Por Oscar Verdín Camacho

La balacera que se registró el viernes tres en Matamoros, Tamaulipas, y de la que se conocieron videos donde un grupo de sujetos se lleva en una camioneta a personas, vivas y otras presumiblemente muertas, volvió a dejar evidencia de la importancia de que los cuerpos de seguridad actúen en las primeras horas y días ante el reporte de desapariciones.

Pero el grupo especial para conseguir la ubicación, conformado por policías estatales y federales, Ejército, Marina, Guardia Nacional, Comisión Nacional y Estatal de Búsqueda, entre otros, no fue ante la urgencia por los hechos a plena luz del día, sino hasta el domingo cuando dependencias de Estados Unidos reportaron la desaparición de cuatro personas de ese país en Matamoros. El FBI ofreció 50 mil dólares por información en ese sentido.

Sencillamente se actuó porque se trataba de personas del vecino país y el tema llegó hasta la Casa Blanca con el presidente Joe Biden, no porque, como debía haber merecido, se les buscara desde el primer momento, cualquier persona que hubieran sido.

Incluso, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha tenido que referirse al caso, porque generalmente es reacio a manifestarse ante asuntos de esa naturaleza y, cuando lo hace, es proclive a justificar que los grupos criminales son herencia del pasado, a pesar de que su administración lleva más de cuatro años y, por lo que hemos visto, la delincuencia se impone cada vez más en muchas partes del país, causando terror a los ciudadanos.

“No fueran mexicanos”, título de este apunte, fue tomado de la opinión que hizo una persona en reacción a una de las tantas notas publicadas en las horas recientes.

Si la balacera en Matamoros sucedió el viernes –causando la muerte de una mujer mexicana, según medios de información- y se localizó a los extranjeros este martes, dos de ellos con vida y los otros fallecidos, muestra, se insiste, esa importancia para que las desapariciones sean atendidas de inmediato porque esas primeras horas y días podrían resultar cruciales.

Pero esto último generalmente no sucede en nuestro país.

Si las cuatro personas del caso Matamoros hubieran sido mexicanas, casi podría afirmarse que ya serían parte de la estadística de desaparecidos, y no sólo eso, sino que a bote pronto se les cargaría la imagen de que se trataba de delincuentes.

Por el contrario, quienes han asumido un papel mayor en esa búsqueda son los familiares de los desaparecidos, las madres buscadoras que, lamentablemente, no pocas de ellas también han sido asesinadas.

Si algo debe dejar lo sucedido en Tamaulipas es que de ya se busque a los desaparecidos mexicanos, pronto y con más recursos y cada vez que suceda.

* Esta información es publicada con autorización de su autor. Oscar Verdín Camacho publica sus notas en www.relatosnayarit.com

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