«Nosotros, los economistas, creemos que somos tipos tan fantásticos, pero la clave es la política. La política es la clave porque son las “polities”, o las organizaciones políticas, las que hacen y definen las reglas del juego»

Douglass North

Por Ernesto Acero C.

El gobernador Miguel Ángel Navarro ha insistido, una y mil veces, al invocar la perspectiva social de las acciones de gobierno. Esa perspectiva social es la que orienta la toma de decisiones en dos frentes por parte del gobierno. Uno de esos frentes consiste en recuperar bienes públicos de los que se apropiaron gigantescos entes corruptos, los Príncipes de la Corrupción. El otro frente, implica el rescate de las finanzas públicas para elevar la capacidad de respuesta ante las necesidades de la población.

Las instituciones son inviables, si el gobierno solamente se enfoca a pagar intereses de la deuda pública que es producto de gobiernos corruptísimos. El gasto público tampoco puede enfocarse sólo a cubrir gasto corriente, incluidas las pensiones, sin destinar un centavo para hacer una banqueta o para tapar un bache. Es en ese escenario en el que debe darse lectura a las decisiones en la materia, que ha ejecutado la administración presidida por el doctor Navarro Quintero.

El análisis de la situación de las pensiones, no debe partir de una visión aldeana de lo que ocurre en el ámbito local. Naturalmente, el estudio de la presente crisis en materia de pensiones, por la que atraviesa el estado, requiere agregar componentes locales. Empero, procede insistir en una visión global del problema. Una catástrofe de proporciones inimaginables no es una amenaza ficticia, y lo que es una crisis financiera del gobierno, puede tener repercusiones sociales de las que nadie podrá escapar. Veamos un poco de esto.

El fenómeno de las pensiones indudablemente tiene que ver con otras variables de nuestro contexto económico, social, político y hasta en el plano tecnológico. Las explicaciones no pueden ser solamente de orden contable, pues el componente ideológico subyace en las explicaciones y en las mismas soluciones. Recordemos que el uno por ciento de la población más rica del mundo, posee prácticamente las dos terceras partes de la riqueza; en contraste, una tercera parte de esa riqueza, está en manos del 99 por ciento de la población mundial (Oxfam, enero 2023 –https://www.oxfam.org/es/notas-prensa/el-1-mas-rico-acumula-casi-el-doble-de-riqueza-que-el-resto-de-la-poblacion-mundial-en#:~:text=El%201%20%25%20m%C3%A1s%20rico%20ha,un%20nuevo%20informe%20de%20Oxfam–). Y a eso se deben agregar otros indicadores derivados de análisis basados en indicadores de dispersión. Por eso se requiere avanzar en medidas que incorporen variables locales, pero también indicadores globales.

Un fantasma ronda por el mundo, el fantasma de las pensiones inviables. Ese fantasma ya se ha materializado en diferentes ocasiones y regiones. El fantasma se ha hecho terriblemente de carne y hueso, dado que lo que se preveía hace varios años ya hizo crisis en diferentes naciones del mundo.

Las economías que representan más del 90 por ciento del PIB mundial, ya probaron el amargo sabor de la crisis de las pensiones. Entre los países que ya sufren esa contingencia, pueden contarse Alemania, Estados Unidos, Francia, Japón y, obviamente, México.

Se suele invocar, como causa de esa crisis, un argumento malthusiano. Se dice que esa crisis tiene que ver con la sobrepoblación en el mundo, con el aumento de la expectativa de vida. No obstante, existen otras variables que no se suelen mencionar.

Una de esas causas de la crisis, es la corrupción pública y privada. El ejemplo emblemático de la corrupción privada es el que nos ofrece Enron. La lección de Enron debe ser motivo para aprender, me refiero a esa empresa norteamericana que perdió miles de millones de dólares en pensiones y en las mismas acciones bursátiles.

Otra de esas causas se vincula con los bajos niveles de cotización que se aportan a los fondos pensionarios. En combinación con el incremento de la expectativa de vida de las personas, los bajos niveles de cotización hacen inviables las jubilaciones de los trabajadores.

Para tener una mejor idea, procede un ejemplo. Si una persona empieza a trabajar a los 18 años, durante 35 años, puede jubilarse a los 53 de edad. La expectativa de vida* del trabajador es de 72.4 años, en el caso de los hombres; para las mujeres el indicador se ubica en 78.1 años.

Eso significa que el trabajador deberá recibir un ingreso por jubilación, por un periodo aproximado de 19.4 años, más de la mitad de su fase laboral activa. En el caso de la mujer, son 25.1 años los que podría recibir un ingreso por concepto de jubilación; más de la mitad del tiempo (71.71%) de su etapa productiva.

Naturalmente, estamos hablando de datos simples. A los indicadores antes citados, súmense los costos de acceso a la salud que empiezan a incrementarse dado que la edad hace más caro mantener la calidad de vida de una persona. También agréguese que el dato de la expectativa de vida es un simple indicador estadístico que resulta ser función de otras variables, por lo que una persona puede vivir tantos años como jubilado, como los años que se mantuvo en activo.

Ahora bien, las aportaciones que hace el trabajador a su fondo de pensiones, al lado de las que suman otros protagonistas (el gobierno y las empresas), no es suficiente para garantizar un ingreso que se mantenga en los mismos niveles que los de los trabajadores activos. Las aportaciones, a simple vista (y sin que se enteren los expertos en estudios actuariales), tendrían que ascender a más de la mitad del ingreso de un trabajador activo. Esto es lo que a simple vista haría viable que el trabajador pudiese acceder a una jubilación igual a la de un trabajador en activo, por casi 20 años más; o en el caso de las mujeres, por más de 25 años.

* Los datos de la expectativa de vida han sido tomados de INEGI (“Esperanza de vida al nacimiento por entidad federativa según sexo, serie anual de 2010 a 2022” – https://www.inegi.org.mx/app/tabulados/interactivos/?pxq=Mortalidad_Mortalidad_09_61312f04-e039-4659-8095-0ce2cd284415–), como indicador promedio nacional. Para Nayarit, la esperanza de vida de los hombres (2020) es de 72.9 años y el de las mujeres, 77.9 años. (Primera de dos partes).

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