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Opinión

Reflexiones y Prospectivas

Por Daniel Camarena

Octubre 13, 2021 | 11:50 am

La compleja tarea de gobernar: ¿Marx tiene la razón?

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Reflexiones:

 

En el año 1851, el filósofo y economista Carlos Marx señalaba en su célebre escrito “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, que “los  hombres  hacen  su  propia  historia,  pero  no  la  hacen  a  su  libre  arbitrio, bajo  circunstancias  elegidas  por ellos  mismos,  sino  bajo  aquellas  circunstancias  con  que  se  encuentran  directamente,  que  existen  y  les  han sido  legadas  por  el  pasado”. 

 

El también político y sociólogo alemán expresó -dicho en otras palabras- que las sociedades vivimos en una suerte de contextos históricos bajo las cuales interactuamos, con herencias y estructuras ya instaladas. Vivimos y hacemos sociedad en un lugar ya dado, con leyes, normas, con simbolismos y otros elementos que restringen nuestra posibilidad de acción y de transformación. Es pensar que hacemos vida como sociedad en una cancha donde las reglas ya están definidas y no podemos hacer cambios a nuestro antojo.

 

Sepa Ud., que esa reflexión sigue vigente en nuestros días, tal vez más potente y visible que nunca (pues los medios digitales permiten enterarse prácticamente en tiempo real de los acontecimientos tanto públicos como privados).

 

¿Hacia donde apunta esta reflexión? A propósito de los casi 30 días de nuevos gobiernos en nuestra Entidad, y algunos a nivel nacional (también ocurre en casi todos los países latinoamericanos), estamos observando como las herencias y dificultades de otras administraciones empiezan a desdibujar las anheladas propuestas de nuestros entonces candidatos y ahora gobernantes en turno. Y el margen de acción y presupuestal de nuestros funcionarios y responsables públicos, está sumamente restringido.

 

No se trata de señalar únicamente los espacios locales de gobierno, sino colocar esta reflexión incluso a niveles internacionales donde observamos que los emotivos gobiernos entrantes no están a la altura técnica y capacidad presupuestal para enfrentar con mayor éxito las enormes problemáticas que vivimos las sociedades. Muy a pesar de las grandes esperanzas y ánimos para solucionar problemas, las acciones y políticas que pueden emprender nuestros actores políticos y gobernantes, tradicional y gradualmente se van reduciendo en sus capacidades tanto políticas como operativas.

 

¿Cómo evitar este grave ciclo histórico en el que nuestros gobiernos parecen estar atrapados y poder conseguir mejores resultados en nuestros gobiernos y sociedades? Yo le aseguro que no existen fórmulas ni recetas mágicas. Pero lo que si existen son experiencias y sugerencias de prácticas públicas y agenda política de distintas regiones del mundo que han mostrado una mayor efectividad en las acciones del propio Estado y sus gobiernos.

 

Si la idea es construir sociedades más justas, solidarias, equitativas, democráticas, progresistas y con mayor desarrollo tanto económico como social y político, urge que se comiencen a desempolvar e investigar aquellos métodos exitosos (incluso aquellas evidencias empíricas) para construir mejores gobiernos. Pero aun más importante, dejarse de una vez por todas de andar atendiendo más a los problemas entre partidos políticos que a los problemas de la sociedad, pues creo que no hay equivalencia en señalar cual es más importante, pues queda evidenciado que un proyecto de gobierno y de sociedad es mucho más importante que un proyecto político (pues se comienza a olfatear y sospechar de algunos actores quienes ya están pensando en las siguientes elecciones cuando aún no logran siquiera cosechar su primera siembra).

 

Prospectiva:

 

En general, y pensando en un nivel latinoamericano, con las evidencias y la vida política diaria, sólo se reflejan que no se están atendiendo con éxito los grandes desafíos que piden a gritos ser atendidos por quienes son los responsables en turno.

 

Es triste observar como en otras latitudes (aquí aún no hay suficiente tiempo transcurrido para evaluar la efectividad de las acciones de los gobiernos), los gobernantes prefieren adherir esos desoladores problemas  públicos al paisaje de sus contextos. Como si los problemas son partes inamovibles y propios de la comunidad, que así nacieron y así seguirán. O bien, a otro les tocará arreglarlos. O peor aún, no logran siquiera verlos o entenderlos.

 

Y ojo, no se trata de afirmar que a muchos de nuestros gobernantes les falte sinceridad, voluntad y ganas de mejorar a nuestras comunidades. Dicho de otro modo, más allá de ese enorme propósito en construir mejores sociedades, los problemas que ahora enfrentamos son de tal magnitud y complejidad, que rebasa ese emotivo espíritu o cualidades personales que puedan tener. Se trata de llenarse de mucha técnica, imaginación, revisión histórica, de prospectiva, de planificación y de tomar decisiones sumamente difíciles. En las sociedades latinoamericanas se nos han enseñado que no requerimos superhombres o supermujeres para hacer buen gobierno, pues eso conduce a construir agendas políticas personales que se alejan de los problemas sociales reales. Sino pensar en planificar y operar a partir de la consolidación de expertos equipos multidisciplinarios (y ciudadanos también involucrados) que abonen a mejorar gradualmente nuestras complicadas sociedades locales. Ojalá la idea marxista pueda quedar sin efecto algún día y se demuestre que se puede cambiar y transformar, a pesar de las herencias de los gobiernos pasados.

 

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