Mientras varios de quienes pueden ser considerados “misioneros católicos de la Diócesis de Tepic” en tierras chiapanecas [algunos de los cuales entregaron sus mejores años a diversas comunidades ‘ladinas’ e indígenas que peregrinan por aquellas tierras] viajan por segundo año consecutivo por diversas regiones de aquel estado fronterizo, yo ―con plena conciencia de que el trigésimo aniversario del levantamiento zapatista, los cuarenta de la gestación del movimiento insurreccional y los cincuenta del cambio de un paradigma cultural que, en claves hegeliano-marxianas se podría denominar “señorial-servil”, merecen unas “palabras” al respecto, me dispongo a elegir algunas que configuren un discurso [= correr por diversas vías] suficientemente coherente que contribuya a la celebración y al lamento.

Como era de esperarse, el trigésimo aniversario del levantamiento zapatista ―ni más ni menos que en aquellos momentos en que el discurso oficial celebraba el ingreso de nuestro país al “primer mundo”― ha traído consigo una diversidad de comentarios, reflexiones y celebraciones, entre las cuales menciono tres a las que he tenido acceso:

Treinta libros de bolsillo de la colección Al faro zapatista publicada por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), en conjunto con la Cooperativa Editorial Retos, la Cátedra Jorge Alonso y el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

Una serie de artículos incluidos en la ahora edición mensual de la revista Proceso correspondiente al mes de enero de 2024 denominada “30 años del EZLN: de la utopía a la pesadilla de los cárteles”.

La entrevista realizada a Miguel Dueñas ―uno de los misioneros católicos antes mencionados― en el programa “En su propia voz: el debate de nuestro tiempo” en el canal de televisión de la Universidad Autónoma de Querétaro en días pasados.

Los treinta libros publicados por CLACSO tienen, en general, un enfoque positivo acerca del zapatismo e incluyen desde “Un somero acercamiento al zapatismo”, “Despertad. La subversión zapatista en tierras insumisas” hasta “Haciendo otros mundos posibles” o “Hacia una nueva era”, pasando por temas ecológico-políticos: “Madre Tierra como subjetividad. Principios de buen gobierno, memoria, territorio y autonomía”, “Agroecología[s] emancipatoria[s] para un mundo donde florezcan muchas autonomías” y “Legado de los pueblos y las comunidades zapatistas a la lucha por la Tierra y la Vida frente a la Tormenta”; feministas: “Lecciones a las feministas de las mujeres zapatistas”; estéticos: “Arte y política en el zapatismo contemporáneo. Una relación indisoluble” y “Jukub. Poems From Chiapas for the Reverse Conquest”; filosóficos: “’De por sí lo que hemos aprendido es a aprender’. Trazos de una epistemología zapatista” y “El nosotros zapatista y el tiempo como flor y rebeldía”; “globales”: “Caminar preguntando en Alemania” y “Autonomía en el sureste europeo, sus referencias y relaciones con el zapatismo del sureste mexicano” y “Caminar preguntando en Alemania”.

El tenor del “dossier” de la revista Proceso, por su parte, centra su atención ―como lo sugiere la expresión utilizada para denominarlo “De la utopía a la pesadilla de los cárteles”― en los elementos anti-utópicos que se pueden encontrar en el territorio chiapaneco treinta años después del levantamiento.

Este tenor se hace presente desde la presentación, en la que se puede leer [en un contexto significativo de letras blancas sobre fondo negro]: “a tres décadas del surgimiento de un nuevo rostro contra el neoliberalismo, todo cambió para seguir igual… o peor con la remilitarización del estado y la aparición de “un enemigo” que por igual desgarra al resto del país: el narcotráfico”.

De acuerdo con el contenido de uno de los artículos incluidos en la revista [Chiapas, entre la militarización y el narco], Chiapas es el estado más militarizado en un México crecientemente militarizado: ahí hay dos militares por cada médico y un soldado por cada cinco maestros y en relación con el avance de la criminalidad, el EZLN y la inteligencia del Estado mexicano coincidirían en que en territorio chiapaneco la criminalidad ha avanzado “al amparo de autoridades locales y estatales de Morena, de la FGR, la Sedena y la Guardia Nacional”.

En la página 23 de la revista aparecen tres mapas del estado: el primero de ellos fue elaborado por el subcomandante Marcos y en él aparece el proyecto de la campaña militar “Paz con justicia y dignidad para los pueblos indios”; el segundo ubica las 10 bases militares presentes en el estado en la actualidad; el tercero, por su parte, ubica la presencia de los tres principales grupos del crimen organizado en el estado: el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación y Los Zetas [¡!].

Otro de los artículos [Los cárteles, con base social en el bastión zapatista] hace referencia a una diversidad de actividades que llevan a cabo los grupos delincuenciales en el territorio chiapaneco en general y en los ahora desparecidos “Municipios autónomos Rebeldes”: trasiego de drogas, armas, combustible, secuestro, tráfico de migrantes y extorsión”, sin que los políticos y militares hayan podido frenarlos.

“La migración se llevó a los rebeldes de Las Margaritas”, lleva por título otro de los artículos incluidos en la revista. En él se afirma que “en el corazón de la comandancia general del EZLN son pocos los zapatistas que quedan debido, entre otras cosas, a los conflictos internos en el zapatismo iniciados en 2003 y a la migración.

Quizás el más dramático de los artículos incluidos en “el Proceso” de este mes sea el que se denomina “el territorio rebelde al que nunca llegó la paz”, en el que se afirma: “la población se mantiene en vilo porque Chiapas pasó del paramilitarismo de los 90 a la diversificación de grupos armados en los últimos años”, con lo que “el despojo, la explotación y la marginación social siguen tan presentes como siempre y la Impunidad han dado paso a graves violaciones a los derechos humanos, como el desplazamiento forzado masivo e intermitente de las comunidades; desapariciones de personas, despojo de tierras y asesinatos”.

En cuanto a la tercera fuente para estas “palabras”, la entrevista a Miguel Dueñas ―compañero, amigo, hermano― muestra no solo que su corazón quedó “chiapanizado”, o mejor aún “tojolabalizado” para siempre, sino que ofrece un mensaje de esperanza: “a pesar de todos los pesares”, Chiapas ha sido testigo de un proceso socio-político-religioso-cultural de dignificación de las comunidades indígenas y sus miembros, así como de la revitalización y actualización de ese espíritu comunitario y respetuoso de la tierra tan lejano del individualismo moderno ―liberal neoliberal y cuatroteísta―, indispensable para el advenimiento de un mundo alterno y, como lo afirma o insinúa Miguel, “signo de la presencia del Reino de Dios en este mundo”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí