
¡Híjole, chato! Mire usted que uno aquí se pone a pensar, porque pensando es como uno reflexiona y reflexionando es como uno llega a la conclusión de que las cosas son como son, o a veces no son, pero de que están pasando, ¡vaya que sí están pasando!. Y es que fíjese usted, que no es por nada, pero como bien dice el colega David Aponte en su columna, aquí el asunto es que la cosa se está poniendo… pues ahora sí que quirúrgica, usted me entiende.
Resulta y resalta que nuestra señora presidenta, la doctora Claudia Sheinbaum, ha agarrado las tijeras de podar, pero no de esas que venden en la tlapalería de la esquina, ¡no, señor!. Ha agarrado unas de precisión para empezar a segar lo que viene siendo la mala hierba, ese pasto que ya olía a descomposición y que era la pura herencia del sexenio pasado, porque heredar es bonito cuando son centavos, pero heredar problemas ajenos, ¡ahí sí que no!.
Dice el columnista Aponte, y yo coincido porque la lógica no miente, y si miente es porque no es lógica, que este corte ha sido limpio, sin hacer mucha alharaca, para no despertar al avispero de los clanes que andan por ahí en la “nomenklatura” de Morena. Porque mire usted, entrar al Segundo Piso de la Transformación, como le dicen allá en el Palacio, no es nomás subir las escaleras; es limpiar los escalones para no resbalarse con las cáscaras de plátano que dejaron las “corcholatas”.
Y es que fíjese el detalle, porque ahí está el detalle: el plan original de su antecesor era como un rompecabezas donde todas las piezas tenían que encajar a fuerza, pero la Presidenta dijo: “Momentito, que aquí la que manda es la que tiene el mando”, y ha empezado a dislocar esa estructura que integraban don Marcelo, don Adán Augusto, el ñero Noroña y el siempre presente Ricardo Monreal. El objetivo es triple, chato, como las carambolas: cortar lo que estorba, no pagar facturas de personajes incómodos y desarmar el plan que le dictaron aquella noche en el restaurante El Mayor, o como se llame.
¿Y a quiénes les han pasado la tijera? ¡Pues tome nota, que la lista está más larga que la cuaresma!.
Primero tenemos a don Pablo Gómez, que dejó la Unidad de Inteligencia Financiera, esa que usaban para andar acosando a medio mundo. Dicen que fracasó en su encomienda de la Reforma Electoral por andar con actitudes autoritarias, y pues ahora sí que dejó de ser el interlocutor con la señora Taddei en el INE y con todos los demás. O sea, que lo mandaron a la banca por andar de exclusivista.
Luego está el caso de don José Antonio Romero Tellaeche, al que ya le dieron las gracias en el CIDE. ¡Qué cosas, chato! Entre que lo acusan de plagio y de maltratar a los maestros, el hombre todavía anda litigando en tribunales porque no quiere soltar la silla que él mismo dejó toda estropeada. ¡Si ya le dijeron que no, es que no!.
¿Y qué me dice de don Alejandro Gertz Manero?. El hombre que usaba la Fiscalía para sus venganzas personales y familiares contra el señor Scherer Ibarra y contra cuanto científico o periodista se le pusiera enfrente. Pues ya le dijeron: “Haga sus maletas, que allá en el Reino Unido hay una embajada esperándolo”, porque ya sabe usted que las embajadas son el reducto de los políticos en desgracia. ¡Buen viaje y que allá le den su té con galletitas!.
Pero el mitote no para ahí. El joven Andy López Beltrán, que es secretario de Organización de Morena por pura obra y gracia del apellido, pues ya quedó mal parado. Entre derrotas electorales y sus andanzas por Tokio comprando en tiendas de lujo como Prada y cenando caro mientras aquí hablamos de austeridad, pues como que la prosapia política no le alcanza para tapar el desprestigio. Anda queriendo ser diputado o hasta presidente en el 2030, pero pues con esos antecedentes, ¡ni que fuera uno de palo!
Y llegamos al mero mero del enredo: don Adán Augusto López Hernández. ¡Caray, chato, ése sí que fue un manotazo! Lo quitaron de la coordinación en el Senado y del manejo de los millones de la Jucopo. Y no fue por gusto, ¡qué va! Dicen las malas lenguas, y las columnas de don Héctor de Mauleón y de Loret de Mola, que en Estados Unidos ya le traen la lupa puesta. Que si su red de corrupción en Pemex, que si sus ligas con el grupo criminal La Barredora allá en Tabasco… ¡hasta a la esposa le quieren congelar las cuentas!.
El gobierno de don Trump hasta amenazó con pedir la extradición de su exsecretario de seguridad, don Hernán Bermúdez Requena. Y aunque don Adán Augusto ande de altanero diciendo que él “informó a quien tenía que informar”, la verdad es que Palacio Nacional ya le aplicó el desdén. ¿Le servirá el fuero para esquivar a los investigadores de Washington? ¡Ahí está la pregunta que ni el más pintado contesta!.
La verdad es que a la Presidenta le ha tomado casi 16 meses andar desbrozando este jardín. De aquella noche de las corcholatas, ¿quiénes quedan vivos? Don Noroña ya no tiene la mesa directiva del Senado y anda entre repudios y gastos sin comprobar. Don Monreal sigue ahí, pero con la renuncia en la mano, como quien dice: “Si me voy, no me fui”.
El único que parece que sí sacó diez en conducta es don Marcelo Ebrard. El hombre está ahí, firme en Economía, trayendo inversiones y hablando con los gringos por el T-MEC. Ésa es la única corcholata que no ha dado sobresaltos y que rinde cuentas claras, porque cuentas claras amistades largas, y si no son largas, pues de perdida que sean claras.
Así que la limpia debe seguir, chato, por el bien de la mandataria y por el bien de todos nosotros los mexicanos, para que en el 2027 no nos salgan con que el jardín está lleno de espinas. Hay que acabar con esas redes de complicidad y con los hilos que amarran a la política con los muchachos de las mañas, como ese alcalde de Tequila que ya agarraron.
En fin, que la siega, no la ciega, debe continuar porque, como dice don David Aponte, nos vemos Al filo de los Días. ¡Y que tengan un excelente semana, pero sin mala hierba en el jardín!
Ahí está el detalle.
Sería todo por hoy, ¿o no sería? ¡Vaya usted a saber!



