Por Cheny Jiménez*

Todo el tiempo tuve muñecas. Mi mamá siempre me chiqueó, siempre me compró, aunque no eran Barbies, pero eran muñecas y para mí eran las más bonitas y las sigo recordando con cariño. Aunque la verdad creo que lo más cercano a una Barbie para mí eran las milpas de los elotes, así como lo leen, ésas eran mis favoritas. Me encantaba jugar a las muñecas con las milpas de elotes, me gustaba imaginar que tenían cabello largo, algunas rubio, otras medio rojizo, y yo me emocionaba en hacerles trenzas, peinar o arreglarles su cabello. Eso era increíble.

También recuerdo que me encantaba jugar con mis amigas del pueblo. Jugábamos a las comadres, les hacíamos ropita, las bañaba, peinaba, acostaba en sus camas. Me gustaba tanto jugar a las muñecas que mis hermanas guardaban sus jueguitos de madera para que no se los agarrara.

Fue una niñez muy bonita. Recuerdo que mi madre con mucho amor me regaló mis muñecas. Eso trato de igualarlo pues con amor les compré a mis hijas las suyas, a ellas sí les tocaron las Barbies y a mis nietas también.

Hoy en día yo soy quien les digo a mis nietas “Vénganse, vamos jugando a las muñecas”, y lo hago para que dejen tanta Ipad y recordarles lo importante y maravilloso que es la imaginación.

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*Senadora de la República por Nayarit

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