Volantín | Lecciones de Ecuador a países latinoamericanos (Segunda parte)

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Por Salvador Cosío Gaona

¿Qué pueden aprender los otros países latinoamericanos de lo que está sucediendo hoy en Ecuador? 

En la primera entrega dimos a conocer los tres primeros puntos:

1. Mayor (y mejor) presencia estatal

2. Control de la corrupción

3. Mejor inversión en sistemas carcelarios

4. Fortalecimiento de las policías

En América Latina, históricamente se ha recurrido con frecuencia a los militares para restablecer el orden ante diversas crisis de seguridad. 

Ecuador lo está haciendo ahora pero países como México o Colombia también son un ejemplo de aquello.

Para los especialistas, uno de los motivos por el que los gobiernos latinoamericanos han recurrido con tanta frecuencia a esta vía es por la percepción de debilidad de sus policías que se alimenta de casos de corrupción y profundas crisis de representatividad. 

“Las policías de América Latina, en general, se han caracterizado por una infinita corrupción y debilidad para enfrentar al narcotráfico”, señaló David Saucedo, especialista mexicano en seguridad pública.

Es lo que sucede hoy en Ecuador donde en el último tiempo han terminado destituidos varios oficiales de policía.

En opinión de los expertos, este es un factor clave que fortalece al crimen organizado.

“Tener una policía sana, capaz y entrenada es un eje fundamental de cualquier política para combatir la violencia”, dice Douglas Farah.

“Hemos visto que cuando la gente piensa que al llamar a un policía va a llegar un ladrón, es porque el sistema ha fracasado”, añade.

De esta manera, Pablo Zeballos afirma que no solo es importante apoyar y capacitar a las policías sino también “sancionar drásticamente a aquellos funcionarios policiales que, incumpliendo su juramente, transan con la criminalidad y permiten que estos espacios se vayan contaminando”.

Por su parte, Luis Córdova Alarcón afirma que el problema de la seguridad no se puede dejar sólo en manos de los policías o militares.

“Este tema debe involucrar con más fuerza a la población civil. En caso contrario, terminan siendo los militares y las policías los que colonizan el debate de la seguridad y esa es una trampa en la que cayó Ecuador y en la que están cayendo varios países de América Latina”, advierte.

5. No menospreciar el poder de las pandillas locales

De acuerdo con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, en ese país hoy operan más de 20 bandas criminales que su gobierno califica como “organizaciones terroristas”. 

Estas libran una lucha interna por el control de las rentables rutas del narcotráfico que existen en territorio ecuatoriano. 

Entre las bandas más conocidas están la de los Choneros, liderada por el prófugo de la justicia alias “Fito”, los Tiguerones, los Lobos y los Lagartos. 

Y aunque hoy día muchos latinoamericanos han escuchado el nombre de estos grupos, hasta hace pocos años no figuraban mayormente en el conocimiento público.
“Creo que uno de los grandes aprendizajes del caso ecuatoriano es que no hay que subvalorar la capacidad de la propia delincuencia local”, señala Pablo Zeballos. 

“Un error que Ecuador cometió fue decir: ‘estas son solo pandillas’. Y siguen siendo pandillas pero son capaces de tener organizaciones muy fuertes”, agrega. 

En esta misma línea, los expertos coinciden en que, si no se les toma en serio, sólo se les da más poder y herramientas para crecer. 

“En Centroamérica, las maras eran solo una pandilla por casi dos décadas. Hasta que comenzaron a organizarse y ahora son un grupo de crimen organizado muy fuerte”, señala Douglas Farah. 

El investigador agrega que lo anterior no significa que no haya que estar alerta con los posibles criminales que ingresen desde otros países. 

Por eso, dice, se debe tener un adecuado control fronterizo y una política vecinal que ayude a ese control.

Pero los especialistas coinciden en que hoy, con el acceso tecnológico, los modelos de criminalidad exitosos de otros países son fácilmente replicables. 

“Las pandillas internas están siempre aprendiendo”, advierte Pablo Zeballos.

 La violencia, sin embargo no surgió el fin de semana pasado ni el anterior. La pandemia de covid-19 golpeó al país con especial fuerza y provocó una caída de la economía. Desde entonces, también comenzó a recrudecerse la violencia relacionada con el tráfico de drogas.

El año pasado este país, que era hasta hace poco uno de los más seguros de la región, registró 8,008 muertes violentas en 2023, de acuerdo con fuentes gubernamentales, casi el doble que en 2022.

 Estos son algunos de los factores que condujeron a Ecuador a la grave situación de seguridad pública que enfrenta actualmente.

 En medio del mercado mundial de la guerra

Ecuador tiene una posición geopolítica privilegiada. Atravesado por la línea imaginaria que divide a los hemisferios norte y sur —y que le da nombre—, este país andino cuenta con una importante salida al Pacífico, además de recursos naturales clave, como el petróleo.

Pero también se trata de un punto muy importante para el tráfico de drogas mundial. El país se localiza entre los dos principales productores de cocaína del mundo, de acuerdo con el Informe Global de Cocaína de la Oficina de Drogas y Crimen de la Organización de las Naciones Unidas.

“No son los únicos países productores de cocaína. En los últimos años se han sumado otros países como Venezuela y Honduras, que no estaban como productores. Todo esto está cambiando una dinámica de producción, de consumo y de las rutas de la droga”, explica Sofía Lanchimba, socióloga y posdoctorante en el Centro de Investigaciones Interdiscplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

En los últimos cinco años, Ecuador pasó de ser un país de transito para la cocaína a convertirse en un importante centro de distribución de esta droga. La salida de Ecuador al Pacífico es parte de la ruta hacía Estados Unidos, pero cada vez más para Europa y África, un mercado en crecimiento para los cárteles.

Guayaquil, la ciudad costera más grande de Ecuador, está considerada la más peligrosa del país, ya que sus puertos actúan como centro del contrabando de drogas.

“Y si tú te fijas la mayor conflictividad justamente está en la costa, no que son los lugares de donde sale la droga y que en este momento son los espacios de disputa por estas distintas bandas para controlar justamente el flujo de la droga. Estas disputas la hemos visto en incremento desde 2020”, dice Lanchimba.

Desde hace tres años, distintos grupos del crimen organizado se enfrentan por el control de estos puntos. Estas disputas, cada vez más violentas, también han provocado que los grupos de atomicen y den nacimiento a nuevas organizaciones criminales.

Los Chineros, un cartel surgido desde la década de 1990, había controlado el tráfico de cocaína en Ecuador por lo menos hasta 2020. Ese año, su líder fue asesinado y con lo que la lucha por el control del flujo de las sustancias se hizo más agresiva.

El año pasado, otra organización consolidó su presencia en el país: Los Lobos.

“La información que ha dado un poco el Estado es que igual son son son un poco satélites que están conectados con el mercado mundial de la droga y que ese es esa conexión de hecho tiene una conexión con México no se dice que Los Choneros tienen una conexión con el Cartel de Sinaloa y Los Lobos como el Cartel de Jalisco Nueva Generación”, dice la socióloga.

Otro factor ha sido la desmovilización de las FARC después del Acuerdo de Paz alcanzado con el gobierno de Colombia en 2016. Desde entonces, los territorios que controlan en la frontera de Ecuador comienzan a ser disputados por grupos criminales.

“Esa frontera que básicamente tenía un cierto, digamos tapón de las Farc que además controlaban ese territorio pues ya empieza a hacer una una frontera mucho más permeable no que reconfigura toda esta todo el flujo de la droga”, explica Lanchimba.

Abandono estatal

Ecuador también vivió en los últimos años un debilitamiento del Estado de derecho, lo que permitió un crecimiento de los cárteles de la droga en este país sudamericano. Durante el gobierno de Lenin Moreno (2017-2021), se redujeron áreas del gobierno claves para el combate a la criminalidad, como la extinción del Ministerio de Justicia o de la Central de Inteligencia.

Desde 2020, con el estallido de la pandemia, las masacres carcelaria comienzan a ser frecuentes en el país. Las prisiones también se convierten en el centro de operación de los cárteles.

Dentro de las prisiones ecuatorianas, las bandas se han aprovechado del escaso control del Estado para ampliar su poder. La violencia en las prisiones es cada vez más habitual, con cientos de muertos en incidentes que las autoridades atribuyen a las luchas entre esos grupos por el control de las cárceles.

“Vamos a ver, masacres carcelarias del desde el 2020. Empieza a ser evidente que las cárceles no están controladas por el estado que hay disputas del interior de las cárceles que digamos sobre el clásico amotinamiento que podían haber anteriormente”, dijo la socióloga.

Además, como consecuencia de la pandemia de covid-19, la pobreza y el desempleo crecieron en Ecuador.

También han aumentado los indicadores de “deserción estudiantil, sobre todo para las escuelas de nivel secundario. Es muy alarmante, ya hay muchos muchos niños muchos adolescentes que dejan de ir al sistema educativo”.

Durante el gobierno de Guillermo Lasso (2021-2023) crecen las alertas de una infiltración del Estado por parte de fuerzas criminales. La embajada de Estados Unidos en Ecuador incluso llega a acusar la presencia de generales comprados por el narcotráfico.

 Algunos temas suenan tan parecidos a lo que se vive en México, que no deja de provocar cierta alarma y sobresalto el hecho de pensar que en cualquier momento los carteles de la droga puedan generar una crisis como la que vive Ecuador. Por supuesto no es lo deseable, pero el gobierno obradorista no ha hecho nada para impedirlo.

 Opinionsalcosga23@gmail.com

@salvadorcosio1

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