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Opinión

Sucedio en la red: 11 de octubre

Diario de Abordo

Por Marco Alanez Olvera

Octubre 12, 2021 | 09:54 am

@   JUSTICIA SELECTIVA

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Gran revuelo se generó  en las redes sociales el pasado fin de semana, por una fotografía que subió a Twitter la periodista Lourdes Mendoza, en donde aparece  Emilio Lozoya, disfrutando de una agradable cena con unos amigos, en la lujosa zona de Polanco en la CDMX. La foto se hizo viral en minutos y comenzó a generar todo tipo de comentario, sobre todo porque el personaje citado, forma parte de una serie de acciones que el gobierno federal implementó el año pasado, ante el caso de corrupción de la empresa Obredecht, y en donde a Lozoya se le había sido acusado por recibir y gestionar sobornos millonarios de la constructora brasileña.

La cosa es que en Julio del año pasado, justo cuando la PANDEMIA en México comenzaba a descontrolarse, el gobierno federal llevó a cabo su extradición, después de una mediática detención en febrero del mismo año en una zona residencial en España. Parecía que el gobierno federal por fin cumplía con su promesa de “combatir a la corrupción”,  frase utilizada como slogan y  como bandera política en la que va de su gobierno.

Se esperaba también que detrás de la detención de Lozoya, llegaran como efecto dominó, las detenciones de los ex presidentes Calderón y Peña, aunque la historia nos dice que, esto no ocurrió, y muy por el contrario, se publicó y viralizó la foto del hermano del presidente, el buen “Pío”, recibiendo dinero para la entrega de apoyos en actividades electorales a realizarse en el Estado de Chiapas en el año 2015. A partir de ese video, Emilio Lozoya desapareció del ojo mediático y su arresto domiciliar lo fue sobrellevando casi en el desinterés público y el anonimato. Sin embargo, con la foto de Lozoya degustando una buena cena, circulando  en las redes sociales, se pone en entredicho la promesa de combatir a la corrupción por parte de este gobierno, incluso el propio presidente en su mañanera de hoy, tuvo que declarar al respecto señalando que lo ocurrido con esa cena aunque era inmoral, pues también legal.

Lamentablemente esa declaración no abona en nada para darle credibilidad a las acciones orientadas a erradicar la corrupción de las instituciones, muy por el contrario, coloca al tema en una disyuntiva entre la impartición de una Justicia selectiva y dirigida, o el cumplimiento del estado de derecho sin más.

Entre si son peras o manzanas, a diferencia de otros países donde el caso Obredecht ha ido hasta las últimas consecuencias, llevando a la cárcel incluso a expresidentes, como el caso del expresidente peruano Ollanta Humala y su esposa Nadine Heredia, o en países como Colombia, Ecuador y Brasil, donde fueron señaladas autoridades y funcionarios de alto nivel, en México, todo parece indicar que la corrupción por el caso Obredecht puede esperar, primero, a que el inculpado cene tranquilamente en Polanco relajado y disfrutando de los amigos, y segundo, a que la fiscalía de la república, termine de resolver sus persecuciones en contra de los científicos de Conacyt. En cualquier caso, parece que la justicia es selectiva y no un bien público que se hace valer como aplicación del estado de derecho.

 

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