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Desnudan crisis 4 mil 474 diagnósticos de depresión

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Una lucha que ocurre en Nayarit a puerta cerrada, en la intimidad de las conciencias, y que al cierre de 2025 arrojó un saldo estadístico que ha encendido las alertas del Sector Salud: 4 mil 474 personas fueron diagnosticadas clínicamente con depresión. Este dato, liberado por la Secretaría de Salud federal en el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, es la evidencia tangible de una erosión en el tejido emocional del estado que demanda una lectura profunda, urgente y despojada de estigmas.

Al desmenuzar estos diagnósticos, se observa un patrón que refleja tanto la vulnerabilidad biológica como la carga sociocultural de la enfermedad: la depresión en Nayarit tiene rostro de mujer. De los casi 4 mil 500 casos confirmados, el 65.1 por ciento corresponde a pacientes del sexo femenino. Esta proporción, que equivale a casi tres mil mujeres nayaritas buscando ayuda en un solo año, cuenta una historia de doble filo. Por un lado, evidencia que las mujeres, a menudo sometidas a dobles jornadas laborales, violencia sistémica y presiones de cuidado familiar, son quienes más resienten el desgaste emocional. Por otro, sugiere que ellas poseen una mayor capacidad de resiliencia para reconocer su dolor y acudir a un consultorio, rompiendo el silencio que, en el caso de los hombres, suele muy complicado y socialmente no bien visto.

El 34.9 por ciento restante, correspondiente a los varones diagnosticados, es una cifra que los especialistas piden leer con cautela extrema. En la cultura local, donde la masculinidad hegemónica penaliza la tristeza y la asocia con debilidad, es muy probable que este número represente un subregistro. Mientras que las salas de espera de psicología y psiquiatría reciben a más mujeres, las estadísticas forenses de suicidio suelen estar dominadas por hombres que nunca llegaron a ser diagnosticados. Así, los mil 562 casos masculinos registrados en 2025 podrían ser la punta de un iceberg de sufrimiento no verbalizado, a menudo enmascarado en el consumo de alcohol o sustancias, problemas que en la región occidente del país funcionan como mecanismos de fuga ante el dolor psíquico.

Para dimensionar la gravedad de lo que ocurre en Nayarit, es necesario levantar la vista hacia el horizonte nacional. Si bien en términos absolutos el estado no compite con los volúmenes de la Ciudad de México, Jalisco o el Estado de México, donde la densidad demográfica dispara los contadores a decenas de miles, la realidad cambia drásticamente cuando se ajusta la lente a la tasa por habitante. Nayarit se ha posicionado consistentemente en los últimos años dentro de los primeros lugares nacionales en incidencia de depresión por cada 100 mil habitantes, superando a entidades con mayor infraestructura y desarrollo económico. Esto coloca al estado como un “foco rojo” en el mapa de la salud mental de México, sugiriendo que existen determinantes locales, quizás la incertidumbre económica estacional, la dispersión de comunidades rurales o factores psicosociales específicos, que están actuando como caldos de cultivo para los trastornos del ánimo.

La cifra de 4 mil 474 casos representa, además, un desafío logístico y financiero para el sistema de salud estatal. Cada diagnóstico requiere consulta inicial y seguimiento terapéutico sostenido y, en muchos casos, de tratamiento farmacológico. La pregunta que queda flotando en el aire es si la infraestructura actual tiene la capacidad para absorber y tratar eficazmente a esta creciente población, o si estos diagnósticos se convertirán en expedientes archivados sin resolución. Estrategias locales como Elige Vivir intentan cerrar esta brecha llevando la atención fuera de los hospitales y hacia las comunidades, pero la magnitud de la demanda crece a un ritmo que exige redoblar esfuerzos y presupuestos.

El cierre de 2025 nos advierte que la salud mental ya no puede ser un tema periférico en la agenda pública de Nayarit. La depresión ha dejado de ser una “enfermedad de la tristeza” para revelarse como la principal causa de discapacidad, un freno de mano para la productividad y, sobre todo, una ladrona de calidad de vida. Detrás de ese número frío, hay madres, padres, hijos y trabajadores que intentan funcionar en un mundo que les exige estar bien, mientras libran una guerra interna. Reconocer la dimensión del problema es el primer paso, pero la verdadera victoria será construir una sociedad donde pedir ayuda no sea un acto de valentía desesperada, sino un derecho accesible y cotidiano para cualquier nayarita.

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