El calendario no perdona: el regreso a las aulas es inminente y, tras semanas de juguetes, desvelos y libertad, volver a la rutina escolar puede convertirse en un choque de realidad tanto para los niños como para los padres. Para que el próximo lunes no inicie con llanto o prisas, los especialistas sugieren aprovechar los días restantes de la semana para hacer un “aterrizaje suave”.
Hannia Orozco, pedagoga, propone convertir la preparación en un ritual compartido para reducir la ansiedad. En lugar de que los padres hagan todo, la clave está en delegar: “Involucrarlos en organizar su mochila, revisar que los uniformes estén listos, qué llevan dentro, quizás darle una lavada a la mochila para que ellos sientan también este nuevo inicio”, explica la experta.
Para los más pequeños, esto puede acompañarse de actividades como colorear o leer cuentos; para los adolescentes, la estrategia requiere diálogo y negociación, especialmente con el uso del celular y los horarios nocturnos.
El enemigo número uno del lunes será el despertador. Por ello, la recomendación es no esperar hasta el domingo para intentar dormir temprano. Lo ideal es ajustar el horario de forma gradual desde hoy: limitar las pantallas antes de acostarse y adelantar la hora de despertar unos 15 minutos por día. Esto permite que el cuerpo se habitúe nuevamente a la mañana sin sufrir el cambio brusco.
Finalmente, la actitud cuenta. Orozco sugiere cambiar el discurso de “se acabaron las vacaciones” por uno de reencuentro. “A los adolescentes nos motiva volver a ver a nuestros amigos… preguntarles qué les emociona del regreso para que vayan mentalizándose de que no todo es malo”, señala.
Una vez iniciadas las clases, el éxito dependerá de la disciplina en casa: llegar, comer, cambiarse y hacer deberes de inmediato, para dejar el resto de la tarde libre para el juego y el descanso.



