Por Ernesto Acero C.

En promedio, en México cada habitante produce al día cerca de un kilo de basura. Solamente en Tepic, la capital del estado, se generan más de 400 mil trescientos kilos de desechos sólidos. Esos residuos deben ser movilizados por recorridos por todos los rincones de la ciudad. Se les debe dar un destino adecuado y conforme a lo que dispone la ley. Todo lo que eso significa, está tras el anuncio del Gobernador Miguel Ángel Navarro, de su decisión para construir un relleno sanitario para la ciudad.

Actualmente, el que fue relleno sanitario de Tepic, ya no funciona como tal, sino como tiradero de basura. Tenía que ser así, pues no resulta sencillo el manejo sostenible de 147 mil toneladas de basura que es la que se produce al año por la población (940 gramos al día). La población de Tepic, según Censo INEGI 2020, asciende a los 425 mil 924 habitantes.

La disposición final de los desechos sólidos de la capital del estado es una materia que se ha pospuesto por varios lustros. La falta de un relleno sanitario es lo que preocupa al mandatario. Al respecto, ha declarado que se debe terminar con la “contaminación que genera de forma permanente y que llega a los mantos acuíferos, al Río Mololoa e incluso, perjudica siembras y localidades que están al paso del afluente”. Se trata de un problema grave que amerita atención.

¿Dónde radica la gravedad del problema? Radica en el cambio de paradigma en materia de generación de desechos sólidos. Las características de la basura han cambiado a lo largo de las décadas. No es el mismo tipo de basura que se generaba hace setenta o hace cien años en Tepic, que la que se produce en la actualidad. Por tanto, el destino final de la basura debe cambiar.

En alguna ocasión, mi apreciado amigo Toño Muñoz, cuestionaba sobre los patrones de consumo de los años cincuenta o sesenta del siglo pasado. El cuestionamiento resulta en extremo interesante para el caso que nos ocupa, puesto que de ahí deriva también la serie de características de la basura que se produce: “Dime que consumes y te diré que basura produces”.

Al menos desde los años setenta, empezó a cambiar el patrón de consumo en la ciudad de Tepic. Para esa década, el uso de plásticos y la utilización de pilas eléctricas, sólo por mencionar un par de casos, empezó a generalizarse. El plástico se degrada, según sea el material con el que se elabora, en cien o en mil años. Ni cien ni mil con poco tiempo.

El tiempo que se requiere para la degradación de una pila, oscila entre los 500 y los mil años. El material con el que se elaboran es altamente peligros y, solo por mencionar un par de ejemplos, contienen mercurio y cadmio. Parecería que el volumen que ocupan las pilas es mínimo. Puede ser que así sea, no obstante, el potencial contaminante es enorme. Se estima que una pequeña pila, como esas que utilizan los relojes del tamaño de un botón, posee la capacidad de contaminar 600 mil litros de agua. Hablamos de 600 metros cúbicos de agua contaminada por una pequeña pila. Empero, el uso de pilas se ha generalizado en las décadas recientes, por lo que ya podemos imaginar las consecuencias de tener decenas o cientos de miles de pilas en un basurero como el de Tepic.

A los basureros van a dar diversos residuos como materia orgánica, papel y cartón, plástico, vidrio, metales, madera, textiles, entre otras cosas. El conjunto genera lixiviados. En pocas palabras, el lixiviado es el residuo líquido de la basura. Según el perfil de la basura, se estima que en promedio se producen unos 200 litros de lixiviado por tonelada de basura. Cuenta aquí, también, la precipitación promedio anual del lugar en el que se ubica el lugar donde se deposita la basura.

Procede aquí una breve digresión. En Nayarit, el promedio de basura que se genera es el mismo que el de la capital del estado. A partir de esa premisa, podemos concluir que en el estado se generan cerca de 43 millones de toneladas de basura al año.

El dato no se debe perder de vista para tener una idea de la problemática a nivel estatal y no solamente de la capital. Esto merece análisis aparte. Por tanto, nos obligamos a concluir el análisis para el caso de Tepic.

Decíamos que en la ciudad de Tepic se generan cerca de 400 toneladas de basura al día. Ya añadimos el indicador que nos señala que por cada tonelada se generan unos 200 litros de lixiviado. Eso significa que diariamente se aportan desechos suficientes para generar unos 80 metros cúbicos de lixiviado al día. Por ahora, dejemos a un lado la numeralia del terror.

Las cifras deben estar presentes para estar en condiciones de la complejidad del compromiso que se echa a cuestas el Gobernador Navarro Quintero. Seguramente qué por su misma formación profesional, sabe de lo que habla cuando aborda el asunto. Sabe, sin duda, de las dimensiones del desafío de resolver un problema que crecieron a la enésima potencia las sucesivas administraciones municipales de Tepic, en lo que va del siglo.

A toda esa descripción de pánico, se debe agregar el tema de los desechos provenientes del drenaje sanitario. Si cada persona accede a unos 320 litros de aguas residuales y Tepic reúne a 425 mil 924 habitantes, luego entonces Tepic genera diariamente 136 millones 295 mil 680 litros de agua; son unos 136 mil metros cúbicos. Para la dependencia de gobierno, Conagua, cada persona consume 380 litros de agua al día (dato que menciona remitiendo al portal Agua.org). Una buena parte de esas aguas se convierten en aguas negras. Esta es otra pesadilla que se debe pensar y resolver.

La problemática a la que se refiere el gobernador Navarro Quintero, en donde ya actúa de manera clara y contundente, es compleja. Se trata ni más ni menos que de una montaña de basura y de un mar de aguas residuales. Ambos son desafíos que reclaman soluciones. En ese camino está el mandatario, en el de las soluciones. Por el bien de la salud de todos, para hacer valer el derecho humano a un medio ambiente sano se requiere de pensar y actuar.

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