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jueves, enero 29, 2026
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Sacrifican al maquinista

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Para blindar su proyecto estrella, el Estado sacrificó al maquinista. La Fiscalía cerró la investigación atribuyendo el accidente del Tren Interoceánico exclusivamente al exceso de velocidad, eximiendo a la infraestructura y a la gestión militar de toda culpa, pese a la falta de licencias y la ausencia crítica de sistemas de frenado automático

Ellos, siempre, tienen otros datos. El guion oficial llegó con la misma velocidad con la que, dicen los peritajes, el tren tomó la curva fatal. Un mes después de que el Tren Interoceánico se saliera de las vías en Oaxaca dejando 14 muertos, el Estado mexicano ya tiene a su villano. Siempre tan eficientes para encontrar culpables convenientes. No fue la infraestructura, ni la señalización, ni la prisa política. Fue un hombre. Un hombre solitario. Un Aburto 2.0.

La Fiscalía General de la República, bajo el mando de Ernestina Godoy, cerró la pinza. Felipe de Jesús Díaz Gómez, el maquinista, fue detenido en Palenque acusado de homicidio culposo. La tesis del gobierno es de una simplicidad sospechosa: exceso de velocidad.

Según la versión presentada ante la prensa, la “caja negra” delatando al operador es la prueba reina. En un tramo donde la física y el reglamento exigían 50 kilómetros por hora, 45 si es carga, el tren iba a 65. Esos 15 kilómetros de diferencia son ahora la frontera entre un desastre sistémico y un error humano; la distinción vital para una administración que ha apostado todo, absolutamente todo su capital político, al renacimiento ferroviario.

El informe de la FGR es duro en lo técnico, pero inquietante en sus silencios. La voz de Ernestina Godoy: “No se encontraron fallas en los componentes de la superestructura ni subestructura ferroviaria”. Rieles, durmientes y balastos estaban, juran, en condiciones óptimas. El tren funcionaba a la perfección. Inmaculado.

Esta “verdad histórica” versión 2026 limpia la cara al Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec (CIIT). Al cargar la culpa en la muñeca del maquinista que no frenó, se blinda la ingeniería del proyecto y la gestión de la Marina.

Ah, pero como siempre, el diablo asoma en los detalles. Junto a la acusación de velocidad surgió un dato que debió escandalizar y no sólo cerrar el expediente: ni el maquinista ni el conductor tenían licencia vigente.

Ahí está el nudo. Si el operador no tenía papeles, ¿quién le dio las llaves de un tren de pasajeros en una ruta prioritaria? La culpa del maquinista evidencia una falla mayor en los controles. Culpar al chofer por manejar mal es una cosa; permitir que un chofer sin credenciales maneje es negligencia administrativa de alto nivel.

La prisa por señalar el error humano es un clásico en las tragedias del transporte nacional. Sirve para localizar el fallo en un individuo y evitar que la mancha salpique la obra pública. En un año donde urge vender el Corredor frente al Canal de Panamá, admitir fallas en la vía o en los sistemas de frenado automático espantaría a los inversores.

Porque los que saben de trenes advierten algo básico: en los sistemas modernos, el exceso de velocidad no debería ser fatal. Existen tecnologías, como el CBTC, diseñadas para anular el error humano. Si el tren aceleró de más en una curva peligrosa sin que una computadora interviniera, la pregunta no es por qué el maquinista no frenó, sino por qué la máquina se lo permitió.

Felipe de Jesús Díaz ya duerme en una celda, cargando 14 muertos y la presión de un proyecto nacional. La Fiscalía promete ir contra quienes le permitieron operar sin licencia, pero la historia judicial de México se rige por artículo primero de la ley de hilados y tejidos: el hilo se rompe por lo más delgado.

El Tren Interoceánico sigue su marcha, perfecto según los peritos, mientras el maquinista se queda como el rostro único de la tragedia. En la lógica del Estado, para que el tren avance, alguien se tiene que quedar atrás.

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