Por Ernesto Acero C.

El PAN y el PRI duermen juntos y se tapan con el PRD. Ahora, el PAN se queja de que el PRI no cumplió con el reparto del pastel. Se suele decir que “El que con niños se acuesta, mojado amanece”. Eso (también) es lo que ocurre en el escándalo coahuilense en el que el PRI no le cumple al PAN. Es la repetición de la vieja historia que parte del supuesto que deriva de aplicar el conocido aforismo “Prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila”. ¿De qué se extrañan unos y otros?

Evidentemente, el PRI es el que sale ganando es esta historia de desnudos. El PRI sale ganando porque “Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”. El que paga, como siempre, es el pueblo que expresó su voluntad en las urnas, de manera ingenua, voluntariosa, de buena fe. Otra vez, el pueblo recibe gato por liebre.

¿De qué hablo? Me refiero al contrato firmado por los directivos de las siglas PRI y PAN para procesar la elección de gobernador en el estado de Coahuila. El contrato establecía que el PAN definiría la candidatura a la Presidencia de México en 2024, así como la de la Ciudad de México y que el PRI encabezaría la candidatura del Estado de México y de Coahuila en el 2023.

No contento con ello, el director del PAN Marco Cortes comprometía al candidato a la gubernatura (Manolo Jiménez) a entregar diversas “posiciones” como distritos electorales, alcaldías, direcciones de escuela, notarías, etc. Solamente les faltó definir quien se quedaría con las nalgas del gobernador y quien con sus calzones.

El directivo del PAN le echa en cara al PRI el haber usado su cuerpo en las elecciones de 2023 y de no haberle cumplido con el matrimonio. La carta de Marco Cortes dirigida al “PRI” es la carta del despecho. Los dejaron vestidos y alborotados. Como en la canción de Jaime López, el PRI se llevó el bistec con todo y refrigerador.

Que hagan de las suyas, que se burlen unas de otras es lo de menos. Surgen problemas cuando vemos las consecuencias de un acuerdo que representa un Contrato Formal Para el Reparto del Pastel. Firman un acuerdo que representa una burla a la voluntad de los electores que asisten a las urnas, creyendo que de esa forma inciden en el ejercicio de poder.

El contrato firmado con las siglas del PAN y del PRI, implicaba repartir cargos públicos locales en el estado de Coahuila. Entre esos cargos se encuentran el Instituto de Transparencia, el organismo de Fiscalización, presidencias municipales, notarías públicas y un extenso etcétera.

Dicho de otro modo: la voluntad popular trasladada puercamente al plano del fariseísmo. El voto del pueblo en Coahuila ha sido convertido en papel higiénico. La falta de respeto al discurso de la democracia, la supuesta existencia de “partidos políticos”, la supuesta “autonomía” de los órganos “autónomos”, todo eso se convierte en material propio para el relleno sanitario o para la fosa séptica.

El acuerdo entre directivos que comprometen las siglas del PAN y del PRI, representa también una puñalada trapera al concepto de “partido político”. Para que un acuerdo entre líderes partidistas (que en este caso no existen) sea posible, es necesario que existan procedimientos partidistas para tomar decisiones de esa magnitud. Evidentemente, no puede haber una decisión partidista donde no existe un partido. ¿Cómo dicen?: “Para hacer estofado de liebre se necesita liebre”.

No puede ser, pero es. A nombre de siglas, no partidos, una yunta de sinvergüenzas firman un acuerdo para burlar el mandato popular. Otra vez. Uno de ellos firma con evidente voluntad de entregar hasta las nalgas con tal de ser gobernador de esa entidad federativa. Ni siquiera necesitaron papel membretado para ponerse de acuerdo, ni los sellos oficiales de las siglas.

Los directivos del PRD quedaron peor. Las siglas del PRD quedaron fuera de la orgía en la que también fueron usados para fines lúbricamente electorales. Eso es lo que ha quedado del PRD, pero con eso les basta y hasta les sobra a los propietarios de esas siglas. Lo peor para el PAN y el PRI, al tratar como perro pulgoso al PRD, es que los directivos del PRD podrán decir eventualmente: “Como me ves, te verás”. El PRD de plano en el peor de los ridículos. Pero esa ofensa se la van a cobrar caro: van a pedir más dinero por prestarse para que PAN y PRI satisfagan sus calenturas en las siglas del “sol azteca”.

Ahora, los directivos del PAN y del PRI van a entrar a una contienda electoral en la que uno duda del otro. Ahora el PRII y el PAN son los “hunos” y los “otros”, dicho sea esto en los términos de Unamuno. Las libidinosas aspiraciones de poder quedan al descubierto en esta especie de estriptís “político-electoral”. En realidad, esos acuerdos entre pillos no tienen nada de político, aunque de electoral sí, pero sin democracia.

No hay nada de extraño en lo que hemos visto con el puerco acuerdo entre el PAN y el PRI, tratando como despreciable perro pulgoso al PRD. Siempre han actuado así esos mismos directivos. Siempre se han repartido el gobierno, los órganos autónomos, todo: eso todos lo sabemos. En esta ocasión, han salido acuerdos firmados en papel bond que ha sido utilizado como papel higiénico para limpiarse la boca o el otro extremo del aparato digestivo.

El PRI se comprometió a todo con tal de ganar las elecciones en Coahuila. Cedió hasta la presidencia: sabía que ya está pérdida para el PAN, para el PRI y demás rémoras. Ahora, se quiere quedar con todo el botín. Al fin y al cabo, si a la alianza se la lleva su socio el Diablo, saben que después del dos de junio se van a repartir las culpas de su fracaso.

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