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Volantín | El fin de una pesadilla llamada Covid-19

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Por Salvador Cosío Gaona

“Con gran esperanza, declaro el fin de la COVID-19 como emergencia internacional de salud”, declaró el director general de la Organización Mundial de la Salud OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

 Este anuncio, que hace un par de año atrás parecía nunca llegaría, se hizo este viernes 4 de mayo de 2023, una fecha que seguramente pasará a la historia como “el fin de la pesadilla”, porque eso fue lo que vivió el mundo durante más de tres años; una calamidad que dejó un descomunal dolor en las familias y en los países.

 El influyente diario The New York Times, lo señala como “un hito en el proceso errático del fin de una pandemia que ha dejado un saldo de millones de personas fallecidas en todo el mundo y ha trastornado la vida cotidiana de formas antes inimaginables”.

 No obstante, los funcionarios de la OMS advirtieron que la decisión de levantar la emergencia no significa el fin de la pandemia y alertaron a los países que no tomen esta decisión como una razón para desmantelar los sistemas de respuesta contra la covid. Maria Van Kerkhove, la líder técnica en covid de la OMS, dijo que la organización quería ser lo más clara posible, pues saben que la gente se preguntará cómo pensar sobre la pandemia en el futuro.

 “La fase de emergencia ha terminado, pero la covid no”, dijo.

Así que, en términos prácticos, la decisión de terminar con la emergencia cambia poco. Muchos países ya han puesto fin a sus estados de emergencia por covid y han abandonado casi todas las restricciones de salud pública aplicadas para controlar el virus. Estados Unidos dará por finalizado su estado de emergencia por covid el 11 de mayo. Pero la supresión de la designación de la OMS —oficialmente denominada “emergencia de salud pública de importancia internacional”— es un momento significativo en la evolución de la relación humana con el nuevo coronavirus.

 K. Srinath Reddy, quien dirigió la Fundación de Salud Pública de la India durante la pandemia, afirmó que la decisión de levantar la emergencia era apropiada, debido a los altos niveles mundiales de inmunidad a la covid, inducidos por la vacunación o la infección, o por ambas.

“Ya no posee el mismo nivel de peligrosidad”, dijo, y añadió que la covid “ha alcanzado un nivel de equilibrio, un cierto tipo de coexistencia con el huésped humano”.

Reddy dijo que el fin del estado de emergencia también debe apreciarse como un momento de logro humano y una “celebración de la ciencia”.

“Es importante reconocer que lo que ha hecho que el virus cambie su carácter no es solo la biología evolutiva”, dijo, “sino también el hecho de que lo hemos inducido a ser realmente menos virulento, mediante la vacunación, los cubrebocas, una serie de medidas de salud pública”.

 En todo el mundo, hasta el 3 de mayo se habían notificado a la OMS 765 millones 222 mil 932 casos confirmados de COVID incluidas 6 millones 921 mil 614 muertes. Sin embargo, estas cifras son muy inferiores al número real de víctimas de la pandemia. “Sabemos que el número real es varias veces mayor, al menos 20 millones”, dijo Tedros.

Hace un año, la OMS afirmó que en los dos primeros años de la pandemia habían muerto 15 millones de personas más de las que habrían muerto en épocas normales, una cifra que ponía de manifiesto hasta qué punto los países habían subestimado el número de víctimas. En Egipto, el exceso de muertes fue aproximadamente 12 veces mayor que la cifra oficial de covid; en Pakistán, la cifra fue ocho veces mayor. Los países en vías de desarrollo se llevaron la peor parte de la devastación, con el fallecimiento de casi ocho millones de personas más de las previstas en países de renta media-baja para finales de 2021.

“La COVID-19 ha sido mucho más que una crisis de salud: ha causado una grave inquietud social”, dijo Tedros, quien describió economías paralizadas, fronteras cerradas, escuelas clausuradas y millones de personas que sufren en aislamiento.

“La COVID-19 expuso y exacerbó las fallas políticas dentro y entre las naciones”, dijo. “Ha erosionado la confianza entre personas, gobiernos e instituciones impulsada por un torrente de mitos y desinformación. Ha dejado al descubierto las desigualdades lacerantes de nuestro mundo, pues las comunidades más pobres y vulnerables fueron las más afectadas y las últimas en recibir acceso a vacunas y otras herramientas”.

 Los líderes de la OMS que se dirigieron a los medios sobre el fin de la emergencia calificaron como emotivo el momento. “No tenía que ser así”, dijo Van Kerkhove. “No podemos olvidar las imágenes de las UCI de los hospitales desbordadas, las imágenes de guantes médicos llenos de agua tibia sosteniendo las manos de nuestros seres queridos que fallecieron, y trabajadores de la salud que se encargaron de que no murieran solos. No podemos olvidar las piras de fuego o las fosas comunes que se cavaron”.

La covid, dijo Van Kerkhove, sigue propagándose: la OMS registró 2,8 millones de nuevos casos en todo el mundo y más de 17.000 muertes entre el 3 y el 30 de abril, las cifras más recientes disponibles. Dado que muchos países han reducido las pruebas de detección de la covid, es probable que estas cifras también representen un importante subregistro.

 La declaración de emergencia de la OMS fue una orientación crucial cuando se hizo el 30 de enero de 2020, en un momento en el que solo se sabía que 213 personas habían muerto por el virus. Señaló al mundo que este nuevo virus representaba una amenaza fuera de China, donde surgió, y dio a los países un respaldo crítico para imponer medidas de salud pública potencialmente impopulares o conflictivas.

 El virus que saltó a los humanos a finales de 2019 demostró ser un adversario impredecible, mutando rápida y significativamente de maneras que le permitieron resurgir y devastar países justo cuando pensaban que lo peor había pasado. Una brutal oleada de la variante delta asoló la India apenas unas semanas después de que el primer ministro Narendra Modi presumiera de lo bien que lo había hecho el país en su respuesta a la covid. 

 La variante ómicron, aunque menos virulenta, se propagó con una facilidad engañosa que la convirtió en la cuarta causa de muerte en Estados Unidos en 2022, y en una de las principales causas de muerte en muchos otros países.

 Las primeras vacunaciones a gran escala comenzaron el 8 de diciembre de 2020, menos de un año después de que se notificara a la OMS el primer caso de la enfermedad, un extraordinario triunfo de la ciencia. Pero al proceso colaborativo de desarrollo de la vacuna le siguió un periodo sombrío de acaparamiento y nacionalismo; un año entero después, cuando la población de los países industrializados estaba recibiendo la segunda y tercera dosis de la vacuna, solo el 5 por ciento de la población de África subsahariana  había sido vacunada.

 Githinji Gitahi, director ejecutivo de Amref Health Africa, afirmó que había llegado el momento de levantar la emergencia. “El peligro de mantenerla para siempre es diluir la medida: es necesario que conserve su fuerza”, dijo. La declaración ayudó a movilizar recursos para África, dijo, pero no hizo nada para contrarrestar la funesta experiencia de lo que llamó “injusticia de las vacunas”. Amref sigue trabajando para apoyar la vacunación en 35 países africanos; en todo el continente, la cobertura es ahora del 52 por ciento.

 La pandemia también tiene un legado positivo, dijo Gitahi, porque impulsó el mayor nivel de cooperación jamás visto entre los países africanos, incluida la creación de un grupo de trabajo de la Unión Africana para coordinar la adquisición de vacunas. La respuesta contra la covid ha llevado a una mayor capacidad e inversión en muchos países africanos en áreas como la secuenciación genómica y la vigilancia de enfermedades.

La decisión de la OMS no fue bien acogida por todos los expertos en salud. Margareth Dalcolmo, neumóloga e integrante de la Academia Nacional de Medicina de Brasil, quien fue una de las expertas más destacadas de ese país en orientar a la población sobre la covid, afirmó que era demasiado pronto para levantar la emergencia, dado que aún quedan tareas urgentes como la investigación de las variantes de la covid y el desarrollo de vacunas multivalentes. La designación de emergencia de salud pública mundial también sirve de impulso para que las naciones con menos ingresos accedan a tratamientos y ayudas, afirmó.

 El 3 de mayo, la OMS publicó un plan actualizado de gestión de la COVID, cuyo objetivo es orientar a los países sobre cómo lidiar con la covid en los próximos dos años, en la transición de la respuesta de emergencia a la prevención y el control de la covid a largo plazo.

En la inauguración de una reunión de expertos de la OMS celebrada el jueves en Ginebra, Tedros informó al comité de que, en cada una de las últimas 10 semanas, el número de muertes semanales por covid notificadas había sido el más bajo desde marzo de 2020. Como consecuencia, la vida ha vuelto a la normalidad en la mayoría de los países y los sistemas de salud se están reconstruyendo, afirmó.

“Al mismo tiempo, persisten algunas incertidumbres críticas sobre la evolución del virus, que dificultan la predicción de la futura dinámica de transmisión o estacionalidad”, dijo. “La vigilancia y la secuenciación genética han disminuido considerablemente en todo el mundo, lo que dificulta el seguimiento de las variantes conocidas y la detección de otras nuevas”.

Además, el acceso a los tratamientos para la covid que salvan vidas sigue siendo muy desigual en todo el mundo, añadió.

Dalcolmo afirmó que levantar la emergencia mundial no debe considerarse un hito, sino una advertencia. “Tómense esto como una alerta, un momento para empezar a estar preparados para la próxima pandemia”, dijo, “porque sabemos que los virus respiratorios van a aumentar”.

 Opinión.salcosga@hotmail.com

@salvadorcosio1 

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