Con la llegada de la temporada de estiaje, la capital nayarita ha comenzado a arder de manera sistemática. La estadística de emergencias registra un repunte drástico, obligando a los cuerpos de rescate a intervenir en un promedio de entre siete y ocho siniestros cada 24 horas. La cifra, aunque alarmante por sí misma, esconde un trasfondo más preocupante: la gran mayoría de estos fuegos no son accidentales ni producto del calor natural, sino que son iniciados deliberadamente por la mano del hombre.
Los focos rojos se concentran en zonas habitacionales de alta densidad como La Cantera y los márgenes del Parque Lineal, además de múltiples lotes baldíos que rodean la capital. Al respecto, Edgar Enrique Rodríguez, director operativo de Bomberos de Nayarit, reconoció que las guardias se han vuelto extenuantes, pues las brigadas deben desplegarse “mañana, tarde y noche” para sofocar las llamas que consumen pastizales y amenazan con brincar a las viviendas. Aunque la intensidad varía día con día, la constante es que no hay jornada blanca; el fuego está presente a diario.
Sin embargo, la mayor inquietud de las autoridades se centra en los pulmones naturales de la ciudad, específicamente en el emblemático Cerro de San Juan. Ante el historial de tragedias ambientales de años anteriores, se lanzó una advertencia vital para los deportistas y familias que suben a ejercitarse: la prioridad es la supervivencia. La instrucción es que, al primer avistamiento de humo o fuego en las laderas, los senderistas deben suspender su actividad y bajar de inmediato a una zona segura, dejando el combate del siniestro a los profesionales antes de que un cambio de viento ponga en riesgo sus vidas.



