Volantín | Enorme derrota del régimen obradorista (Primera parte)

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Por Salvador Cosío Gaona

El controversial tema de la militarización ha dejado a muy poca gente con el rostro en alto. Aquellos que prometieron regresar al ejército a sus cuarteles ahora lloriquean por los rincones despotricando contra la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que el pasado martes echó atrás la reforma del Poder Ejecutivo que en septiembre de 2022 aprobó el Legislativo dando paso a que la Guardia Nacional estuviese adscrita a la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA). 

 Y en este polémico trayecto, hemos sido testigos de presiones, amenazas, engaños, traiciones, falsedades, mentiras y hasta maromas que la misma Nadia Comaneci envidiaría a integrantes de la llamada Cuarta Transformación (4T).

 Y en todo este asunto, vale recordar que cuando Felipe Calderón llegó a la presidencia en 2006, anunció la militarización como una medida temporal, mientras supuestamente se fortalecían las policías y las instituciones y se retomaba el control territorial en determinadas zonas del país. Lo que ocurrió en realidad fue que el despliegue militar se prolongó a lo largo del gobierno de Calderón, y luego continuó con el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

 Andrés Manuel López Obrador (AMLO) llevó a cabo una muy extensa campaña durante la cual una de sus principales promesas se constituyó en “regresar el Ejército a sus cuarteles”, pero en cuando en 2018 finalmente vio alcanzado su anhelo de convertirse en presidente de México, no mostró rubor alguno en contradecir su promesa de campaña siendo que una de sus primeras acciones fue la creación de una Guardia Nacional para reemplazar a la Policía Federal. Esa Guardia Nacional nació constitucionalmente como una fuerza de seguridad civil, pero ha sido manejada desde un principio como una fuerza militar. La gran mayoría de sus más de 100.000 miembros son militares y, desde un principio, en la práctica, ya estaba bajo el control operativo de la Sedena. 

 El siguiente paso rumbo a lo que se dio en llamar la ‘militarización del país’, fue anunciar la intención de que la Guardia Nacional dependiera, ahora sí constitucionalmente de la Secretaría de la Defensa Nacional. Así, el gobierno amenazó con seguir profundizando la militarización de la seguridad pública a pesar de los altos costos de esta estrategia en materia de derechos humanos y de su comprobado fracaso a la hora de abordar la violencia y el narcotráfico, dos grandes desafíos en el país.

La estrategia, sobre todo con la Guardia Nacional, fue aumentar la presencia territorial de las fuerzas del Estado, pero distó de ser suficiente para tener un impacto significativo en la situación de inseguridad y delincuencia.

Otro cambio con López Obrador, se generó en la insistencia  de que la Guardia Nacional pasara a formar parte de la Sedena, que se convirtiese en una fuerza armada y desaparecer la policía civil federal en México. Ello con el argumento de que fuese  muy difícil o imposible que futuros gobiernos revirtieran ese modelo. 

AMLO consiguió los votos en las dos Cámaras para que se aprobara su reforma de militarización, es decir, que la SEDENA tuviese el control operativo y administrativo de la Guardia Nacional, haciendo oídos sordos a quienes argumentaban que la reforma propuesta y aprobada era anticonstitucional, toda vez que en su artículo 21 la Carta Magna establece que la Guardia Nacional será una institución policial de carácter civil.

Apoyados en este artículo de la Constitución, un grupo de senadores promovió ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación un recurso de acción de inconstitucionalidad que fue admitido por el Ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá.

El resto de la historia está en las portadas de periódicos y medios de comunicación de todo el país del miércoles 19 de abril, siendo que el proyecto del citado Ministro fue respaldado con los votos de 7 de sus compañeros que junto con el de él, fueron suficientes para alcanzar los 8 votos que se necesitaban para aprobar el proyecto y anular la transferencia de la Guardia Nacional a la SEDENA.  

Como era de esperarse, la resolución de la corte no cayó nada bien al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, quien la mañana de este miércoles se mostró sumamente encabritado tras el tremendo descalabro que le propinó la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 Y quien debe ser uno de los objetos de descarga de su furia seguramente es el Secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, pues a pesar de que acudió a la Suprema Corte a dialogar o a tratar de presionar, y/o coaccionar a algunos ministros para que votaran en contra el proyecto que invalidaba la transferencia de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional fracasó y le falló a su jefe.

 Hay cuatro Ministros de la corte que fueron ungidos como tales ya bajo la égida de AMLO y dos de ellos votaron en contra la reforma presidencial, uno de ellos incluso es el autor del proyecto que se votó favorable en el que se rechaza la militarización por inconstitucional, me refiero a Juan Luis González Alcántara Carrancá, quien en su momento fue considerado por el propio mandatario tabasqueño para hacerse cargo de la Fiscalía General de la República (FGR) que terminó por dejar en manos de Alejandro Gertz Manero. 

 La ministra que habría “traicionado” a Lopez, porque sí es de su clan, es Margarita Rios Farjat, -y aquí se dijera quizá por el calor popular ‘se fajó la Farjat’-, quien no obstante al ser una persona de la cercanía extrema del presidente y haber sido impulsada totalmente por él al más alto cargo que un abogado puede o desea ostentar en el ámbito de la impartición de justicia que es ser Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y tras haber ocupado cargos importantes en la propia administración pública que encabeza López Obrador, en un relevante sentido de justicia, de ética, y de apego a las normas, y quizá en un voto de conciencia que le acarreará problemas con el presidente y con los militantes de su partido más significados incluyendo al secretario de gobernación, decidió dar su votó a favor del proyecto de González Alcántara para consumar los 8 votos que se requerían para la declaración de inconstitucionalidad de la norma emitida por el Poder Ejecutivo y que en su momento validó el Legislativo.

 También hay que decir que no sorprendió el sentido en que votaron la ministra plagiaria Yasmín Esquivel Mossa, de quien poco hay que agregar siendo que es de todos conocido su penoso caso, y Loretta Ortiz Ahlf, que también fue ungida por la voluntad de AMLO y que obedece a pie juntillas cualquier instrucción de la presidencia de la República, de manera que sus votos fueron en contra del proyecto y en defensa de la reforma del presidente. 

 Afortunadamente, en la Corte se nota ya la mano de la Ministra Presidenta Norma Lucía Piña Hernández, quien ha soportado el embate presidencial, debiendo recordar que el propio Adán Augusto intentó intimidarla en una de sus sorpresivas visitas y más que doblarse ha sacado lo mejor de sí como impartidora de justicia, pero más aún, ya asumiendo un real liderazgo en el Alto Tribunal. 

 Se nota para bien la ausencia en ese mismo encargo de Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, alguien de quien se esperaba un comportamiento distinto y que ahora que ya no es el presidente de la corte ha tenido una actuación totalmente absurda, dejando a un lado su calidad como jurista y dando al traste a toda una trayectoria al exhibir contradicciones en sus opiniones y argumentos completamente fuera de lugar, quizá obligado o sometido por fuerzas oscuras del poder. No se puede saber con seguridad qué es lo que lo ha llevado a conducirse de esa muy lamentable forma, pero lo cierto es que ha pisoteado su propia toga al ser uno de los tres ministros que votaron en contra el proyecto en discusión.

 Andrés se niega a ver que, aún cuando conserva su poder como mandatario su fuerza está en serio declive, aunque sea paulatino, y que se empiezan a encender para él las alertas, mientras que las luces de esperanza para el pueblo mexicano ya se comienzan a vislumbrar al final del túnel.

 Opinión.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1

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