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Opinión

Calidad humana, clave: Actuar en el mundo de manera diferente

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Por ERNESTO ACERO C.

Septiembre 07, 2021 | 08:51 am

He tenido en suerte conocer a personas alejadas de signos de soberbia y vanidad. Son personas tolerantes, respetuosas, solidarias; con algunas tratamos diariamente y otras han dedicado su vida a su fe. Dos de esas personas que puedo mencionar, son Alfonso Humberto Robles Cota (?) y mi apreciado Padre, Cecilio Estrada Sin. Uno y otro me llevó a la relectura de textos bíblicos y de las versiones apócrifas y a la conclusión de que en ambos casos es posible derivar enseñanzas trascendentes.

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Es del mayor interés la lectura de las Sagradas Escrituras. Lo es también la lectura de los llamados apócrifos. Con el mejor de los ánimos procede avanzar en su lectura. Me parece que esas palabras llaman a realizar ejercicios de reflexión y de análisis, al menos. La verdad sea dicha, ni las Sagradas Escrituras, ni los llamados apócrifos, deben ser leídos en un afán excesivamente “racionalista”.

En estas lecturas se debe buscar más que una verdad simple. Puede buscarse toda una visión del mundo y de las cosas. Se puede avanzar en la reflexión transformadora, como cuando sinceramente se lee poesía. Comparto aquí algunos de esos pensamientos que pueden ser útiles en la vida cotidiana.

Del Libro 1 de Henoc, conocido también como Henoc Etiópico, conviene tomar una serie de textos para su reflexión. Es posible encontrar en esas lecturas, desde dulces llamados, hasta advertencias que llevan una carga apocalíptica. He aquí, una sucinta selección de unos de esos textos llamados apócrifos.

* «Cuando se dé a los elegidos sabiduría, todos ellos vivirán y no volverán a pecar, ni por omisión ni por soberbia, pues los que tengan sabiduría serán humildes». (Naturalmente que quienes muestran soberbia, dejan entrever, igualmente, carencia de sabiduría).

* Sácalos, azúzalos unos contra otros, que ellos mismos se destruyan luchando, pues no han de ser largos sus días.

* Aniquila a todas las almas lascivas y a los hijos de los vigilantes por haber oprimido a los hombres.

* Entonces serán humildes todos los justos, vivirán hasta engendrar a mil hijos y cumplirán en paz todos los días de su mocedad y vejez.

* Los espíritus de los gigantes, los nefilim (espíritus que se vengan de los hombres tentándolos continuamente) oprimen, corrompen, atacan, pelean, destrozan la tierra y traen pesar; nada de lo que se comen les basta, ni cuando tienen sed quedan ahítos.

* Los reyes poderosos perecerán entonces y serán puestos en manos de los justos y santos, y ya no habrá quien interceda por ellos ante el Señor de los espíritus, pues la vida se les acabará.

* La sabiduría no encontró lugar donde morar, y fue su morada el cielo. Salió la sabiduría a morar entre los hijos de los hombres y no encontró aposento. Volvió la sabiduría a su lugar y se asentó entren los ángeles. Pero la injusticia salió de su cámara, encontró lo que no buscaba y moró entre ellos, como lluvia en el desierto y rocío en tierra sedienta.

* Otra cosa vi acerca del relámpago: cómo ascienden algunas de las estrellas y se vuelven relámpago y no pueden dejar su apariencia.

* En esos días estarán cabizbajos los reyes de la tierra y los poderosos que poseían el mundo por las acciones de sus manos, pues en el día de su angustia y estrechez no se salvarán. En manos de mis elegidos los pondré como paja al fuego, como plomo en el agua, y así arderán ante la faz de los santos y se hundirán ante el rostro de los justos, sin que se halle de ellos huella.

* Cuando se describen los nombres y poderes de los ángeles caídos y de los satanes, se dice de uno de ellos lo siguiente: «El cuarto se llama Penemué: éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce, y todos los arcanos de su sabiduría. El enseñó a los hombres la escritura con tinta y papel, a causa de lo cuál son muchos los que se extravían desde siempre y hasta siempre, hasta este día».

* En esos días será cortada la violencia de raíz, y las raíces de la iniquidad con las de la mentira serán aniquiladas de bajo el cielo.

* ¡Ay de vosotros, que lanzáis anatemas irremisibles: la medicina estará lejos de vosotros a causa de vuestros pecados! ¡Ay de vosotros que retribuís mal a vuestro prójimo, pues recibiréis según vuestras obras!

* ¡Ay de vosotros, los que escribís mentiras y palabras de los impíos, pues estos escriben sus engaños para que se les oiga y se olvide lo demás! ¡No tendrán paz, y de muerte súbita morirán!

* No temáis vosotras, almas de los justos; mantened la esperanza los que habéis muerto en la justicia. No os entristezcáis porque bajó tristemente vuestra alma al seol y no fue retribuida vuestra carne durante la vida según vuestra bondad, sino por el día en que fuisteis pecadores y por el día de maldición y castigo…

* Yo os digo a vosotros, pecadores: os basta comer, beber, pecar, desnudar al hombre, adquirir posesiones, robar y ver buenos días. ¿Habéis visto qué pacífico fue el final de los justos, contra los que no pudo hallarse ninguna violencia hasta su muerte?

* Ahora yo conozco este misterio: muchos pecadores cambian la palabra recta, la alteran y hablan malas palabras, mienten, inventan grandes ficciones y escriben libros acerca de sus discursos.

* Los que obráis bien, esperad esos días hasta que acaben los que obran mal y termine el poder de los culpables.

El Testamento de Job, es otro de los textos considerado como apócrifo, del Antiguo Testamento. Habrá que recordar que Job es un ejemplo de la paciencia infinita, de la fortaleza absoluta ante las peores calamidades. Es la paciencia del que sabe mantener el alma ilesa, luego de transitar de la más vasta riqueza, a la más terrible pobreza. Un día lo tiene todo, y al siguiente, no tiene nada: y sin embargo, Job no se derrumba.

* Así, luego de ser víctima del poder de Satán, Job describe la forma en la que pierde sus rebaños. Dice así: “El resto de mis rebaños me fue arrebatado por mis conciudadanos, por aquellos que habían recibido de mi innumerables beneficios. Ahora se levantaban contra mí y me arrebataban el resto de mis animales. Cuando me anunciaron la destrucción de mis bienes, alabé a Dios y no blasfemé”.

* Tras el anuncio de la muerte de sus hijos y ver que el mensajero se había salvado, dijo Job: “Entonces, comprendiendo lo ocurrido, exclamé en voz alta: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Suceda todo tal como al Señor le parezca. Sea bendito el nombre del Señor»

Si, pues, recibimos de la mano del Señor los bienes, ¿no soportaremos, a su vez, los males? Tengamos más bien paciencia en todo momento, hasta que el Señor, conmovido, se apiade de nosotros. ¿No ves al diablo que está tras de ti perturbando tus razonamientos para engañarme a mí también?

* Elihu, esforzándose por reconocer a Job tras años de desgracia, le dijo a este: ¿Eres tú, Job, el que es rey como nosotros?/ ¿Eres tú aquel cuya gloria era otrora tan grande?/ ¿Eres tú aquel que, como el sol durante el día, brillaba sobre toda la tierra?/ ¿Eres tú aquel hombre semejante a la luna/ y a las estrellas que aparecen a media noche?

* ¿Quién no habría de ser presa del temor y la locura encontrándose entre tantas desgracias?

* No se ocupa mi mente de cosas terrenas, puesto que la tierra y los que en ella habitan son inestables. Mi corazón está ocupado con las celestes, porque no hay en el cielo turbación.

Acudir a esas lecturas siempre puede ser reconfortante. Desde una perspectiva laica, esas lecturas no llevan a traicionar ni la razón ni la vocación. Hay quienes poseen un enorme valor humano y lo muestran en su vida cotidiana. Ellos son esos quienes se acercan más a la utopía humana.

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