La proeza en la lucha por el Parque de la Dignidad

Por Hugo H. Zepeda Márquez[1]

La proeza realizada por las y los integrantes del movimiento de defensa del hoy llamado “parque de la dignidad” que, en primera instancia tuvieron que “confrontar” desde diversas aristas a uno de los bloques políticos más señalados en los últimos años tanto en Nayarit como en México,  por las formas en las que manifestaba su poderío y control, demostrando ser una maquinaria muy bien engrasada y con la fuerza necesaria para extenderse en todas y cada una de las estructuras de la administración pública, con lo que lograron tener incidencia de manera regular la mayoría de las ocasiones sobre cualquier problemática que surgiese en el estado y sus rincones.  Las opciones con las que contaban y que, además llevaron a la práctica fueron la violencia, las desapariciones forzadas, el despojo, la corrupción, la persecución y calumnias como parte de una gran cantidad de etcéteras que costaría trabajo enumerar; lo anterior se podría pensar que, serviría como un gran desafío y hasta cierto punto una imposibilidad para atreverse a alzar la voz y que, para el grueso de la población ni siquiera se convertiría en opción. Para muchos grupos y organizaciones no fue impedimento, sino, motivación y en el caso del movimiento de defensa del parque de la dignidad no fue la excepción, dando la muestra de solidez, resistencia y organización ante diferentes embates sufridos a lo largo de diez años.

Después de una década, en el recuento de lo sucedido en esta lucha de resistencia y desobediencia, es importante poner sobre la mesa el panorama que en segunda instancia (sin demeritar lo político, social y jurídico), genera un nivel de tensión e incertidumbre en quienes en el movimiento del parque de la dignidad han tenido participación; es preciso tomar en cuenta los antecedentes o causales, para así poder entenderlo, y, situar entonces en el lugar que realmente merece el parque de la dignidad como espacio físico y significativo dentro de la lucha social y política en Nayarit, de acuerdo con algunos de sus protagonistas a quienes logramos entrevistar.

En la contexto actual, en que, desde niveles internacionales el ejercicio de diversas políticas gubernamentales obedece a intereses económicos y que, los gobiernos de los niveles subsecuentes como son los nacionales, estatales y municipales no escapan de la lógica imperante; podemos observar que en Nayarit no fue y no ha sido la excepción, ya que justamente el conflicto originado por la enajenación del predio del ex estadio de béisbol (bautizado por los protagonistas de esta lucha, desde el mes de julio de 2013, como parque de la dignidad), por parte del gobernador del estado en el periodo 2011-2017 Roberto Sandoval Castañeda, para venderlo a particulares y dar paso a la construcción de un centro comercial, puede servir de testimonio fehaciente de lo antes mencionado. En la práctica política actual se ha arraigado una relación bicondicional o de codependencia entre capital-poder o poder-capital, en la que teniendo capital puedes corromper para obtener poder o puedes utilizar tu posición de poder para generar capital, siendo entonces una relación propicia para que las administraciones públicas abanderen las campañas de orden internacional que buscan rescatar el medio ambiente, en las que quien gobierna implementa las campañas e invierte en el “rescate” de áreas verdes o espacios naturales, imprimiendo su sello, en el que los intereses de la iniciativa privada y el mercado de la construcción se ve involucrado; haciendo concesiones a empresas que construyen “parques o espacios naturales” estampando toneladas de cemento dejando de lado las necesidades de la población y lo más importante del planeta. Es así y sentados en el deslumbramiento de las “soluciones” ambientales que causan confusión, y, que son utilizadas a favor de los intereses económicos; mismos, con los que se sustentan las prácticas que, abrazadas de la idea del “progreso” se forjan e implementan desde las estructuras gubernamentales y sus alcances (medios de comunicación), los intentos de coerción y control que pueden derivarse en algunas expresiones de violencia.

Lidiando contra las adversidades, la violencia institucional

Al inicio de la lucha por la defensa del “parque de la dignidad”, existieron expresiones de violencia, en busca de amedrentar por parte de las instituciones del Estado, de acuerdo con Osiris Ponce que, menciona la presencia del helicóptero de la fiscalía general del estado de Nayarit, así como patrullas de la misma dependencia, esto en la primera convocatoria a organizarse realizada por personalidades del ambiente artístico y cultural de Nayarit. El intento por frenar los movimientos de resistencia, de denuncia que, se confrontan con la maquinaria estatal, deja en descubierto que, no nada más el gobierno de manera directa hace por sacar adelante sus intereses, sino también, de instituciones secundarias que, utilizan personajes o son los personajes que a nombre de las instituciones buscan amedrentar y frenar a quienes se organizan; según lo comentó Osiris Ponce, el caso de dos jóvenes que en ese momento estaban por ingresar a la Universidad Autónoma de Nayarit, mencionaron que se iban a retirar del movimiento de defensa del parque debido a que recibieron llamadas por parte de un ex líder sindical para asegurarles no ingresarían a la institución por participar en el movimiento, ya que eso afectaba directamente a los intereses de la institución que, se vería beneficiada si el predio del ex estadio de béisbol se lograba vender a particulares y el dinero resultado de la venta iría a las arcas de la misma UAN.

Comentó en entrevista el abogado Emmanuel Medina que, al no culminarse el proyecto de ciudad de las artes, existió una afectación directa para las y los ciudadanos en su derecho a la cultura, eso abre la puerta al grupo en defensa del “parque de la dignidad” para demandar por la omisión y conclusión del proyecto de “ciudad de las artes”, mismo por el cual se demolieron en primera instancia los ex estadios de béisbol y futbol; en donde de alguna manera se violentaron derechos sociales, ya que no habría infraestructura cultural para que futuros artistas tuvieran la oportunidad para desarrollarse en diversas disciplinas artísticas. Surgiendo entonces, una línea más de lucha y resistencia a las diversas expresiones de violencia, no el más importante pero sí, la que le ha dado peso y mayor significado al proceso.

A los intentos de denostación y minimización de la lucha se le suman acciones desde el gobierno de Sandoval, hasta  la actualidad en los que, desde los intentos de “boicotear” y “descalificar” al movimiento han aparecido árboles derribados, debido a la omisión y a la negativa de algunas administraciones municipales para realizar labores de limpieza y de riego del predio para que de una mala apariencia, para así justificar que se siga poniendo sobre la mesa el tema del predio y utilizarlo en cualquier otra cosa. En lo anterior coinciden el profesor Cesar Ricardo Luque Santana y el profesor Osiris Ponce, subrayando el abandono por parte de los gobiernos municipales en turno que, en las últimas administraciones, han tenido que ver con proyectos cercanos a la izquierda electoral.

De acuerdo con los relatos que se han dado por parte de quienes estuvieron, como lo menciona el ingeniero Roberto Ornelas, al ser arrebatado que ya estaba dentro la cultura de los Nayaritas (el estadio de béisbol), después el intento por vender el predio; dio la fuerza suficiente para buscar dignificar con entereza el legado histórico de las y los nayaritas. El movimiento y las distintas organizaciones que ahí se agruman, al parecer pretenden permanecer dando pasos hacia adelante en la lucha que acompaña al movimiento de defensa del parque de la dignidad, la proeza en búsqueda de dejar un legado que, poco a poco se ha ido dando en las luchas desde los movimientos sociales de resistencia, de acuerdo con la profesora Lourdes Pacheco, al establecer que, el parque de la dignidad ya es un referente y un ancla de las luchas existentes en el estado de Nayarit. Por los embates recibidos, la resistencia hacia los mismos, y la perseverancia,  aún sin conocerles a profundidad, sin estar dentro del movimiento, ya existe un lugar emblemático y personas que causan inspiración, ya que las acciones de quienes participan y se agrupan para defender el predio del “parque de la dignidad”, forman parte si no de un manual a seguir, tomar en cuenta que por más que existan expresiones de violencia desde las distintas administraciones, cualquiera de las varias expresiones existentes, la organización siempre será la opción para lograr saltar esa cuerda en conjunto y así, lograr al menos un avance de calidad en pro de las demandas sociales, y el parque es un ejemplo.

Ante la violencia institucional, unidad, resistencia y solidaridad

Hablando de solidaridad, comenta Salvador Zepeda que, “primero habrá que aceptar la idea del parque, como un tema de interés común, lo que de entrada confirma el valor y la importancia de considerarle un problema público”. Este amerita la atención gubernamental en interacción con los grupos sociales interesados e involucrados en acciones directas de defensa en este caso.

En tratándose, entonces, de un tema de interés público, en la práctica han sido un conjunto de colectivos y activistas sociales y políticos quienes se han erigido como parte de la lucha. Parte del éxito radica en la planeación y delimitación de los campos de lucha, como lo confirma en entrevista Miguel Ángel Arce; es decir, el campo de la lucha social, el de la política y el campo jurídico. En los tres casos, lo que se muestra en la experiencia del parque es que, en forma paulatina, las solidaridades estuvieron aflorando en distintos momentos. Lo primero que ocurre, el 30 de junio de 2013, es una presencia amplia que parte de una convocatoria amplia de parte de algunas personalidades del medio cultural e intelectual (Octavio Campa, Octavio Camelo, Isaac Cárdenas, Osiris Ponce), una vez que se da a conocer la venta del predio del antiguo estadio de beisbol a una firma comercial, al que se suman algunos políticos.

Vino así la presencia de algunos de los principales colectivos sociales de Nayarit: “Tepic en Bici, Mujeres Creadoras, El Tianguis Cultural, El Consejo Inter Universitario por un Río San Pedro Libre, La Asamblea Permanente de Nayaritas por la Paz, El Consejo Intercomunitario para el Desarrollo Sustentable del Río San Pedro (CID RSP) y representantes de varios movimientos más…” (Iztacalli, 2013). Esto marca el derrotero de lo que vendría después, presencias constantes y comprometidas, como ha ocurrido en todo este tiempo con la Unión Popular Independiente de Nayarit (UPIN), que momento a momento ha tomado en sus manos parte de la lucha y las acciones en favor del parque, con amplios contingentes, a decir de Miguel Ángel y José Alfredo Arce Montiel.

En estos diez años, el Parque de la Dignidad ha concitado simpatías y presencias que han contribuido a mantenerle con vida. Constantes o esporádicos, pero decididos;  como parte de organizaciones o distintos colectivos o a título personal, ciertamente el espacio se ha apropiado y convertido en símbolo de resistencia y lucha en la construcción de ciudad digna para sus habitantes, como dice Aníbal Gaviria (2018), por construir “ciudades para la vida”.


[1] Estudiante de Filosofía en la Universidad Autónoma de Nayarit, activista estudiantil, fundador del Movimiento Asambleísta Universitario (MAU), en 2014, y de la Asamblea General Estudiantil de la Universidad Autónoma de Nayarit, en 2019.

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