Opinión

ANDAN DICIENDO: Playlist

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Los verdaderos piratas de la música no empezamos a vulnerar los intereses económicos de las disqueras y artistas con la aparición de Napster, o antes, con Audiogalaxy. ¿Recuerdan todo lo que significó bajar música gratis de estas plataformas?

Los verdaderos, pero verdaderos ladrones del copyright, bajábamos desde mucho antes la música de manera gratuita e ilegal. Claro, de la radio.

Llegaba la tarde y desempacabas tu recién comprado casete Sony HF 60. Los pudientes se compraban el de 90, pero con el primero ya la armabas para sesenta minutotes de un buen playlist.

Ponías Stereo Vida, la de antes, la que programaba música en inglés en ratos con Luis Alberto Cervantes en Los Años Dorados. Ahí conocí, de voz, a Marina Valenzuela y a Norma Yolanda Martínez, que tenían, a veces, como todos los locutores, el don de no callarse cuando empezaba la canción y entonces uno no podía iniciar con la grabación. Rezabas porque al presentar cada tema no hablaran más, pero ya saben, eso no pasaba. Y tocaba esperar de nuevo a ver a qué hora tu canción favorita llegaba para intentarlo otra vez. Adelantito en el cuadrante había música en español en La Buena Onda, mis amigas y las mamás de mis amigas se alucinaban con la voz de Eduardo Ruiz, mis amigos y los papás de mis amigos se alucinaban con la voz de Norma Elizabeth Fuentes, «tu locutora amiga», decía. Ahí también sonaba Marivelia Gallardo. Los locutores de entonces no tenían Facebook ni Instagram ni hacían Tik Toks, había que imaginarlos y ya. Rec y Play a la grabadora Lasonic y el botón de Pausa puesto, pero listo para quitarlo en cuanto fuera necesario para empezar tus «descargas». No gastabas datos, no tenías que hacer recargas, no necesitabas la contraseña de un WiFi que ni siquiera existía.

¿Casete? Se preguntaran algunos por aquí. Sí. Esa herramienta arcaica de armadura plástica que protegía en su interior el alma de nuestra música en forma de cinta. Efectivamente, almacenábamos nuestra música en cintas, rotulábamos con imaginación y paciencia nuestras portadas hechas a mano con títulos que iban del «Varios» o «Rock en español varios», hasta «Baladas en inglés» o el «Música para bailar», que nunca faltaba. Si había presupuesto te comprabas la maletita esa en donde podías transportar tus gigas y gigas de ritmos diversos a donde quisieras. Tu Spotify personalísimo hecho completamente para ti.

Los pudientes, tenían grabadoras de doble casetera con botoncito de High speed para grabar superrápido, y modulares Phillips con bocinotas y montones de palanquitas para ecualizar el sonido, presumíamos nuestro Walkman en la escuela aunque en México mayoritariamente le dijimos «audífonos». ¿Wakman? Mmmmmm... Una especie de iPod ochentero. ¿iPod? Como el smartphone de hoy, pues, en el que escuchas tu música en Deezer o YouTube y te aislas del mundo. Pero para llegar hasta acá, antes hubo que dejar el disco de acetato; el LP, y recibir al disco compacto, un MiniDisc que nunca terminó de cuajar comercialmente y creer que habíamos descubierto el paraíso con la aparición del MP3. Podías descargar álbumes completos. ¡Y era gratis! ¡¡Y le cabían como cien canciones a un disco!! Compramos entonces quemadores para duplicar nuestra música, algunos de gran velocidad, y seguimos rotulado nuestros tesoros musicales como hacíamos con los casetes, pero ahora en una computadora.

Hoy, andan diciendo que tenemos a nuestro alcance y en nuestro poder, más música de la que podemos escuchar. Jamás eso fue tan verdadero. Guardamos listas de reproducción «para oírlas luego, en una oportunidad», cosa que muchas veces no pasa. Pero vamos, tampoco es tan diferente a cuando ibas al Pasaje México, y antes, a los portales, a comprarte el nuevo y el anterior de «Las Águilas», el que traía la de «Nuevo chico en la ciudad», y regresabas también con unos tal «U Dos» que estaban empezando a sonar, o cuando mis primas iban a San Juan de Dios en Guadalajara y venían con la colección completa de casetes piratas de Pablito Ruiz, y unos que con letras grandotas decían NOW, que el vendedor les juró que era lo que sonaba en Europa y en Estados Unidos.

No sé qué formato venga mañana con la música, solo espero que tengamos la suficiente memoria en el disco duro de nuestra cabeza para poder almacenar tantas y tantas notas. Tantos y tantos recuerdos.

Aunque sean piratas.

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