Opinión

AMLO: mensaje ante las naciones

Corrupción y desigualdad

Por ERNESTO ACERO C.

Noviembre 16, 2021 | 11-16 am

“Verán, los multimillonarios tienden a estar rodeados de gente que les dice lo maravillosos que son y nunca, jamás, sugerirían que están haciendo el ridículo”

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Paul Krugman

MENSAJE QUE DEFIENDE LA LIBERTAD DE EMPRESA.

La democracia exige el control del poder. El poder debe ser controlado y no debe concentrarse. ¿Cuál poder? El poder político, y lo mismo, el poder económico. Corrupción y desigualdad no proceden en un entorno democrático. Frenar la desigualdad y proscribir sincera y seriamente la corrupción, son premisas de esa fase de la democracia.

Los “enemigos” del gobierno que preside Andrés Manuel López Obrador, se mesan los cabellos y se desgarran las vestiduras. Lo hacen al conocer el contenido del discurso ofrecido por el Presidente de México, al encabezar la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU.

Unos lo hacen como respuesta pavloviana y otros más para defender los intereses que representan de manera vergonzante. La razón es sencilla: el Presidente ha enfilado sus palabras contra dos fenómenos letales que agravian al mundo entero: la corrupción y la desigualdad. Algunos estiman que no era ese el espacio para abordar esos temas.

Al seno de ese organismo ya se han tratado ambos asuntos. Lo hizo António Guterres, en el mismo escenario, en el Consejo de Seguridad de la ONU, “en una reunión sobre la lucha contra la corrupción en aras de la paz y la seguridad internacional”. Era septiembre de 2018.

En aquella ocasión, el Secretario General de la ONU sostenía que la corrupción impacta la vida de las naciones en varios sentidos: roba escuelas, hospitales y otros fondos que son vitales; destruye las instituciones mientras que los funcionarios se enriquecen o ignoran la criminalidad; priva a las personas de sus derechos y ahuyenta la inversión extranjera además de dañar el medio ambiente; fomenta la falta de credibilidad en el gobierno y la gobernabilidad, así como la disfunción política y la desunión social; puede ser un desencadenante de conflictos; tiene su caldo de cultivo en el colapso de las instituciones políticas y sociales. En aquella ocasión, Guterrez quizá haya sido más radical que López Obrador.

Los pobres, sostenía Guterrez, constituyen el segmento más vulnerable ante la corrupción. Así, dado que el flagelo se manifiesta e incentiva las desigualdades. Dentro de los pobres, las mujeres y las niñas la llevan peor.

Creo que ni antes Guterrez, ni ahora López Obrador, pretenden convertirse en el azote de los ricos. Ni uno ni otro se han declarado comunistas, sino liberales. Por tanto, no es la actividad empresarial la que fustigan, sino a la corrupción.

La corrupción, en realidad impacta negativamente en la actividad empresarial. Los (verdaderos) empresarios que le apuestan a la competitividad, a la productividad, a la innovación, a la creación de empleos y a la inversión, resultan afectados por los que suplantan la actividad empresarial recurriendo a los sobornos y no a la creatividad empresarial. Un par de casos emblemáticos de corrupción, llevan por nombre Odebrecht y Enron. En algunos casos, esa corrupción se ha fincado en la ley, como los casos asociados con el ex presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

La corrupción se manifiesta en términos de las enormes desigualdades que marcan la época. Para Oxfam, el uno por ciento más rico del mundo, es propietaria de más del doble de la riqueza de 6 mil 900 millones de habitantes del mundo.

A eso se deben añadir otros indicadores originados por la misma fuente: los súper ricos evaden hasta el 30 por ciento de sus obligaciones fiscales. Los paraísos fiscales resultan ser uno de los más socorridos mecanismos para evadir el pago de impuestos. Eso lleva a los gobiernos de numerosas naciones a la imposibilidad de dotar de servicios básicos a su población, como el de la salud. Para Oxfam, a diario mueren unas 10 mil personas debido a que no pueden costearse las atenciones de salud que requieren.

Recientemente, el Nobel de Economía (2008) Paul Krugman, sostenía en The New York Times, que los que los Estados Unidos requieren es aplicar impuestos a las grandes fortunas. Planteaba la serie de críticas grotescas que se esgrimen en sentido contrario. Agregaba que es la influencia política que poseen, lo que los tiende a hacer invulnerables a cualquier intento por afectar sus intereses. Al respecto, procede citar sus palabras: “Pero no te atrevas a burlarte de Musk. El dinero de los multimillonarios les da mucha influencia política, la suficiente para que, en este país, logren bloquear los planes del Partido Demócrata de financiar un muy necesario gasto social con un impuesto que solo afectaría a unos cuantos cientos de personas en una nación de más de 300 millones. Ahora imagina lo que podrían hacer si creen que la gente se ríe de ellos”.

En un mundo con más de siete mil 800 millones de habitantes, afectar unas cuantas fortunas no afectaría a una élite de dinero. Por el contrario, la riqueza podría impactar positivamente en un enorme número de empresas que se ven limitados en su crecimiento por la falta de consumo. El consumo, la realización de las mercancías, es la etapa en la que la economía puede estimular la inversión y por tanto un mayor crecimiento de todos.

La desigualdad y la corrupción también afectan a las empresas. Con altos niveles de desigualdad no hay consumidores y la capacidad adquisitiva deteriorada reduce la posibilidad de que se produzca más y mejor.

Separar el poder económico del poder político es un desafío que reclama el esfuerzo de nuestros días. Por el bien del poder político y por el bien del poder económico, es mejor separar a los dos; no enfrentarlos, sino separarlos.

Si las personas consumen mercancías, el empresario se ve estimulado a producir más y mejor. Para producir más y mejor, necesita innovar tecnológicamente, necesita personal capacitado, necesita personal al que le debe asegurar un salario. Las personas con salario pueden consumir más. Ese es el círculo virtuoso al que se referían hace algunos años, los líderes de la Tercera Vía.

Abatir las desigualdades e impedir la corrupción en todos los rincones del mundo, puede llevar a que el mundo viva mejor. No se trata de acabar con los empresarios: esa es una locura que no procede, excepto en algunas utopías. Abatir la corrupción y acabar la brecha de las desigualdades, puede ser útil para todo mundo, para políticos y para empresarios

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