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viernes, enero 9, 2026
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Héctor Acero, constructor social; el idealismo y naturaleza política

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“Nunca perseguí la gloria / Ni dejar en la memoria / De los hombres, mi canción”

Antonio Machado

Como un gran constructor social podría describir a Héctor Acero, que hizo aportaciones relevantes en la esfera pública. Fue parte distinguida en el movimiento social que fundó al Instituto Tecnológico de Tepic. Fue un activo sindicalista. Sentó las bases de la Federación de Estudiantes de la UAN (FEUAN), organización que llegaron a presidir figuras como Felipe Sánchez, José Luis Rábago, Cornelio Mariscal, Tomás Pérez Ruiz y Julio Mondragón, a quienes quiso como a hermanos. Esa organización contribuyó decisivamente a estabilizar la vida institucional de ese centro de estudios. Estaba hecho de naturaleza política pura. Para él, un amoroso abrazo fundido.

Supo hacer amigos, aliados, socios, de todo. Procuró la unidad en todas las esferas. Supo reconocer la diversidad de ideas, procedencias y procederes. Una amistad gloriosa basada en el respeto, el reconocimiento y la admiración, lo unió para siempre con Juan Ibarra Guillén. Otros nombres hacen una larga lista que requieren menciones aparte.

Participó en la fundación del Tecnológico de Tepic. Fue activista comprometido de la Jornada Estudiantil Campesina (JoEsCa) y de la Escuela Secundaria del Estudiante Técnico (ESET). Promovió la creación de la Federación de Estudiantes Técnicos del Estado de Nayarit (FETEN, en sus dos épocas). Fue pieza clave para la conformación de la Federación de Estudiantes de la Universidad Autónoma de Nayarit (FEUAN). Participó apasionadamente en lides sindicales en el sindicato de trabajadores del IMSS y en la Universidad Autónoma de Nayarit. Creó el primer portal de noticias (rednayarit.com) en el estado. Todo ello ha tenido un impacto relevante en la vida del estado, de una manera u otra.

Fue un gran constructor social. Jamás buscó vivir de huesos robados o “heredados”. Hizo su propia historia. No persiguió la gloria, sino extasiarse con los resultados de su trabajo. “Cuando te vas, nada te llevas al otro lado”, solía decirme mi padre. Y remataba diciendo entre risas: “Si algo te llevas de muy poco te puede servir. Si te llevas un ladrillo, no te servirá ni de almohada”. Un hilo de incienso para la memoria de mi amadísimo padre.

Actuando siempre con humildad, sin hacer aspavientos y, sobre todo, aportando esfuerzo político, participó en diferentes esferas de la vida pública. Su principal foco de interés fueron las organizaciones estudiantiles. Esa es la razón por la que buscó obtener apoyo de otras organizaciones fuera del estado, como la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG) y de la Confederación de Jóvenes Mexicanos (CJM). De ahí su relación con Raúl Padilla López, ex presidente de ambas organizaciones, FEG y CJM. De ahí también su relación con figuras como José Ángel Cerón, José Ramón Navarro o Liberato Montenegro, entre otras.

De forma marginal se relacionó con organizaciones juveniles dependientes de siglas como el PRI y el PCM. Ni unos ni otros lo convencieron. De alguna manera se guio en este sentido, por las ideas de Mario Benedetti: Ni con la derecha diestra, ni con la izquierda siniestra. No obstante, siempre se mostró más cercano a la izquierda seria, respetuosa, democrática y libertaria.

Se movilizó en tiempos más complicados, en la era de la guerra fría, con los movimientos en favor del pueblo palestino. Se vinculó con expresiones relacionadas con el ex presidente chileno Salvador Allende. Rindió tributo a los movimientos estudiantiles del ’68 y del ’71 donde fueron asesinados estudiantes y jóvenes idealistas.

Debió lidiar con todo tipo de personas; porros, aduladores, líderes sindicales, diputados, senadores y faunística de toda laya. No le costó tanto trabajo a Héctor, pues la paciencia que mostraba se convertía en sentido del humor, en ironía o sarcasmo. Así lidiaba Héctor con las personas con quien debía establecer contacto para obtener resultados. De esa escuela fue mi hermano, de la escuela de los resultados, no de los pretextos o de las explicaciones.

Los temas de conversación se relacionaban con su trabajo como asesor de figuras políticas. En numerosas ocasiones tomaba notas para elaborar un discurso o una iniciativa. En otras ocasiones procesábamos las tareas de manera diferente. Me pedía unas cuartillas para un discurso que debía entregar a uno de sus asesorados y se lo entregaba en físico. Días o semanas después me entregaba un ejemplar del discurso que le había entregado y se notaba en las páginas, que le había metido mano por iniciativa propia o por solicitud de su asesorado. Me entregaba el ejemplar, pero ya no hablábamos del tema, como diciendo, “Así quedó y este tema ya no debe ser motivo de plática”. El discurso aquel era tirado al olvido por ambos. Jamás retomamos un tema de ese pasado.

En los movimientos estudiantiles casi no actuamos en apoyo mutuo por una razón sencilla: las edades. Él iba muy adelante en los grados de estudio. En el Tecnológico actuamos juntos poco tiempo para fortalecer el Frente Estudiantil Cardenista (FEC). Luego, lo apoyé en la creación de la FETEN (Primera Época). Él fue quien redactó los documentos básicos de la FETEN en su segunda época. Ya en la UAN, sembró la idea de crear una organización estudiantil fuerte que acabara con la dispersión y la confrontación artificial que promovían autoridades rectorales para controlar a los estudiantes.

Fue en la FEUAN donde más actuó con fines políticos. Desde ahí convencimos al querido amigo Tomás Pérez Ruiz, para que la Federación de la que fue Presidente, apoyase la candidatura de Javier Castellón a la dirección de la Escuela Superior de Economía. Más tarde se involucraría en movimientos políticos para reforzar la candidatura de este a la rectoría de la universidad. Esas historias se repitieron en varias ocasiones.

La naturaleza política de Héctor Acero y sus características personales, lo llevaron a convertirse en un operador político eficiente. Siempre atento, respetuoso y, sobre todo, apasionadamente desinteresado. No buscó candidaturas de ninguna combinación de siglas. Jamás se acercó a una “buena sombra” para hacer dinero. Nunca buscó el enriquecimiento sino dar, aportar, construir. No se le pagó y tampoco buscó retribución alguna por su trabajo político. Por su sólida madera política, Héctor Acero fue un apasionado de la construcción social. Cuando se reunía con otros constructores de la historia de Nayarit, lo hacía solamente para alegrarse con las obras forjadas. La lista de esos constructores es enorme y sus nombres empiezan a verse plasmados en tinta.

Muchos son los secretos a los que tuvo acceso en su paso por la esfera social y política. Muchos otros secretos propios, los compartió conmigo para guiar la toma de decisiones. Estoy convencido de que muchos de esos secretos se los lleva a una eternidad que siempre será una mejor vida, bien ganada. Sé que Héctor se lleva muchos de esos secretos porque yo tengo los míos.

Fue un querido hermano con quien compartí momentos inolvidables. Una y otra vez nuestras ideas chocaron, pero sin permitir que chocaran nuestros corazones. Durante años nos encontramos en diferentes lugares para conversar y hacer anotaciones. Quedamos en el acuerdo de que esas anotaciones servirían para elaborar un mapa de la geografía de sus puntos de vista y de sus acciones. Me pidió que hiciera esa tarea. La empecé a hacer. Esa es la razón por la que desde hace años empecé a llenar páginas de esas pláticas, aunque considerando que apenas he llenado unas 130 cuartillas a partir de poco más de veinte páginas escritas a mano, de más de 200. Hay mucho trabajo por hacer. Me daré tiempo para eso. A su tiempo, creo que debo publicar esas memorias.

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