7.7 C
Tepic
viernes, mayo 24, 2024
InicioOpiniónDel Apocalipsis y las auroras boreales

Del Apocalipsis y las auroras boreales

Fecha:

spot_imgspot_img

Por Frydha Victoria

Mi papá, que era un hombre de fe, habría tomado con gran asombro el suceso solar que actualmente nos atraviesa. Diría, sentado desde el sillón de la casa, que el mundo se está acabando. Afirmaría, también, la irremediable tragedia y destino que nos coloca frente a guerras, terremotos, auroras boreales en Nayarit y, por supuesto, el calentamiento global.

Mi papá, cuya afición era leernos el Apocalipsis según San Juan a la hora de la cena, estaría ya esperando con los ojos muy abiertos el descenso de los Cuatro Jinetes, abriría los oídos y prestaría atención a las trompetas que anunciarán el regreso de Cristo y, estoy segura, que me repetiría esa frase tan suya que nunca se cansó de decirme: Hija, si Dios quiere que presencies todo esto es por una razón.

Mi papá vio caer un siglo y también a sus ídolos, lamentó la muerte de Michael Jackson ese día de verano cuando tras enterarse, hizo una llamada contundente hasta donde yo estaba para decir: Préndele a las noticias, MJ acaba de morir. Para él, una parte del mundo terminó ese día.

Murió dos meses antes de que se cumplieran las profecías del 21 de diciembre de 2012. A veces me gusta pensar que lo quiso así por cobardía, porque no quiso atestiguar el deshielo de los polos, o el impacto de cientos de meteoritos contra la tierra tras cumplirse el último ciclo maya. Y, aunque suene irónico, me da gusto que haya sido así, pues no habría soportado la decepción de que no pasara absolutamente nada. Para nosotros, el mundo terminó y comenzó sin que nos diéramos cuenta.

De mi papá todavía conservo algunas cosas, como el suéter azul que compramos en un tendido de segunda mano en CDMX, o las fotos que tomamos en tantos viajes; pero lo que más conservo es su capacidad de asombro y la certeza de que los momentos cotidianos vienen a decirnos algo. Quizás por eso busco la poesía en todas partes y pienso, que las cosas son la metáfora de una verdad que todavía no ocurre.

Y es que, en medio de un panorama tan desalentador, conservo la fe de la causa y el efecto, de que nada es casualidad, y de que las auroras boreales en Nayarit, son la antesala de algo más grande y terrorífico, como un avistamiento extraterrestre, los tiempos electorales o la extinción definitiva de la humanidad.

Más artículos

spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí