servir a los demás, no para servirse de los demás. Sin ideas políticas y sin vocación, no puede haber sentido político y siendo el gobierno de naturaleza fundamentalmente política, la función pública, el gobierno, se convierte en nido de saqueadores.

Para los griegos, la política es la función que sirve para ordenar y llevar las riendas de la “polis”. Los “idiotes” eran considerados como aquellas personas que solamente servían a sus propios intereses. Hoy vemos como la política es convertida en sinónimo del concepto de poder. De esto deriva la mayor importancia que recae en la comprensión de las palabras. A un sinvergüenza se le tiende a denominar como “político”. En realidad, ese político no es tal, no es político. Las palabras se corrompen desde su significado y por referirse a una cosa, se recurre a una locución que nada tiene que ver con su verdadero continente, con la intención de describir una cosa material o inmaterial.

Cuando el presidente López Obrador, o en el momento en el que el doctor Navarro Quintero, aluden a las ideas políticas, en realidad están refiriéndose al compromiso de servir. En uno y otro caso, se advierte la preocupación que oriente la toma de decisiones políticas en el ámbito partidista. No son llamados que se dirigen solamente a la militancia de su partido, aunque son quienes deben escuchar con mayor atención esas palabras: es una reflexión que procede en el caso de cualquier combinación de siglas.

Se suele decir que lo que menos importa es el color del gato, pues lo que importa es que cace ratones. Es muy cierto, aunque en este caso, los acrónimos ya cargan con elevados niveles de desgaste. ¿Cómo confiar en aquellas siglas que han elevado a los más altos cargos públicos a roedores de descomunal tamaño?

Por lo anterior, quienes llevan ventaja en la voluntad popular, deberían empezar a atender esa variable, la de la formación ideológica. Esa formación no sale de las aulas. Lo hemos visto. De las aulas de nuestra (?) Universidad ya han egresado depredadores que ahora son perseguidos por la justicia. En este caso, procede un emblema de la Universidad de Salamanca: “Lo que natura no da, Salamanca no presta”. La vocación de servir, la ética del servicio público y de la política, es parte de la naturaleza humana. Lo mismo que sus antípodas y que ahora es parte de los procesos judiciales contra quienes confundieron los intereses sociales con sus intereses personales.

Las ideas en política son necesarias, pues la política es idea per se. Así, promover la formación política debe ir de la mano de las oportunidades que se presenten en la esfera política y en general, en la esfera pública, del servicio a los demás. La preocupación y punto de vista del Presidente López Obrador y del Gobernador Navarro Quintero, se justifica amplia, sobradamente.

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