Opinión

El atracadero de las ilusiones

Por José Luis Olimón Nolasco

Noviembre 24, 2021 | 11-24 am

En el contexto de la celebración del Día Internacional de la Filosofía, tuvo lugar una presentación más del libro más reciente de la Doctora Lourdes C. Pacheco Ladrón de Guevara: “La Nayaritez o el atracadero de las ilusiones”.

Suscríbete

Y recibe diariamente la versión
impresa digital a tu correo

Se trata de un libro que, de alguna manera, recopila décadas de investigación y de peregrinar por la sierra y por las costas, por el sur y por la capital de nuestro estado. Pero, sobre todo, décadas de recoger ilusiones, proyectos tendientes a una vida distinta y mejor para las mayorías que se han desviado, que se han frustrado porque han sido traicionadas, desde dentro o desde fuera; porque fueron cooptadas y puestas al servicio de quienes detentan el poder, o bien. porque eran proyectos utópicos, irrealizables que solo podían volver al atracadero, habiendo pescado solo desilusión.

Y, sin embargo, no se trata de un libro academicista o que se cae de las manos, sino de un libro que —como lo señala el Doctor Horacio Cerutti Gulberg en su prólogo— atrapa y no permite a quien se encuentra de entrada con el poema “Mi México”, de Amado Nervo en el capítulo “Ilusión y Utopía” detenerse en la lectura hasta llegar al capítulo XVI “En este Nayarit Vivimos” y a las bellas palabras con que concluye “el atracadero de las ilusiones”: “Aquí habitamos los días de la vida que nos toca; en el Nayarit de los aromas de verduras, de zacate olor a anís, de viento dulce, de palabras de hermanas-amigas, de cerro de San Juan atravesado de plátanos, de pájaros encendidos cuando rompe el sol”.

Y, a pesar que el núcleo mismo de la “Nayaritez” —su esencia o ser dinámico-estructural, dicho en esas claves filosóficas que parece buscar nuestra autora en la plenitud de su vida intelectual y personal— que deriva del peregrinar “entre cerros verdes y el azul del cielo” [José Alfredo describió así a nuestro estado en su corrido del Caballo Blanco] puede expresarse como “atracadero de ilusiones”, el libro que nos ocupa, desde una distancia crítica de la historia y de los héroes oficiales, así como de los poderes políticos y económicos, en buena medida responsables de la desilusión y del atraco y desde una asunción de la problematicidad de temas muy nayaritas como la figura de Juan Escutia y la Isla de Mexcaltitán como cuna de la Mexicanidad, va pasando revista a quienes buscaron construir una “Nayaritez” distinta —movimientos y personajes— y esbozando una utopía social —entendida como rescate de fuerza movilizadora— en la que se insinúa quienes han de ser los principales “arquitectos de un destino propio” que haga realidad una “Nayaritez” alternativa, justa, igualitaria, inclusiva…

En un recorrido espacio-temporal, el libro de Lourdes, nos permite:

Acompañar al Indio Mariano “Máscara de Oro” en la sublevación indígena de inicios del siglo XIX cuyo propósito era volver a la tierra, a la vida comunitaria, a su padres y madres sagrados…

Acompañar a las maestras y maestros rurales en sus “Misiones Culturales” tendientes a erradicar el analfabetismo hasta en el último rincón del estado y que acabaron transformando el campo nayarita…

Acompañar al “Prieto Crispín” y sus esfuerzos por hacer “Topía” la Utopía de una sociedad en quienes trabajaran la tierra fueran quienes se quedaran con el fruto de su trabajo y en que los obreros fueran los dueños de los bienes que producían, unos esfuerzos que quedaran atracados con el asesinato de que fue objeto…

Acompañar a Alejandro Gascón Mercado “El último comunista” en la construcción de un liderazgo capaz de convertirlo en el primer Presidente Municipal socialista en el país, en los obstáculos que fue encontrando en el ejercicio cotidiano del poder y en el atraco de que fue objeto con el trueque de la gubernatura por una senaduría para el entonces presidente del partido que lo había postulado.

En la configuración de esta utopía de la Doctora Pacheco ocupan un lugar muy especial las mujeres. Así lo muestra el número de páginas dedicadas a ellas en el capítulo “Las mujeres entramos a la Revolución”, apenas comparables con las dedicadas al Prieto Crispín y al profesorado rural y el único capítulo que amplía el horizonte temporal y temático…

Ahí podemos contemplar a las mujeres que participan en el movimiento revolucionario y en La Cristiada, en una primera salida de lo privado a lo público y en la asunción de roles inéditos combinados con los tradicionales, mas también a las mujeres víctimas de las más diversas formas de violencia de parte de los distintos bandos en contienda.

Y, después de concluido el proceso revolucionario, su retorno a los roles hogareños sin derechos ciudadanos… Será hasta 1954 que las mujeres nayaritas podrán votar y ser votadas; hasta la década de los setenta que empezarán a acceder al poder y hasta fecha muy reciente que se reivindicará la igualdad de género en las candidaturas.

Sin embargo, la utopía de la Doctora Pacheco, las incluye a ellas [y a las comunidades de los pueblos originarios] como los sujetos colectivos llamados a asumir el rol principal en la construcción de una “Nayaritez” alternativa, igualitaria e incluyente…

Ojalá esa “Utopía”, un día no lejano, se torne “Topía”…

Más de Opinión


Síguenos

Visita nuestras redes sociales y mira las noticias mas actuales

Edición Impresa

Descarga nuestras versiones impresas en formato PDF

NayaritVallartaSocialesSeguridad

Newsletter

Suscríbete y recibe las noticias en tu correo

Meridiano.mx