
“De cierto os digo, que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él”
Marcos 10:15
Un acto de amor superior al de la adopción de un niño, creo que no existe o es difícil de imaginar. La adopción de un niño, o de una niña, es manifestación de amor puro, desinteresado, una luz que ilumina el mundo mismo. Adoptar no significa recibir, sino dar: la dimensión de lo que se da, no muestra la calidad del que recibe, sino del que da. En estos días, donde se habla de transformación hasta en los extremos más remotos, vale decir que adoptar a un niño transforma vidas, transforma la vida del adoptado y del que adopta. Adoptar transforma al mundo. Ese amoroso proceder ha sido promovido y apoyado decididamente por la presidenta del Sistema DIF Nayarit, la doctora Beatriz Estrada Martínez y por su esposo el Gobernador Miguel Ángel Navarro Quintero. Esa es una de las obras más trascendentales que brilla con luz propia.
Amar, adoptar. El amor es una potencia que transforma, es manifestación de rebeldía ante los lugares comunes y frente a una moral que es inmoral en repetidas ocasiones. El amor es libertad, pues permite el desarrollo pleno de unos y otros. El amor es locura y es solución última para todo aquello que agobia al mundo. En pocas palabras, retomando a André Breton, “La solución es el amor”. Lo dice Breton, de quien Marcel Duchamp decía: “no he conocido a ningún hombre que tuviera mayor capacidad de amor, mayor poder de amar la grandeza de la vida…” También de Duchamp, refiriéndose a Breton: “Era el amante del amor en un mundo que cree en la prostitución. Ese es su signo”.
Estas acciones tienen tras de sí toda una filosofía de vida. Es verdad que la adopción se sujeta a los dictados de la ley y de criterios de política pública claramente delineada. Esto significa que el gobierno estatal y su brazo más poderoso en el orden de la sensibilidad social, el DIF, realiza estas acciones con la finalidad de mejorar la vida de todos los nayaritas en nuestra entidad. La perspectiva social que gobierna las acciones del Gobernador Navarro Quintero permea a toda la estructura organizacional de la administración que preside. Por su parte, la doctora Beatriz Estrada Martínez ha definido un enfoque humano y cercano a las personas que requieren de mayor muestra de solidaridad.
En ese orden de ideas, la actividad que se despliega desde el DIF estatal, se manifiesta en la canalización de recursos destinados al apoyo de mujeres que poseen espíritu emprendedor. La presencia del DIF está en los desayunos escolares, en la entrega de aparatos ortopédicos, en las cirugías que de otra manera no pueden tener personas mayores, niños o niñas, adolescentes. Cabe señalar un “detalle” que aparentemente es prosaico. La mayor parte de las acciones del DIF se realizan con recursos propios que han sido captados por un modelo de contribuciones que ha dado viabilidad financiera a esas acciones del gobierno estatal.
Toda esta breve digresión tiene su razón de ser en la información relativa a los instrumentos de concientización que apoya el DIF en materia de adopciones. En este caso, en un reciente taller de Formación y Sensibilización Adoptiva, dirigido a personas que cargan con el corazón que les permite adoptar a un niño, a una niña, la doctora Beatriz ha pronunciado palabras que son trascendentes y altamente significativas del motor que mueve el noble acto de asumir responsabilidades como padre o madre. Son palabras que representan solamente una porción del universo filosófico que mueve ese acto de amor, la adopción.
La doctora Beatriz Estrada, en ese marco amorosamente institucional señala que “La adopción es una gestación que nace del corazón, y yo creo que todos y cada uno de ustedes que el día de hoy terminan este taller, precisamente estuvieron anidando en su corazón ese deseo, ese sueño de tener un hijo en sus brazos. Yo creo que Dios y la vida son quienes nos marcan las pautas a seguir. No podemos entregar a un niño, a una niña, a un adolescente, a cualquier persona que venga a solicitarlo. Tenemos que entregarlo a personas y familias plenamente consolidadas y, sobre todo, personas de las que estemos seguros, que comprueben y que tengan esa constancia en sus manos para poder decir que van a ser unos buenos padres”. ¿Cómo son aquellos que se precien de ser buenos padres?
La adopción es un compromiso de absoluta responsabilidad, de elevadísimo sentido humano, un acto puro y total de amor incondicional y profundo. Como celestialmente dice la Doctora Beatriz Estrada, adoptar es “Un acto que nace del corazón”. No cualquiera está dispuesto a mostrar el amor de una manera tan suprema, de tanta calidad humana. Cuando se adopta se aceptan compromisos, se acepta dar y compartir, se acepta el compromiso por el bienestar del otro, del adoptado. El que adopta adquiere el compromiso de la libertad, de la entrega de sangre, sudor y lágrimas, de ser necesario, para que otro conozca el mundo en su más hermoso esplendor.
Ese compromiso lo declara la doctora Beatriz Estrada para que suene con meridiana claridad la orientación amorosa del acto de adoptar. Es verdad, como lo dice, que no se entrega un niño, no se entrega a una niña o a un adolescente, tan solo porque a alguien se le ocurre vivir esa “experiencia”. No se trata de un acto de moda, no se trata de mostrar lo que no se es. De lo que se trata es de adoptar para completar al otro y al uno. Una adopción es una doble adopción: el que adopta, adopta a un hijo y, el hijo adoptado, adopta a sus padres, adopta a una familia.
Adoptar significa cuidar, asumir responsabilidades, mostrar y demostrar amor y eso requiere mutuo conocimiento y constante reconocimiento. Adoptar es construir espejos para que el adoptado pueda verse con dignidad en el espejo de sus padres adoptivos y para que los adoptantes se vean en el reflejo del adoptado. El adoptar es un acto paradójico de amor que hace de dos, uno mismo, sin dejar de ser dos. Uno, los adoptados, el otro, los que adoptan. Adoptar es dar, y un dar que no da con el fin de recibir; adoptar es de por sí una dicha gloriosa. Adoptar exige olvidar el verbo adoptar.
Adoptar es el compromiso de amar. El que adopta despliega un amor que es pura es la preocupación activa por la vida y por el crecimiento de aquellos que son los adoptados. El amor es aceptar lo que amorosamente se nos ofrece, que en este caso significa compartir vidas y destinos. Adoptar no es un acto que no es acto, no es pasividad, sino un compromiso activo que se profundiza con el tiempo y con el despliegue amoroso. El que adopta no es víctima de un arranque amoroso, sino de una convicción y una filosofía que se rige bajo las leyes del amor. Adoptar es un acto de amor puro, gentil, ingenuo, celestial.
Para un enorme número de personas, el amor consiste tan solo en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. Para quienes adoptan, el amor se ha elevado a una categoría superior, cercana a toda cosa celeste. En esa lógica, las acciones que lidera la Doctor Beatriz Estrada, son actos amorosos que transforman en vastedad, a quienes adoptan a los adoptados y a quienes somos testigos del milagro de un amor tan grande como el que aquí se elogia.



