Opinión

¿Quién promueve la “polarización”?

Por ERNESTO ACERO C.

Noviembre 24, 2021 | 11-24 am

Para bailar tango se necesitan dos

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“Con riñas, hijas de palabras vanas, tú, viejo Capuleto, tú, Montesco, tres veces habéis roto la quietud de nuestras calles y habéis incitado a los viejos vecinos de Verona a arrojar sus severos paramentos poniendo en viejas manos armas viejas; aquellas que la paz había oxidado ahora las oxida el odio vuestro”

W. Shakespeare

La polarización es un hecho multidimensional en el país. Esa polarización la promueven tirios y troyanos, de diferentes maneras y diversas esferas. La infantil pregunta obligada es: ¿Quién empezó primero? La respuesta es sencilla: la polarización fue iniciada por montescos y capuletos. No cabe duda: para bailar tango, dos son necesarios.

Esa polarización, en el plano político, en todo México se manifestaba y se expresa hoy en diferentes aspectos. Las barreras a la entrada en la esfera política impidieron la renovación de los protagonistas; eso obligaba a la polarización que se llegó a manifestar en radicalización.

La polarización también se manifestó en el plano económico, en el social, así como desde la perspectiva de género. En lo económico, con la extrema desigualdad expresada mediante el coeficiente de Gini. En lo social, la polarización se alimentó con la discriminación por la forma de vestir o arreglo personal, por el peso o la estatura, por la edad y no se diga, por las creencias religiosas. A las mujeres se les ha excluido por el solo hecho de ser mujeres, como parte de la lógica de una sociedad patriarcal y una cultura machista y con segmentos misóginos. A la diversidad sexual históricamente se le ha excluido por parte de hombres y mujeres, por el imperio de un conservador, medieval pensamiento binario.

El desafío entonces, exige diseñar y realizar una estrategia para desterrar las causas de esa polarización. Esa estrategia se localiza en la esfera política. Surge un problema de grandes proporciones cuando vemos que en la esfera política la polarización se expresa como pan de cada día.

¿Cómo transitar en la ruta de la civilidad si los actores de la esfera política promueven la polarización? Dicen que hablando se entiende la gente. El diálogo para procesar acuerdos, es parte de la democracia. Solamente que esos acuerdos deben traducirse al lenguaje del bolsillo de los mexicanos. Una democracia que no suena en los bolsillos, es pura demagogia.

Frente a la pobreza, la desigualdad y el fariseísmo, las grietas en la edificación democrática son más que evidentes. No obstante, no debe “culparse” a la democracia de las desgracias de la nación. Son los actores políticos los que definen la democracia. Por eso, la democracia solamente puede ser del mismo tamaño que el de sus protagonistas. Decía el General Vallarta que “Estamos como estamos, porque somos como somos”.

En 1958, Emmanuel Carballo realizó una entrevista a don José Vasconcelos. En esa ocasión, el Apóstol de la Educación sostenía que “Un país para ser culto necesita ser rico. Gran parte de nuestra mediocridad espiritual es consecuencia de la pobreza de la nación. (Platón era rico). Donde hay miseria, no hay nada”. Algo parecido aplica a la cultura democrática. Las condiciones materiales en las que viven las personas son una precondición de la calidad democrática.

Para que las condiciones materiales de las personas mejoren de manera constante, es necesario que quienes se encargan de la administración pública cumplan con su naturaleza esencial. Para que los gobernantes logren cumplir con sus enormes responsabilidades, se deben sostener criterios de gobierno soportados por los acuerdos de largo aliento.

¿Cómo hacer políticas de largo aliento? La respuesta parece encontrarse en el diálogo, que es el recurso central para construir acuerdos. No obstante, cuando ese diálogo se interrumpe en el afán de destruir al interlocutor, los acuerdos se hacen prácticamente imposibles.

Se señala con dedo flamígero al Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador como el promotor del encono nacional. Los detractores ignoran, o hacen como que ignoran, que la “polarizada” esfera política, tiene dos polos. El encono ha sido cultivado afanosa y sentidamente, por los beneficiarios del odio de ayer y la furia de hoy.

Es verdad que Morena, el PT y el PVEM, se han aliado para ganar elecciones. Pero también se han aliado, con el mismo fin, los que antes eran “enemigos acérrimos”: el PAN, el PRI y el PRD. Solamente existe una tercera fuerza electoral que podría criticar a los citados “polos”. Se trata de MC, que teniendo como epicentro al estado de Jalisco, ha logrado mantenerse fuera de esos extremos, de esos dos polos. Sólo MC podría hablar de polarización, lo que puede contribuir a alimentarla.

El ciudadano común, ese que sufre las múltiples variaciones de la polarización, observa los desfiguros de tirios y troyanos y se ocupa de sus deberes. Las personas viven al margen de esa polarización.

El Presidente debe promover el diálogo y el consenso, eso es absolutamente incuestionable. Solamente que ese diálogo debe tener una condición democrática. El diálogo debe tener una agenda que responda a las necesidades de la población y no los miserables intereses de élites inescrupulosas. He ahí la cuestión: el diálogo debe abordar el análisis de problemas que afectan a la sociedad y para construir acuerdos que lleven a las políticas públicas de largo aliento.

He ahí el quid de la cuestión. Para la guerra y para la paz, se requiere voluntad de dos. El diálogo debe tener como origen y destino resolver los problemas que afectan la vida de las personas. El diálogo y los acuerdos no deben procesarse en la lógica del reparto del pastel. El reparto del pastel hasta hoy se ha mostrado con el reparto de posiciones de gobierno, a partir de cuotas concedidas a representantes de las siglas.

¿Cuántas veces no hemos sido testigos de la forma en que se reparten el pastel los representantes de diversas siglas? Esa lógica pandillera es la que hace a un lado los intereses de la sociedad. Quienes arriban a cargos por la vía de las concesiones, responden a quienes los colocan en esos espacios y no a los electores, y no a la sociedad entera a la que teóricamente se deben.

La polarización es indeseable. El diálogo abierto, que coloque por encima de intereses particulares los de las personas, puede ser la solución. La mayor parte de la sociedad desea soluciones, no grotescos choques de trenes. Los pleitos no le sirven a la gente, sino por el contrario, los costea.

LITORAL

ROSARIO ROBLES Y EL CASO IXTLÁN DEL RÍO. En 1999, en la víspera de las elecciones donde perdió el PRI la gubernatura de Nayarit, me encontré con mi querido profesor y amigo Carlos Ruiz Flores. Me dijo, entusiasmado: “¡Acero, tenemos que trabajar al doble para recuperar Ixtlán del Río!”. Mi respuesta fue sencilla: “Carlos, en Ixtlán del Río no se me ha perdido nada, no tengo nada que recuperar”. Finalmente, la Presidencia Municipal de Ixtlán del Río fue a parar a manos de José Antonio Ruiz Flores, hermano de Carlos. Algo similar aplica al caso de Rosario Robles, que ahora llama a un movimiento popular para reclamar su liberación. Los únicos que están relativamente obligados a responder a su llamado, son aquellos que se beneficiaron con su presencia en el gobierno. Aplican los versos de Niehmöller: “Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie  a quien  decir nada”. Se trata de aquél poema que equivocadamente algunos suponíamos que era de la autoría de Bertolt Brecht. De este son los versos siguientes: “LA GUERRA QUE VENDRÁ / no es la primera. Hubo / otras guerras. / Al final de la última / hubo vencedores y vencidos. / Entre los vencidos, el pueblo llano / pasaba hambre. Entre los vencedores / el pueblo llano también pasaba hambre”. El llamado de Rosario parece que no tendrá respuesta.

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